
Recuperar un mundo que ha perdido su vida requiere algo más que recursos y buenas intenciones. También hace falta tiempo para observar cómo responde el entorno y encontrar la manera de devolverle poco a poco el equilibrio. Esa es la idea sobre la que se construye BioEden, el nuevo título desarrollado por Broken Arms Games y publicado por Focus Entertainment.
Su propuesta nos lleva a ocuparnos de un entorno que necesita ser recuperado, combinando la construcción y la gestión de recursos con la recuperación de diferentes especies animales. Todo ello se desarrolla con un ritmo tranquilo y una estética colorida que encajan con su enfoque cozy, buscando que el jugador pueda disfrutar del proceso sin prisas y contemplar cómo el escenario va cambiando a medida que avanzamos.

El punto de partida de BioEden nos pone en la piel de un Keeper, un especialista enviado por el Colectivo Cósmico hasta un planeta que prácticamente ha quedado reducido a un mundo sin vida. Su cometido está claro desde el principio: recuperar los ecosistemas que han desaparecido y conseguir que las especies que un día habitaron el planeta vuelvan a formar parte de él.
A medida que avanzamos en esta tarea iremos encontrando pistas sobre el pasado del planeta y, especialmente, sobre la llamada Gran Debacle, el misterioso acontecimiento que provocó su devastación. La recuperación del entorno sirve, así como hilo conductor para ir conociendo qué sucedió y cuáles fueron las circunstancias que llevaron al mundo hasta ese estado.
La historia no pretende situarse por encima de la gestión ni convertirse en el principal atractivo de la aventura, pero sí cumple una función importante a la hora de dar sentido a lo que hacemos. Cada ecosistema que recuperamos y cada especie que vuelve a poblar el planeta forman parte de una tarea mayor: comprender qué ocurrió, recuperar lo que se perdió y evitar que los errores del pasado vuelvan a repetirse.


Antes de comenzar una partida tendremos que escoger un líder de gremio con el que afrontar el proceso de restauración. Hay cinco disponibles y cada uno plantea una forma ligeramente diferente de enfrentarse al reto, ya que parten de ventajas distintas y ponen el foco en diferentes aspectos de la recuperación del planeta. Además, contaremos con una breve partida tutorial que sirve para familiarizarnos con los controles, entender el funcionamiento de la tecnología futurista que tenemos a nuestra disposición y aprender qué necesitamos para empezar a progresar.
A partir de ahí tendremos que empezar a levantar nuestra infraestructura y conseguir los materiales necesarios para seguir avanzando. Recolectar recursos, construir estructuras, administrar agua y energía, investigar tecnologías y limpiar las zonas contaminadas serán algunas de nuestras tareas principales, aunque buena parte del atractivo está en decidir qué hacer primero y cómo aprovechar lo que tenemos disponible.
Los recursos son necesarios prácticamente para todo. Construir una estructura, poner en marcha determinados sistemas, limpiar una zona o recuperar especies animales requiere materiales concretos, aunque no siempre serán los mismos. Por eso tendremos que establecer prioridades y crear poco a poco una red de producción que nos permita obtener y redistribuir aquello que necesitamos. Algunas estructuras estarán destinadas a recolectar recursos, otras a procesarlos o transportarlos y otras tendrán funciones relacionadas con la investigación o la recuperación del entorno.
Para ayudarnos en estas tareas contamos con los orbes, unos robots que se encargan de ejecutar buena parte de las acciones relacionadas con nuestra infraestructura. Pueden crear diferentes tecnologías, recoger materiales y redistribuir los recursos por las instalaciones. El problema es que su número es limitado y, cuando todos están ocupados, tendremos que esperar a que terminen su tarea antes de poder asignarles otra.
La elección del gremio influye precisamente en este comienzo. El gremio de Tecnología, por ejemplo, dispone de dos orbes adicionales desde el inicio, una ventaja especialmente útil y que facilita bastante los primeros pasos. Mística y Exploración cuentan con hasta dos ventajas iniciales, mientras que Restauración solamente dispone de una y, además, se trata de una bonificación que afecta únicamente al comienzo de la partida. Por sus condiciones, este último puede considerarse prácticamente la opción de mayor dificultad. Aunque cada gremio tiene una filosofía diferente sobre qué considera más importante durante la restauración, los objetivos fundamentales no cambian: tendremos que conseguir recursos, eliminar la contaminación, recuperar la fauna y expandirnos sin provocar un impacto que termine comprometiendo el planeta.

La recuperación de las especies animales constituye otra de las piezas fundamentales de la gestión. Mediante el análisis de ADN podremos recuperar animales que desaparecieron hace mucho tiempo, pero no bastará con introducirlos directamente en nuestro domo. Cada especie necesita unas condiciones concretas de plantas, temperatura, humedad y alimentación para poder vivir y reproducirse correctamente. Esto nos obliga a preparar previamente cada entorno y a tener en cuenta las necesidades de la fauna antes de ampliar nuestra colección de especies.
Los biomas determinan buena parte de estas condiciones. En total existen seis tipos —tundra, bosque, desierto, pradera, sabana y selva—, aunque en cada partida aparecerán tres de ellos. Comenzaremos con un único domo y podremos llegar a disponer de tres a medida que descubramos nuevas zonas. Cada domo tendrá inicialmente las características propias del bioma en el que se encuentre, especialmente en cuanto a temperatura y humedad, aunque posteriormente podremos modificarlas si avanzamos lo suficiente en el Árbol de la Ciencia de Biomas.
Cada bioma cuenta con su propio árbol tecnológico, compuesto por hasta ocho o nueve niveles. Para desbloquearlos primero tendremos que descubrir el bioma correspondiente y conseguir puntos mediante nuestras estructuras de investigación. Existen tres tipos de investigación: básica, tecnología y biotecnología. Los puntos de investigación básica son más accesibles, mientras que para obtener los otros dos tendremos que localizar determinadas estructuras en el planeta.
La investigación está directamente relacionada con las misiones que iremos recibiendo durante la partida. Los objetivos nos sirven para marcar nuestro avance y, sobre todo, para desbloquear elementos fundamentales. Algunas misiones son obligatorias para conseguir nuevos domos, tecnologías de limpieza y otras ventajas necesarias para continuar con la restauración. Las tareas que recibamos dependen del gremio escogido y de las decisiones que tomemos en determinados momentos de recompensa, donde las opciones pueden variar entre partidas.
A todo esto hay que añadir uno de los elementos que mejor define el funcionamiento de BioEden: todo lo que construimos tiene un impacto sobre el planeta. La infraestructura que necesitamos para producir recursos y ampliar nuestro asentamiento también genera contaminación, por lo que crecer sin control puede acabar perjudicándonos. El nivel de impacto aparece reflejado tanto en la información del planeta como en un indicador situado en la parte superior de la pantalla. En un extremo encontramos la zona verde, representada mediante unas hojas, mientras que en el contrario aparece la zona negra con una calavera. Cuanto más se desplaza el indicador hacia esta última, peor será nuestra situación.
Si nuestro impacto aumenta demasiado entraremos en diferentes niveles de crisis. Cuando alcanzamos uno de ellos, el Colectivo Cósmico reaccionará ante nuestra gestión y aplicará determinadas sanciones mientras permanezcamos en esa situación. Una de ellas, por ejemplo, aumenta un 10 % el coste de las estructuras. Estas penalizaciones, eso sí, son reversibles: al eliminar contaminación y reducir nuestro impacto podremos regresar a una situación más favorable. De hecho, una vez estabilizado el entorno podremos volver a expandirnos con mayor libertad y cubrir progresivamente toda la superficie disponible.
Por eso los primeros compases son necesariamente más lentos. Tenemos pocos recursos, menos orbes y un margen reducido para cometer errores, mientras que cada nueva construcción aumenta nuestro impacto. A medida que conseguimos estabilizar el planeta y ampliar nuestra infraestructura, el ritmo puede acelerarse considerablemente. El juego permite además pausar o acelerar el paso del tiempo, algo especialmente útil cuando estamos esperando a que finalice una investigación, crezca determinada vegetación, se acumulen recursos o terminen de trabajar nuestros robots. Podemos avanzar a velocidades superiores cuando simplemente queremos esperar a que algo suceda, sin necesidad de permanecer durante minutos viendo cómo pasa el tiempo.
Todo este proceso se desarrolla sin condiciones de derrota tradicionales. Podemos cometer errores, reorganizar nuestra infraestructura y recuperar parte de los recursos al reciclar las estructuras que ya no necesitemos. La filosofía general invita, por tanto, a experimentar y aprender durante la propia partida, aunque los posibles bloqueos derivados de determinadas misiones, investigaciones o situaciones aleatorias pueden hacer que en ocasiones una partida resulte difícil de reconducir.
Tampoco existe un límite de tiempo que nos obligue a completar la restauración en un número determinado de años. El calendario se mide mediante soles y años, pero podemos tomarnos todo el tiempo que queramos. Podemos centrarnos únicamente en las misiones y objetivos principales o intentar completar absolutamente todo antes de dar la partida por terminada. Esta libertad encaja bien con el carácter relajado de la propuesta y permite que cada jugador decida hasta dónde quiere llevar la restauración.
Las partidas pueden durar entre quince y veinte horas, aunque el tiempo se reduce si ya conocemos los sistemas y utilizamos las velocidades x2 o x3 para agilizar los momentos de espera. Es una duración que funciona especialmente bien con la estructura del juego, ya que siempre tendremos algún objetivo que perseguir: investigar una tecnología, conseguir nuevos recursos, recuperar una especie, limpiar una zona o ampliar nuestros domos. Y si una partida termina quedando bloqueada por nuestras decisiones o por la distribución aleatoria de determinados elementos, siempre tendremos la posibilidad de comenzar otra y afrontar de nuevo el proceso de restauración desde el principio.


Visualmente, BioEden apuesta por una estética solarpunk colorida y estilizada que encaja muy bien con la idea de reconstruir un planeta desde sus propios cimientos. Al principio nos encontraremos con terrenos contaminados, lagos dañados y grandes extensiones prácticamente carentes de vida, pero el escenario irá cambiando conforme avancemos. Poco a poco aparecerán nuevas plantas, el agua recuperará su aspecto y los animales comenzarán a poblar los ecosistemas que hemos conseguido restaurar.
Esta transformación es uno de sus mayores atractivos visuales. Ver cómo un espacio inicialmente deteriorado va recuperando el color y la biodiversidad hace que el progreso tenga una representación muy evidente en pantalla. Además, los diferentes biomas se distinguen con bastante facilidad gracias al uso de colores vivos y a las características propias de cada entorno, algo que ayuda tanto a orientarnos como a identificar rápidamente los recursos disponibles.
Sin embargo, precisamente ese uso tan intenso del color puede generar algunos problemas de legibilidad. Las estructuras más pequeñas no siempre resultan fáciles de localizar entre los diferentes elementos del escenario y, en determinadas situaciones, puede costar identificar las marcas rojas que indican que una construcción ya ha terminado su función y podemos retirarla. Para facilitar la lectura del entorno contamos con una sección específica dentro de la información del planeta que permite resaltar únicamente las zonas con minerales o aquellas afectadas por la contaminación. También se incluyen diferentes opciones de accesibilidad para personas con daltonismo.
El propio diseño visual deja claro, además, un detalle importante de la propuesta: nuestra tecnología también genera contaminación. No se trata únicamente de los terrenos o lagos que encontramos inicialmente dañados, sino que nuestras propias construcciones forman parte del impacto que debemos controlar.


El apartado sonoro de BioEden sigue la misma línea tranquila que encontramos en el resto de la propuesta. Las melodías se mantienen en un segundo plano y se combinan con diferentes sonidos ambientales y de la naturaleza, creando una atmósfera serena que acompaña nuestras labores de gestión sin tratar de convertirse en el centro de atención.
Es una elección que encaja especialmente bien con el ritmo de las partidas. Durante buena parte del tiempo estaremos reorganizando estructuras, gestionando recursos, cuidando de los animales o simplemente esperando a que termine una investigación o se complete algún proceso. En lugar de interrumpir esos momentos con una banda sonora demasiado protagonista, el juego utiliza la música como una presencia constante que ayuda a mantener ese carácter meditativo.
La propia ambientación sonora adquiere así un papel más funcional que espectacular. BioEden no busca que recordemos una melodía concreta al terminar una sesión, sino construir un espacio agradable en el que podamos pasar horas restaurando nuestros ecosistemas. Y teniendo en cuenta la duración de las partidas, esa decisión termina siendo bastante acertada.


BioEden consigue ofrecer una experiencia de gestión diferente gracias a una propuesta que combina restauración ambiental, construcción y cuidado de la fauna dentro de un ritmo pausado que invita a jugar sin prisas. La posibilidad de ver cómo un planeta prácticamente muerto recupera poco a poco su vida resulta satisfactoria, aunque algunos bloqueos derivados de las misiones, la investigación o la generación de cada partida pueden empañar una experiencia que, por lo demás, sabe transmitir muy bien su filosofía cozy.




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