
Hoy exploramos el mundo de Scott Pilgrim EX, un título que intenta recuperar el sabor arcade con un juego lleno de humor absurdo y cultura pop, que se basa en la obra de Brian Lee O’Malley, que siempre ha tenido un estilo muy particular. Esa mezcla entre cómic occidental y toques de manga o manwha es lo que le daba identidad a Scott Pilgrim.
Pero fuimos muchos, como fue en mi caso, cuyo primer contacto con este universo llegó con la película Scott Pilgrim vs. the World, que en su momento pasó un poco de puntillas, pero que con los años ha ganado bastante reconocimiento. Y no es raro, viendo el reparto que tenía: Michael Cera como Scott, Chris Evans haciendo de Lucas Lee, Brie Larson como Envy o Kieran Culkin, entre otros.
Después de eso llegó el videojuego de Xbox 360, ub beat’em up con personalidad y que captaba perfectamente el espíritu de la obra. Años después lo reeditaron en 2021 con el sello de Limited Run Games, y ahora llega Scott Pilgrim EX, que surge con parte del equipo que trabajó en el juego que publicó Ubisoft hace más de quince años también está implicado aquí. Eso ya dice bastante de las intenciones.
Pero volvamos al presente. Detrás de Scott Pilgrim EX está Tribute Games, el estudio responsable de Teenage Mutant Ninja Turtles: Shredder’s Revenge o MARVEL Cosmic Invasion, así que no estamos hablando de alguien que simplemente imita lo clásico, sino de gente que entiende por qué funcionaba. Y eso se nota, sobre todo en cómo tratan licencias que tienen tanto peso para los fans.

Scott Pilgrim EX no viene a repetir lo que ya conocíamos. La historia es completamente nueva y no intenta encajar directamente ni con los cómics, ni con la película, ni siquiera con la serie de Netflix.
Todo arranca con los Sex Bob-Omb ensayando tranquilamente cuando aparece una versión malvada y metalera de Scott que irrumpe sin previo aviso, deja fuera de combate al protagonista y secuestra al resto de la banda. A partir de ahí, quien toma las riendas es Ramona Flowers, que se ve obligada a hacer algo que, en otro momento, habría sido impensable: colaborar con varios de sus ex para intentar arreglar el desastre.

La premisa es sencilla, incluso un poco absurda, pero funciona justo por eso. Al final, el juego va bastante al grano, como los beat’em up de toda la vida: te plantea el problema en un momento y te lanza a recorrer Toronto repartiendo golpes mientras rescatas a la banda. Pero donde realmente gana puntos es en los detalles, como los diálogos que tienen ese humor tan característico de la saga, con bromas constantes, referencias a la cultura pop y ese tono un poco caótico que siempre ha definido a Scott Pilgrim.
Aunque lo más curioso es ver cómo se construye el grupo de personajes. No solo están Scott y Ramona, sino también varios de sus antiguos enemigos, como Matthew Patel, Roxy Richter, Lucas Lee o incluso Gideon, que aquí cambia un poco su papel habitual. A eso se suma el Robot-01 de los hermanos Katayanagi, formando un plantel bastante variado que, dentro de lo que cabe, tiene sentido en este nuevo contexto más “todo vale”.
Al final, la historia cumple su función sin complicarse demasiado. No intenta ser el centro de la experiencia ni lo necesita. Eso sí, quizá con Brian Lee O’Malley supervisando todo, alguno podía esperar algo más desarrollado o con más peso. Aun así, lo que hay encaja bien con el tono general: una narrativa ligera, con chispa, que sirve de hilo conductor mientras el juego hace lo que realmente quiere hacer, que es ponerte a repartir golpes sin parar.


A nivel jugable, Scott Pilgrim EX es un “yo contra el barrio” de manual. Si has jugado a Streets of Rage o al propio Teenage Mutant Ninja Turtles: Shredder’s Revenge, ya sabes por dónde van los tiros. Avanzar, limpiar la pantalla de enemigos y seguir adelante.
Pero lo interesante aquí es que cada personaje cuenta con su propio estilo, sus combos y habilidades especiales, pero todos comparten una base común: puedes bloquear, esquivar y hacer parry si clavas bien el timing. Esto último, de hecho, puede volverse casi automático si te equipas cierto objeto bastante pronto, lo que cambia bastante la forma de jugar.
Y hablando de equipamiento, aquí es donde empieza a notarse ese toque más “RPG” que no suele ser tan habitual en el género. A medida que avanzas vas recogiendo dinero —que cae prácticamente de todo, desde enemigos hasta el propio escenario— y puedes gastarlo en mejorar a tu personaje. No solo subes de nivel derrotando enemigos, también puedes equiparte accesorios que alteran estadísticas como la fuerza, la agilidad, la vitalidad o la voluntad, además de insignias con efectos pasivos bastante útiles.

El mapa también rompe un poco con lo típico. Aquí no todo es avanzar en línea recta. Cada zona funciona como un pequeño espacio abierto dentro de Toronto, donde te mueves para completar misiones, participar en eventos o simplemente buscar mejoras. No llega a ser un metroidvania como tal, pero sí tiene ese puntito de volver atrás, desbloquear rutas o revisitar zonas que antes no podías completar. Y, aun así, el juego nunca te deja perdido: siempre tienes claro hacia dónde ir.
Dentro de ese mapa hay varios tipos de zonas que van marcando el ritmo: las de combate puro, las tiendas donde puedes comprar mejoras, las grietas que te llevan a enfrentamientos más especiales —normalmente con jefes— y el apartamento de Ramona Flowers, que funciona como punto seguro.

En combate, todo es rápido, caótico y bastante satisfactorio. Los enemigos llenan la pantalla, los objetos vuelan, puedes usar lo que encuentres por el escenario —desde armas improvisadas hasta mobiliario— y, aunque existen combos más elaborados, lo cierto es que muchas veces te apañas perfectamente con el ataque rápido, agarres y algún movimiento especial.
Los jefes, eso sí, son otro tema. Aquí el juego sube el nivel y te obliga a prestar más atención. Son grandes, tienen varios patrones de ataque y suelen venir acompañados de enemigos adicionales, así que no vale con machacar botones sin más. Es en estos combates donde realmente tienes que aprovechar todo lo que has ido aprendiendo, y donde más fácil es ver la pantalla de Game Over si te despistas.

El cooperativo también tiene bastante peso. Puedes jugar hasta con cuatro personas, tanto en local como online, y además cuenta con juego cruzado, lo cual siempre es un punto a favor. Cada jugador maneja su propio dinero, pero los objetos que se compran se comparten, lo que hace que el progreso sea más colectivo. Incluso puedes transferir dinero o sacrificar parte de tu vida para ayudar a un compañero, algo que añade ese puntito de colaboración real.
Eso sí, no todo es perfecto. El sistema de guardado automático funciona bien y es bastante generoso, pero hay un detalle que puede frustrar: si caes en combate, pierdes el dinero y algunos objetos que llevabas encima.


En lo visual, Scott Pilgrim EX sigue una línea bastante continuista con lo que ya hemos visto en otros trabajos de Tribute Games, pero eso no es necesariamente algo malo. Al contrario, aquí el pixel art vuelve a ser uno de los grandes protagonistas, y se nota que hay mucho mimo detrás de cada escenario.
La Toronto que propone el juego está llena de detalles y, sobre todo, de pequeños guiños que no paran de aparecer mientras avanzas. Hay referencias bastante claras a clásicos del videojuego —desde detalles que recuerdan a Super Mario Bros. 2 hasta puntos de control que evocan directamente a Sonic the Hedgehog—, y lo mejor es que no se sienten metidas con calzador, sino integradas de forma natural en el entorno.

Los personajes también están muy bien resueltos. Son sprites grandes, con personalidad, y animaciones muy fluidas que ayudan a que el combate se sienta dinámico. Además, pequeños cambios en la paleta de colores según el personaje hacen que cada uno tenga su propia identidad visual sin necesidad de complicarse demasiado.
Los escenarios, por su parte, no se quedan atrás. Hay bastante variedad y muchos de ellos son completamente originales, lo cual se agradece. Entre zonas dominadas por robots, áreas más “raras” con demonios o espacios controlados por veganos, el juego consigue que no tengas la sensación de estar viendo siempre lo mismo. Y si te paras un poco, siempre hay algún detalle curioso escondido o alguna referencia más o menos evidente —incluyendo algún guiño bastante directo a Castlevania en ciertos momentos.
En cuanto al rendimiento, al menos en PlayStation 5, el juego va como un tiro. Los 60 fps se mantienen estables incluso cuando la pantalla se llena de enemigos, efectos y jugadores en cooperativo. No hay caídas ni problemas técnicos destacables, lo cual es importante en un juego donde todo pasa rápido y necesitas que responda bien.


El apartado sonoro es de esos que encajan tan bien con el juego que casi pasan desapercibido, pero en el buen sentido. Scott Pilgrim EX vuelve a apoyarse en el trabajo de Anamanaguchi, y eso ya es una garantía si te gustó el enfoque del título original. Su mezcla de chiptune con ese toque más moderno le viene como anillo al dedo al juego.
La banda sonora acompaña constantemente sin hacerse pesada, pero cuando tiene que destacar, lo hace. Sobre todo, en los combates contra jefes, donde los temas suben de intensidad y les dan ese punto extra a las peleas. No es solo música de fondo: ayuda a que todo tenga más ritmo, más energía, más sensación de estar metido en el caos que ocurre en pantalla.
En cuanto al resto, el juego no cuenta con doblaje como tal. Los personajes no tienen voces durante las escenas, así que todo el peso recae en los textos. Por suerte, la localización al castellano está bastante bien cuidada, con diálogos que mantienen el tono y el humor característico de la saga sin que suene forzado.


Al final, Scott Pilgrim EX es justo lo que parece, pero también algo más. Es un beat’em up que no se complica la vida, que sabe perfectamente a lo que juega y que pone todo el peso en que repartir golpes sea divertido, ágil y satisfactorio. Puede que su historia no sea especialmente profunda ni que reinvente nada dentro del género, pero compensa con personalidad, con un apartado artístico muy cuidado y con ese toque de progresión y exploración que le da algo más de recorrido. Además, el mimo por el material original y la cantidad de detalles pensados para los fans hacen que sea muy fácil conectar con él.




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