
La estrategia ha sido uno de los géneros más ligados a la idea de tomar decisiones y asumir sus consecuencias. A lo largo de su evolución, el género ha ido ampliando sus horizontes gracias a títulos que se han convertido en auténticos referentes. Civilization popularizó la gestión de imperios a gran escala, mientras que sagas como Caesar, Age of Empires, Anno o Total War ofrecieron aproximaciones distintas a la estrategia, ya fuera desde la construcción de ciudades, el desarrollo económico o el enfrentamiento militar.
En este marco se sitúa Citadelum, un juego desarrollado y publicado por Abylight Studios que llega ahora a Nintendo Switch 2 tras haberse estrenado previamente en PC a través de Steam en octubre de 2024. Su lanzamiento en la consola de Nintendo no supone un cambio de enfoque, sino una adaptación que busca trasladar la experiencia original a un formato portátil, manteniendo intactos sus sistemas de gestión y su nivel de complejidad.

El planteamiento histórico de Citadelum abarca, en esencia, el proceso de construcción y expansión de una civilización, siguiendo una lógica muy reconocible dentro del contexto europeo y, más concretamente, romano. La experiencia comienza con la fundación de un asentamiento modesto, articulado en torno al foro, núcleo desde el que se desarrollan todas las actividades de la ciudad. A partir de ahí, el jugador debe levantar viviendas, organizar la producción agrícola y establecer sistemas básicos como el abastecimiento de agua, sentando las bases para un crecimiento sostenible.

Con el paso del tiempo, ese pequeño núcleo urbano evoluciona hacia una ciudad más compleja, obligándonos a competir con otros pueblos y a expandir nuestro territorio. Este avance no se limita a la gestión interna, sino que nos conduce a una fase de consolidación y conquista que refleja el camino histórico seguido por Roma hasta convertirse en un imperio dominante. La progresión del juego invita así a revivir distintos momentos clave de esta expansión, siempre desde una perspectiva estratégica.
La acción se sitúa en el año 40 a.C., y pone al jugador en la piel de Cayo Octavio, figura histórica que acabaría convirtiéndose en el primer emperador romano tras la muerte de Julio César. A lo largo de las distintas misiones, se recorren episodios y conflictos inspirados en acontecimientos reales, como las campañas en la Galia o las incursiones romanas en Britania, integrados dentro de los objetivos y desafíos que propone el juego.
Eso sí, Citadelum no presenta una narrativa tradicional con una historia cerrada que avance de forma lineal. En su lugar, el componente narrativo se construye de manera fragmentada a través de misiones, encargos y metas concretas, funcionando más como un marco histórico que contextualiza la acción que como un relato propiamente dicho. Este enfoque deja margen para ciertas licencias creativas, especialmente en lo relacionado con la mitología romana.


Citadelum deja claro que la jugabilidad es el eje sobre el que se sostiene toda la experiencia. El juego estructura su propuesta a través de un total de 24 escenarios que funcionan, especialmente durante las primeras horas, como un tutorial progresivo muy bien escalonado. Cada misión introduce nuevas mecánicas, necesidades o sistemas de gestión, permitiendo que el jugador asimile poco a poco la considerable cantidad de información que el título pone sobre la mesa.

Durante estas fases iniciales, el juego adopta un enfoque claramente guiado. Se nos indica qué objetivos debemos cumplir y en qué momento conviene hacerlo, marcando una ruta bastante definida para avanzar. Aun así, existe cierto margen para experimentar y tomar decisiones propias, aunque siempre dentro de unos límites bien establecidos. En determinados puntos no será posible progresar si no se cumplen los objetivos marcados, lo que refuerza el carácter didáctico del diseño. Puede resultar algo encorsetado para jugadores veteranos del género, pero como herramienta para comprender el sistema de gestión cumple correctamente su función.
Cada misión presenta una lista de objetivos claramente visible en el lateral izquierdo de la pantalla. Estos funcionan como una hoja de ruta constante, especialmente importante cuando entran en juego los objetivos con límite de tiempo. No cumplirlos dentro del plazo establecido implica penalizaciones que pueden comprometer seriamente la estabilidad de la ciudad, obligándonos a priorizar tareas y a planificar con cuidado cada paso.

En lo referente a la gestión, Citadelum se articula en torno a varios grandes pilares interconectados: la construcción y desarrollo urbano, la exploración del territorio, el comercio con otras ciudades y, finalmente, la guerra. Ninguno de estos sistemas funciona de forma aislada; cada decisión que tomamos en uno de ellos tiene un impacto directo en el equilibrio general de nuestra civilización.
La construcción es la base de todo. El juego nos invita a expandir la ciudad de manera progresiva, adaptando el crecimiento urbano a las necesidades económicas y laborales de cada momento. No se trata simplemente de levantar edificios sin criterio: Citadelum premia la planificación y penaliza de forma clara el desarrollo caótico, que a largo plazo deriva en ciudades difíciles de gestionar y mantener.

Las viviendas son el núcleo de cualquier asentamiento, tanto para plebeyos como para patricios, pero no pueden funcionar de forma aislada. A su alrededor debe existir una red de servicios bien organizada: acceso al agua, edificios de bomberos, cultivos, instalaciones productivas, mercados, centros de recaudación de impuestos y otros servicios básicos son imprescindibles para garantizar la estabilidad y el crecimiento de la población. Muchos de estos edificios funcionan mediante áreas de influencia, cubriendo todo lo que se encuentre dentro de su radio de acción, lo que añade una capa estratégica a su colocación.
Aquí entra en juego uno de los sistemas más delicados del título: la mano de obra. Cada edificio requiere trabajadores, es decir, plebeyos que ocupen esos puestos. Un mismo edificio puede albergar hasta cuatro trabajadores, lo que aumenta su eficiencia o su área de cobertura, pero también incrementa los costes de mantenimiento. A mayor red de edificios y mayor número de ciudadanos activos, mayor presión económica soporta la ciudad. Si no se controla cuidadosamente el equilibrio entre ingresos y gastos, la bancarrota puede convertirse rápidamente en una amenaza real.

Los ingresos proceden principalmente de la explotación de los recursos naturales del entorno, del establecimiento de rutas comerciales y de la recaudación de impuestos, especialmente a los patricios. Estos últimos no trabajan, pero aportan una fuente de ingresos fundamental siempre que sus hogares estén bien atendidos y dentro del alcance de una Oficina de Impuestos. Como es habitual en este tipo de juegos, todo debe mantenerse en un equilibrio constante para que el sistema funcione.
Los recursos, ya sean obtenidos localmente o adquiridos mediante el comercio, resultan esenciales para seguir ampliando la ciudad. Construir nunca es gratuito: cada edificio implica un coste económico y otro en materias primas o productos procesados, lo que obliga a planificar cada ampliación con cabeza. Además, el juego introduce un matiz interesante: determinadas construcciones pueden hacer que los ciudadanos no quieran vivir cerca de ellas, lo que convierte la planificación urbana en un factor clave de la dificultad.
A todo esto, se suman numerosos sistemas adicionales que enriquecen la gestión: entretenimiento para la población, juicios, culto a los dioses y la creación y entrenamiento de ejércitos. Mantener a los ciudadanos satisfechos no solo depende de cubrir sus necesidades básicas, sino también de ofrecerles cultura, festividades religiosas y seguridad, tanto en el plano espiritual como en el militar.

La exploración es otro de los pilares fundamentales del juego. Desde las primeras misiones contamos con exploradores encargados de recorrer el mapa y descubrir las zonas que permanecen ocultas. Este proceso no es inmediato: enviar un explorador a un territorio desconocido implica que transcurran varios días de juego hasta que esa área quede completamente revelada. A medida que avanzamos, podemos entrenar varios exploradores de forma simultánea, acelerando el descubrimiento del entorno.
Gracias a la exploración entramos en contacto con nuevas ciudades, ejércitos enemigos y posibles amenazas futuras. Las ciudades descubiertas no se limitan al comercio: podemos decidir si establecer relaciones puramente económicas o apoyarlas mediante donaciones de recursos, mejorando así las relaciones diplomáticas y abriendo la puerta a acuerdos más ventajosos a largo plazo. Las rutas comerciales resultantes son esenciales para obtener materiales que no están disponibles en las fases iniciales y que resultan imprescindibles para necesidades avanzadas u ofrendas a los dioses.

El último gran pilar jugable es la guerra. Aunque el entrenamiento de tropas forma parte de la gestión urbana, el conflicto armado cobra entidad propia cuando llega el momento de desplegar nuestras fuerzas en el mapa. Las batallas se desarrollan en escenarios independientes donde debemos posicionar las unidades antes del combate. Podemos organizar las tropas por tipo, decidir su formación inicial y optar por estrategias ofensivas o defensivas.
Durante los enfrentamientos es posible rotar la cámara, hacer zoom y seguir la acción desde distintos ángulos. El combate puede resolverse automáticamente, pero el juego permite pausar la batalla para dar órdenes concretas, señalar objetivos prioritarios o ajustar la estrategia sobre la marcha. El sistema es accesible, especialmente en las primeras horas, gracias a ayudas visuales y a un sistema de guardado que permite corregir errores sin que la guerra resulte excesivamente punitiva.

Un elemento distintivo dentro de la jugabilidad es la intervención divina. Al construir templos, organizar festivales o realizar sacrificios, podemos ganarnos el favor de los dioses, que otorgan ventajas como mejores cosechas o incluso tropas. Eso sí, descuidarlos puede tener consecuencias graves, desde la destrucción de edificios hasta hambrunas.
La gestión social se divide claramente entre plebeyos y patricios. Los primeros constituyen la base de la fuerza laboral y requieren salarios, vivienda y alimento. Los segundos, más exigentes, demandan hogares de mayor calidad, mejor comida y opciones de entretenimiento, pero son clave para la recaudación de impuestos. Mantener el equilibrio entre ambas clases es fundamental para desbloquear nuevas estructuras y permitir que la ciudad siga creciendo, mejorando viviendas y calles conforme se cumplen sus necesidades.
Por último, la versión de Nintendo Switch 2 incorpora un detalle especialmente celebrado: el modo ratón. El juego puede controlarse tanto con sticks como mediante ratón, y ambos sistemas funcionan correctamente. Sin embargo, el uso del ratón agiliza notablemente la gestión, facilitando la navegación por menús y la colocación precisa de edificios.


En el apartado visual, Citadelum ofrece una presentación sólida tanto en modo portátil como al jugar en modo televisión en Nintendo Switch 2, manteniendo una coherencia estética que se agradece independientemente del formato elegido. El conjunto resulta agradable y funcional, aunque en portátil se aprecia uno de sus puntos más discutibles: el tamaño de los textos. Al no contar con opciones de ajuste, la lectura puede resultar incómoda durante sesiones largas, un aspecto que desentona en un género donde la información en pantalla es constante y que deja margen de mejora en términos de accesibilidad.
Desde el punto de vista técnico, el rendimiento se mantiene estable incluso cuando la ciudad alcanza un alto nivel de desarrollo, con numerosos edificios activos y ciudadanos moviéndose de forma simultánea. No se aprecian caídas de rendimiento destacables, más allá de breves interrupciones asociadas al sistema de guardado automático.
En lo estrictamente gráfico, los modelos cumplen con solvencia dentro de los estándares del género. Las construcciones, la vegetación y los ciudadanos presentan un nivel de detalle adecuado, que se mantiene tanto en las vistas generales como al acercar la cámara mediante el zoom.


El apartado sonoro de Citadelum cumple con solvencia su función de acompañar la experiencia de gestión sin imponerse sobre ella. La banda sonora apuesta por composiciones ambientales que buscan evocar la época, creando un fondo sonoro cálido que encaja bien con el ritmo pausado del juego. No se trata de temas especialmente protagonistas, pero sí lo suficientemente cuidados como para no resultar repetitivos ni molestos durante sesiones prolongadas.
Estos temas musicales suenan de forma constante mientras exploramos el mapa, construimos nuevos edificios o ampliamos el asentamiento, reforzando la sensación de estar supervisando una ciudad viva. Su carácter discreto permite centrarse en la toma de decisiones sin distracciones, algo especialmente importante en un género donde la concentración juega un papel clave.
Los efectos de sonido complementan bien este conjunto. El bullicio de los ciudadanos, los sonidos asociados a la construcción o a la actividad diaria ayudan a dotar de vida al asentamiento y refuerzan la inmersión en la rutina cotidiana de la ciudad.
En lo referente al idioma, Citadelum no cuenta con doblaje, pero ofrece una localización textual amplia, con soporte para 11 idiomas distintos. Entre ellos se incluye el castellano, un detalle importante que facilita el acceso al juego y permite disfrutar de sus sistemas y objetivos sin barreras lingüísticas.


Citadelum se presenta como una propuesta sólida y bien construida dentro del género de la estrategia y la gestión histórica, apostando por sistemas clásicos claramente reconocibles, pero integrados con coherencia y buen ritmo. Su enfoque progresivo, el peso de la planificación urbana, la gestión social entre plebeyos y patricios y la combinación de historia y mitología romana dan forma a una experiencia exigente, pero accesible, que sabe adaptarse tanto a jugadores menos experimentados como a veteranos del género. Sin reinventar las bases del city builder, el juego demuestra un conocimiento profundo de sus referentes y ofrece una experiencia cuidada, especialmente notable en su llegada a Nintendo Switch 2, donde el modo ratón marca una diferencia clara en comodidad y precisión.




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