
Hubo un momento en el que los juegos de plataformas en 3D parecían haber quedado en segundo plano, pero ese contexto apareció Lucky’s Tale, desarrollado por Playful Studios, allá por 2016, como una propuesta pensada para la realidad virtual de Oculus Rift. Era un proyecto curioso, casi experimental, pero lo suficientemente sólido como para dar el salto un año después a algo más tradicional con Super Lucky’s Tale, que llegó a Xbox One y PC.
Desde ahí, el recorrido del juego ha sido bastante más largo de lo que cabría esperar. Lo que empezó como una secuela acabó transformándose con el tiempo en New Super Lucky’s Tale, una versión revisada y ampliada que fue puliendo ideas, añadiendo contenido y, sobre todo, buscando su propio espacio dentro de un género donde las comparaciones con referentes como Super Mario 64 o Crash Bandicoot son inevitables. Lejos de intentar reinventar la rueda, la propuesta siempre ha girado en torno a algo mucho más sencillo: recuperar esa sensación clásica de explorar, saltar y avanzar sin complicaciones innecesarias.
Con los años, el juego ha ido pasando por distintas plataformas —Nintendo Switch, PlayStation 4 y de nuevo PC— en un proceso de adaptación constante que ha servido para afinar la experiencia. Ahora, una década después de aquel primer lanzamiento, esta versión definitiva aterriza en PlayStation 5 con una edición física distribuida por Meridiem Games, incorporando mejoras técnicas como resolución 4K y un uso más cuidado de las funciones del mando DualSense.

En New Super Lucky’s Tale conocemos a Lucky Swiftail, un pequeño zorro con más entusiasmo que experiencia, que sueña con formar parte de los Guardianes, una especie de orden encargada de proteger el poderoso Libro de las Eras. Este artefacto no es cualquier cosa: en su interior alberga mundos enteros, y mantenerlo a salvo es clave para que todo siga en equilibrio.
El problema llega cuando entra en escena Jinx, un hechicero con muy malas intenciones que, acompañado por la Camada Minina —su peculiar grupo de secuaces felinos—, intenta hacerse con el control del libro. El enfrentamiento no tarda en descontrolarse, y en medio del caos ocurre lo inevitable: la magia oscura provoca una reacción que termina desestabilizando el libro por completo.
Lucky, los villanos y las páginas del libro acaban dispersos por distintos mundos, y a partir de ahí, el pequeño zorrito se ve arrastrado a una aventura con el objetivo de recomponer el Libro de las Eras y frenar a Jinx.
En New Super Lucky’s Tale no hay giros complejos ni una narrativa especialmente profunda, pero tampoco parece que lo necesite. La historia está planteada como un hilo conductor que da sentido al viaje, enlazando mundos y situaciones sin interrumpir el ritmo del juego. Todo gira en torno a avanzar, explorar y superar desafíos, mientras Lucky va creciendo poco a poco dentro de un relato que apuesta más por el encanto y la sencillez que por la épica grandilocuente.


En lo jugable, New Super Lucky’s Tale apuesta por ser un plataformas accesible, directo y fácil de entender, pero lo suficientemente variado como para mantener el interés durante toda la aventura. El control de Lucky Swiftail es una de sus mayores fortalezas. Responde bien, es preciso y permite encadenar acciones con naturalidad: saltos, ataques con la cola, deslizamientos o la posibilidad de excavar bajo tierra, una mecánica que no solo sirve para desplazarse, sino también para esquivar enemigos o atacar desde una posición inesperada.
A partir de ahí, el juego construye su estructura combinando distintos tipos de niveles. Por un lado, están las fases en 3D, que recuerdan mucho a ese enfoque más abierto de clásicos como explorar un escenario con cierta libertad, buscando rutas alternativas, monedas y secretos. Por otro lado, aparecen niveles en 2D mucho más clásicos, donde la cámara se fija y el diseño se centra en la precisión de los saltos y en superar obstáculos bien colocados.

Además, el juego introduce pequeñas variaciones dentro de esa base. Hay niveles de desplazamiento automático donde Lucky avanza sin parar y el jugador solo controla los saltos, obligando a reaccionar con rapidez. También hay fases más cortas centradas en puzles, que sirven como respiro entre tanta plataforma. Estos acertijos no son especialmente complejos —mover estatuas, activar mecanismos o guiar objetos por pequeños laberintos—, pero cumplen su función. Eso sí, cuando entran en juego las funciones de movimiento del mando de PlayStation 5, la precisión no siempre está a la altura y puede generar alguna situación frustrante.
El sistema de progreso gira alrededor del Libro de las Eras y sus páginas. Cada nivel tiene como objetivo principal conseguir una, que se obtiene al completarlo, pero hay mucho más detrás. Se pueden conseguir páginas adicionales reuniendo al menos 300 monedas, encontrando las letras que forman “LUCKY” o descubriendo páginas ocultas mediante exploración o resolviendo pequeños desafíos.

Los mundos —cinco principales más una zona adicional— siguen una progresión clara: acumular páginas para desbloquear el jefe final. Estos enfrentamientos son los momentos donde el juego más aprieta. Cada jefe tiene sus propios patrones y mecánicas, y a medida que avanzas se vuelven más exigentes, especialmente a partir de ciertos combates donde el entorno empieza a cambiar durante la pelea, reduciendo el espacio disponible y obligando a jugar con más precisión.
En cuanto a variedad, el juego intenta mantener el ritmo introduciendo objetivos distintos dentro de cada nivel: llegar a un punto concreto, eliminar enemigos, encontrar objetos o completar desafíos específicos. Esto ayuda a que cada fase tenga un pequeño giro, aunque no siempre evita cierta sensación de repetición en algunos tramos, especialmente cuando la estructura se repite demasiado o cuando avanzar no requiere completar todos los niveles disponibles.

Y es que aquí aparece uno de sus puntos más discutibles: la facilidad con la que se obtienen páginas. Al repartirlas con bastante generosidad, el juego pierde parte de ese impulso por explorar a fondo, ya que no siempre es necesario implicarse en todos los objetivos para seguir avanzando. Esto puede hacer que algunos niveles se sientan menos relevantes dentro del conjunto.
Aun así, hay contenido pensado para quienes quieran profundizar más. La zona extra en el reino de Foxington introduce desafíos adicionales, algo más exigentes y centrados en poner a prueba lo aprendido. Es un añadido interesante que alarga la vida útil del juego, que de base se mueve en torno a las cinco o seis horas, aunque puede extenderse bastante si se busca completar todo al cien por cien, incluyendo coleccionables y objetivos secundarios.


El estilo de New Super Lucky’s Tale apuesta por ese colorido directo y amable que recuerda a los plataformas de hace años. Todo tiene un aire desenfadado, muy accesible, con escenarios que transmiten esa sensación constante de estar dentro de un mundo vivo, pensado para curiosear más allá del camino principal.
Cada zona juega con su propia identidad: desde praderas abiertas y luminosas hasta desiertos, ruinas o niveles más centrados en puzles. Los personajes acompañan bien ese tono, Lucky Swiftail funciona especialmente bien gracias a sus animaciones, que son suaves y expresivas en acciones básicas como saltar, excavar o atacar. Por su parte, los enemigos, en cambio, cumplen sin mucho más; se repiten con cierta frecuencia, aunque el juego compensa esa falta de variedad en los enfrentamientos más importantes, donde los jefes sí tienen más personalidad y un diseño más cuidado.
Ya en lo técnico, la versión de PlayStation 5 se siente cómoda. El rendimiento es estable, los tiempos de carga prácticamente desaparecen y la resolución en 4K le sienta bastante bien al conjunto, sobre todo por cómo resalta los colores y la limpieza de la imagen. Aun así, hay momentos en los que se nota que el juego viene de otra generación, con algunos elementos más simples de lo que cabría esperar hoy.


En el apartado sonoro, New Super Lucky’s Tale mantiene esa misma línea desenfadada que define al resto del juego. La música acompaña constantemente con melodías alegres, muy ligeras, de esas que encajan sin esfuerzo mientras avanzas por los distintos mundos. Cada zona tiene su propio toque, intentando darle personalidad, y en muchos casos lo consigue, sobre todo cuando alguna de esas composiciones se te queda dando vueltas incluso después de dejar el mando. Eso sí, con el paso del tiempo hay temas que pecan de ser demasiado sencillos y pueden terminar resultando algo repetitivos.
Los efectos de sonido hacen bien su trabajo, sin buscar protagonismo pero estando siempre en su sitio. Cada salto, cada golpe o cada interacción con el entorno tiene ese pequeño refuerzo sonoro que ayuda a que todo se sienta más tangible.
Donde el juego suma un poco más es en la localización. Los textos están en castellano y hay pequeñas pinceladas de voces que aparecen en momentos concretos, normalmente con ese tono ligero y algo humorístico que encaja bastante bien con el estilo general.


En conjunto, New Super Lucky’s Tale es un plataformas que sabe muy bien a lo que juega: una experiencia directa, colorida y sin complicaciones, que recupera sensaciones clásicas con un enfoque accesible y bastante disfrutable. No intenta reinventar el género, pero sí ofrece una aventura sólida, con buen ritmo y momentos variados que funcionan especialmente bien cuando se apoya en su control y en su diseño de niveles más inspirado. Aun así, arrastra algunas decisiones que le restan peso a largo plazo, sobre todo en lo que respecta a la repetición y a un sistema de progreso demasiado permisivo.




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