
Hay nombres que, por sí solos, ya arrastran una cierta expectativa. Marvel es uno de ellos. No importa cuántas veces hayamos visto a sus héroes en cine, cómics o videojuegos: cuando aparece una nueva recopilación, es inevitable pensar en ese golpe de nostalgia bien entendido, en una selección cuidada que sirva tanto para recordar como para redescubrir. Con Marvel MaXimum Collection, esa sensación está muy presente desde el primer momento… aunque lo que viene después no termina de encajar del todo con lo que uno imagina.
El proyecto llega de la mano de Limited Run Games, un estudio que lleva tiempo especializándose en rescatar piezas del pasado. Su labor tiene algo de arqueología del videojuego: recuperar títulos que, de otra forma, quedarían perdidos entre generaciones de hardware y licencias imposibles.
En este caso, Marvel MaXimum Collection reúne seis juegos publicados originalmente entre las generaciones de 8 y 16 bits. Una alineación que, sobre el papel, mezcla recreativas muy reconocibles con títulos domésticos más irregulares:
- X-Men: The Arcade Game
- Captain America and the Avengers
- Spider-Man & Venom: Maximum Carnage
- Spider-Man & Venom: Separation Anxiety
- Spider-Man/X-Men: Arcade’s Revenge
- Silver Surfer
Es una selección que llama la atención, aunque no necesariamente por los motivos adecuados. No hay una línea clara que conecte todos estos juegos más allá del sello de Marvel. Proceden de estudios distintos, responden a ideas jugables muy diferentes y representan momentos bastante dispares dentro de la historia de la compañía en el videojuego.

En Marvel MaXimum Collection no hay una línea jugable uniforme. Es un recorrido fragmentado por distintas formas de entender la acción en los 80 y 90, con mecánicas que hoy se sienten muy marcadas por su tiempo. Aun así, la colección hace un esfuerzo por suavizar ese choque generacional con herramientas modernas bastante bien integradas: el rebobinado se convierte en un salvavidas constante en los tramos más injustos, los guardados rápidos rompen por completo la lógica punitiva de muchos arcades y permiten avanzar sin depender de la repetición infinita, y en general todo está planteado para que podamos experimentar estos juegos sin la barrera que suponían en su contexto original.
X-Men: The Arcade Game, de Konami, es el gran pilar del recopilatorio. Aquí es donde mejor se entiende el espíritu de la propuesta: acción directa, personajes reconocibles y cooperativo como eje central. El juego nos permite elegir entre varios mutantes, cada uno con ligeras diferencias en alcance o velocidad, aunque en esencia todos comparten una base jugable muy similar: avanzar, limpiar pantalla y gestionar bien los ataques especiales que consumen vida.
El diseño de niveles es muy representativo de la época: escenarios lineales, enemigos que aparecen en oleadas y jefes finales que funcionan como pequeños picos de dificultad. No hay demasiada profundidad mecánica, pero sí un ritmo muy bien medido cuando se juega en grupo. En solitario, en cambio, se vuelve más repetitivo y deja más en evidencia sus limitaciones.

Con Captain America and The Avengers, de Data East, el enfoque cambia ligeramente, aunque sigue dentro del beat ‘em up clásico. Aquí el ritmo es más agresivo: prácticamente no hay pausas, los enemigos aparecen sin descanso y el juego te empuja constantemente hacia adelante. Cada personaje —Capitán América, Iron Man, Hawkeye y Vision— introduce pequeñas variaciones, especialmente en ataques a distancia, lo que añade algo de estrategia a la hora de gestionar grupos de enemigos. Además, incluye momentos puntuales donde rompe la fórmula, con fases que se acercan al shoot ‘em up y que aportan variedad dentro de un esquema bastante repetitivo.

El bloque de Spider-Man y Venom refleja perfectamente esa dualidad entre lo atractivo y lo irregular. Spider-Man & Venom: Maximum Carnage apuesta fuerte por la estética y la fidelidad al cómic. Sin embargo, cuando profundizas en su jugabilidad, aparecen los problemas. El sistema de combate es limitado, con pocas combinaciones y una respuesta de controles algo rígida. La dificultad es elevada, con enemigos que absorben mucho daño y una progresión que exige repetir patrones constantemente.
La ausencia de cooperativo pesa especialmente, porque el género prácticamente lo pide. Aun así, tiene detalles interesantes: las fases cambian según controles a Spider-Man o Venom, lo que introduce ligeras variaciones en ritmo y habilidades. Y el uso constante de cameos del universo Marvel le da ese valor añadido para el fan.

Su secuela, Spider-Man & Venom: Separation Anxiety, intenta corregir uno de sus mayores problemas introduciendo cooperativo, pero pierde fuerza en casi todo lo demás.. A nivel jugable, mantiene una base similar, pero introduce problemas en las colisiones y en la respuesta de los impactos, lo que genera frustración en combates donde no siempre queda claro qué está ocurriendo. La dificultad sigue siendo alta, aunque más llevadera en compañía.
Con Spider-Man/X-Men: Arcade’s Revenge, la propuesta cambia hacia un enfoque de acción y plataformas. Sobre el papel, la idea de controlar a varios personajes —cada uno con habilidades propias— prometía variedad. Y en parte lo consigue: Spider-Man se mueve con agilidad por escenarios verticales, mientras que personajes como Wolverine o Cyclops ofrecen estilos más centrados en combate directo o ataques a distancia. El problema está en la ejecución. Los controles son imprecisos, especialmente en saltos y movimientos más delicados, lo que genera una sensación constante de falta de control. El diseño de niveles tampoco ayuda, con fases que abusan de trampas, enemigos mal colocados y una progresión poco clara.

El caso de Silver Surfer es distinto. Aquí entramos en el terreno del shoot ‘em up horizontal, pero con una interpretación bastante particular. Controlar a Estela Plateada ya marca una diferencia clara frente a las típicas naves, pero esa decisión también arrastra problemas importantes.

Más allá del gameplay, la colección añade contenido adicional en forma de galería y reproductor musical. Podemos acceder a ilustraciones, material promocional, portadas y manuales, lo que ayuda a contextualizar cada juego dentro de su época. No es un contenido especialmente amplio, y se echa en falta una mayor conexión con el universo Marvel en sí —más arte original, referencias a los cómics o material documental—, pero al menos cumple con lo básico y añade un valor que no siempre está presente en este tipo de recopilatorios.


En Marvel MaXimum Collection, lo que propone Limited Run Games es una conservación bastante directa del material original, apoyada en una emulación sólida que cumple con lo básico, pero que rara vez va más allá de lo estrictamente necesario.
Los juegos se presentan tal y como fueron concebidos en su momento, respetando resoluciones, proporciones y limitaciones técnicas propias de las recreativas y consolas de 8 y 16 bits. Esto tiene una lectura positiva clara: los sprites, colores y animaciones mantienen su identidad intacta, sin filtros agresivos ni reinterpretaciones modernas que desvirtúen su aspecto. Pero al mismo tiempo, también deja en evidencia todas las costuras de la época. Hay títulos que aguantan sorprendentemente bien el paso del tiempo —especialmente los arcades—, mientras que otros muestran sin disimular sus carencias, con diseños más planos, menor detalle o animaciones muy limitadas.

A nivel de opciones visuales, la colección incorpora los ajustes habituales: distintos formatos de pantalla, algunos marcos decorativos y filtros que intentan simular cómo se veían estos juegos en televisores antiguos. Y aquí es donde empiezan las dudas. El filtro CRT, que debería ser uno de los grandes aliados para recrear esa estética clásica, se queda lejos de lo esperado. No termina de reproducir con precisión la suavidad ni el comportamiento de las pantallas originales, y en algunos casos incluso juega en contra, emborronando la imagen o dificultando la lectura de textos. Es uno de esos añadidos que están ahí porque se esperan, pero que no acaban de integrarse con naturalidad en la experiencia.
Algo parecido ocurre con los formatos de imagen. Se agradece poder ajustar la presentación, pero el modo panorámico deja claro por qué estos juegos estaban pensados para proporciones concretas. Forzar la pantalla completa rompe la composición visual, estira los sprites y genera una sensación artificial que desentona con el conjunto. Es una opción disponible, sí, pero claramente no es la forma en la que estos títulos deberían jugarse.


El apartado sonoro de Marvel MaXimum Collection funciona, en gran medida, como una cápsula del tiempo bastante fiel a lo que fueron estas producciones en su momento.
Esto, como ocurre en lo visual, genera sensaciones muy distintas según el juego. En los títulos arcade, especialmente en X-Men: The Arcade Game, el sonido sigue teniendo una presencia potente. En Captain America and The Avengers, el enfoque es similar, aunque con un matiz interesante: la música se adapta con cierta intención al ritmo de la acción, algo que en su momento no era tan habitual.
El salto a consolas domésticas introduce más contrastes. En Spider-Man & Venom: Maximum Carnage, la banda sonora destaca por su personalidad, con una clara intención de alejarse del sonido más arcade y apostar por algo con más identidad, con temas más cañeros que encajan con el tono del juego y su estética noventera. Curiosamente, su secuela, Separation Anxiety, pierde parte de ese impacto.

Donde el sonido también juega un papel interesante es en Spider-Man/X-Men: Arcade’s Revenge. Aunque el juego no destaque especialmente en lo jugable, su banda sonora sí consigue aportar algo de carácter. Y luego está Silver Surfer, con una banda sonora está muy por encima de lo que cabría esperar, con composiciones complejas y pegadizas que elevan el conjunto incluso cuando lo jugable se vuelve frustrante.
Más allá de cada juego, la colección incluye un reproductor musical que permite escuchar las bandas sonoras de forma independiente. Es un añadido sencillo, pero bastante agradecido, sobre todo en una recopilación donde la música tiene tanto peso en la identidad de cada título. Poder revisitar estos temas sin la presión de la dificultad o la repetición jugable añade un valor extra que encaja bien con la idea de preservación.


Marvel MaXimum Collection es una de esas recopilaciones que se mueven constantemente entre el valor histórico y la irregularidad de su contenido. Tiene algo muy atractivo en la idea de recuperar juegos que llevaban años fuera de circulación y ponerlos de nuevo al alcance de cualquiera, con mejoras que suavizan la experiencia y permiten disfrutarlos sin las barreras originales. Pero al mismo tiempo, la selección no termina de sentirse cohesionada ni especialmente representativa, y eso hace que el conjunto dependa más de la nostalgia que de su calidad real como propuesta actual.




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