
Han pasado casi nueve años desde que Xenoblade Chronicles 2 llegó a Nintendo Switch, y ahora toca volver a Alrest con una versión que aprovecha las posibilidades de Nintendo Switch 2.
Como han pasado ya casi una década, Xenoblade Chronicles 2 necesitaba especialmente una puesta al día en el apartado técnico, y esta versión aprovecha el salto generacional para ofrecer una experiencia mucho más sólida visualmente. A las mejoras gráficas se suman además algunos ajustes y revisiones que afectan a la experiencia original, haciendo que esta sea una ocasión especialmente interesante tanto para quienes nunca se adentraron en Alrest como para quienes ya conocen de memoria la aventura de Rex y compañía.
Porque si algo ha conseguido Xenoblade con el paso de los años es convertirse en una de esas sagas JRPG capaces de dejar huella. Sus enormes mundos, sus combates, sus personajes y, sobre todo, su forma de construir historias que terminan creciendo hasta alcanzar dimensiones épicas han hecho que sus entregas sean de esas experiencias que uno quiere llevar hasta el final pese a las muchas horas que tienen por delante. Xenoblade Chronicles 2 fue uno de los títulos que contribuyó decisivamente a consolidar esa identidad y, casi una década después, Nintendo nos brinda la oportunidad de regresar a él con una versión más preparada para los tiempos actuales.
Así que toca comprobar qué tal le ha sentado el salto a Nintendo Switch 2 a una aventura que ya sorprendió a propios y extraños en 2017. Porque una cosa es recuperar un clásico tal y como lo recordábamos y otra muy distinta descubrir cuánto puede cambiar la experiencia cuando se corrigen algunas de sus carencias más evidentes y se le da el empujón técnico que llevaba tiempo pidiendo. Y eso es precisamente lo que vamos a analizar en esta nueva versión de Xenoblade Chronicles 2.

Xenoblade Chronicles nos sitúa en Alrest, un mundo en la humanidad fue expulsada del Elíseo y, desde entonces, sobrevive en un inmenso mar de nubes sobre el que flotan gigantescos titanes. Pero esos titanes no es simplemente un escenario, sino que funciona al mismo tiempo como país, ecosistema y criatura viviente. Civilizaciones enteras han construido su hogar sobre ellos, mientras las distintas facciones compiten por sus propios intereses en un mundo que parece condenado a desaparecer poco a poco.
En mitad de este escenario conocemos a Rex, un joven buceador que, pese a su edad, ya tiene bastante experiencia sobreviviendo por su cuenta. Vive sobre su propio titán, que utiliza tanto como hogar como medio de transporte, y se gana la vida recuperando reliquias del fondo del mar de nubes. Buena parte de lo que consigue se lo envía a su tierra natal para ayudar a sus habitantes a vivir un poco mejor, así que cuando recibe un encargo especialmente bien pagado no se lo piensa demasiado. Lo que no sabe es que aceptar ese trabajo va a cambiar su vida para siempre.

La misión, como era de esperar, termina saliendo bastante peor de lo previsto. Rex es traicionado y muere, pero ahí aparece Pyra, una misteriosa Blade que decide devolverle la vida a cambio de una promesa: llevarla hasta el Elíseo, el territorio divino situado en lo alto del Árbol de la Vida. Ese pacto transforma a Rex en Piloto y convierte a Pyra en mucho más que una compañera de viaje: ella será una de las figuras fundamentales alrededor de las que terminará girando toda la historia.
Rex y Pyra irán recorriendo Alrest mientras conocen a nuevos aliados, enemigos y facciones que tienen sus propios intereses en un mundo marcado por los conflictos y las guerras. El viaje también irá sacando a la luz secretos cada vez más oscuros y amenazas capaces de poner en peligro la propia existencia de ese mundo, convirtiéndose en una historia sobre la supervivencia, el pasado de sus protagonistas y el verdadero significado del lugar que están buscando.

Aquí es donde Xenoblade Chronicles 2 demuestra una de sus principales virtudes. Su narrativa tiene una personalidad bastante diferente a la de la primera entrega y, aunque durante buena parte de la aventura apuesta por un tono más ligero, poco a poco va cambiando de registro. El problema es que tarda bastante en hacerlo. Las primeras horas recurren con frecuencia a clichés muy reconocibles de la animación japonesa y determinadas situaciones pueden resultar demasiado desenfadadas para quienes esperen desde el principio la intensidad dramática de la primera aventura.
Pero, conforme pasan las horas, la trama se vuelve progresivamente más oscura, las relaciones entre las distintas facciones evolucionan y los acontecimientos comienzan a encajar entre sí con una precisión que termina sorprendiendo. Los giros argumentales se suceden, aparecen nuevas piezas que obligan a reinterpretar lo que creíamos saber y los personajes adquieren una profundidad que va mucho más allá de la primera impresión.


Xenoblade Chronicles 2 rompió el esquema de los JRPG por su sistema de combate y la importancia que tienen los Blades, manifestaciones etéricas que adquieren una forma física, una personalidad y diferentes poderes dependiendo del individuo. Pueden tener apariencia humana, adoptar la forma de una criatura o incluso parecer auténticos autómatas, pero todos comparten una característica: están vinculados a un arma que utilizan para canalizar su poder. El personaje que establece ese vínculo recibe el nombre de Piloto, y puede hacerlo mediante los Cristales Primordiales que encontramos durante la aventura.

Aquí aparece uno de los sistemas más particulares de Xenoblade Chronicles 2, y también uno de los que más controversia generó en su momento: la obtención de Blades funciona mediante una mecánica de tipo gacha. Tenemos una cantidad enorme de Cristales Primordiales que podemos activar y nunca sabemos qué Blade obtendremos de cada uno. Algunos son bastante comunes y tienen una utilidad limitada, mientras que otros son mucho más raros y pueden aportar habilidades especialmente valiosas al grupo. No se trata únicamente de conseguir nuevos compañeros para combatir: cada Blade posee determinadas aptitudes de campo que pueden resultar necesarias para avanzar por determinadas zonas o conseguir recursos.

Así, nos encontramos con habilidades como Salto, Cocina, Cultura Nopon, Ictiología y muchas otras que convierten a los Blades en una herramienta fundamental para explorar Alrest. La idea funciona y consigue que la colección tenga una utilidad real más allá del simple coleccionismo, aunque también puede generar situaciones algo frustrantes cuando queremos acceder a una determinada zona y nos encontramos con que necesitamos una combinación concreta de habilidades que no tenemos disponible.
Esto se relaciona con el combate, pues precisamente el sistema gira precisamente alrededor de aprovechar estas posibilidades. Cada Piloto puede llevar hasta tres Blades preparados antes de entrar en batalla, y cada uno de ellos dispone de tres Artes propias. De esta forma, mantenemos nueve Artes disponibles, como ocurría en la primera entrega, pero ahora podemos cambiar de Blade durante el combate para adaptar nuestra estrategia a cada situación. Cada uno utiliza un arma diferente, tiene sus propias Artes y está asociado a un determinado elemento y rol.
Por ejemplo, Rex puede utilizar a Pyra como una opción ofensiva especialmente efectiva contra enemigos débiles al fuego, pero si la situación exige mantener con vida al grupo será mucho más conveniente recurrir a un Blade de carácter sanador. Si, por el contrario, tenemos delante un enemigo vulnerable al hielo, disponer de un Blade con ese elemento puede marcar la diferencia. El juego obliga constantemente a prestar atención a lo que tenemos delante y a construir una combinación de personajes y Blades que cubra las necesidades del momento.

Los roles también son importantes. Un Blade puede estar orientado a ejercer de tanque y absorber los ataques, mientras otro se especializa en curar y un tercero apuesta por el daño. A esto se suma el sistema de combos y cadenas elementales, que permite encadenar ataques especiales de distintos elementos para generar efectos cada vez más poderosos. Cuando finalmente entendemos cómo funcionan las cadenas y empezamos a combinar Artes, elementos y cambios de Blade con soltura, el combate se transforma en uno de los sistemas más profundos y satisfactorios de toda la saga.
Eso sí, llegar hasta ese punto requiere paciencia. Xenoblade Chronicles 2 no es precisamente un juego que se esfuerce por ser accesible durante sus primeras horas. El sistema va introduciendo sus posibilidades poco a poco y tarda bastante en enseñar todas sus cartas, de modo que es perfectamente posible terminar las primeras batallas con la sensación de que estamos haciendo demasiadas cosas sin comprender del todo por qué.
Pero cuando finalmente hacemos clic con el sistema, la sensación cambia por completo. Las nuevas Artes, los combos, las cadenas y las posibilidades que ofrecen los distintos Blades convierten los enfrentamientos en auténticos espectáculos estratégicos. Y aquí el trabajo en equipo resulta fundamental: solo podemos llevar hasta tres luchadores aliados simultáneamente, por lo que equilibrar los roles y conseguir una buena sinergia entre ellos es esencial para sobrevivir a los combates más exigentes. Una mala preparación puede convertir un enfrentamiento aparentemente sencillo en un auténtico desastre, especialmente cuando aparece algún monstruo que nos saca treinta niveles de ventaja y nos recuerda que, quizá, enfrentarnos a él no era la mejor idea.

La exploración es otro de los grandes atractivos. Alrest está formado por escenarios gigantescos construidos sobre los titanes, y Monolith Soft vuelve a demostrar aquí una habilidad casi única para diseñar mundos que transmiten la sensación de estar vivos. Sus dimensiones invitan constantemente a desviarse del camino principal para descubrir criaturas únicas, secretos, objetos y misiones secundarias. Estas últimas siguen estando lejos de ser lo mejor que ofrece el juego —muchas son bastante genéricas—, pero sirven como excusa para perderse por unos escenarios que, por diseño artístico y escala, continúan siendo una auténtica maravilla.
Además, esta edición para Nintendo Switch 2 introduce un pequeño pero muy bienvenido cambio en las habilidades de campo. El juego reconoce de forma más automática las aptitudes disponibles para la exploración, reduciendo la necesidad de detener constantemente nuestro recorrido para gestionar Blades y cumplir requisitos concretos. Parece un detalle menor, pero mejora bastante el ritmo de la aventura y elimina parte de esa gestión repetitiva que podía resultar especialmente molesta en el original.

Y después tenemos la principal novedad jugable de esta edición: Asalto Merc. El modo parte del sistema de misiones Merc Merc que ya conocíamos. En el juego original podíamos enviar nuestros Blades a misiones para conseguir recursos e ingresos mientras estaban temporalmente fuera de nuestro grupo, llegando en ocasiones a tener que esperar más de treinta minutos para recuperarlos. Ahora podemos participar directamente en esas operaciones y controlar a los propios Blades.
El cambio de ritmo es considerable. Asalto Merc permite manejar hasta seis Blades y apuesta por una fórmula mucho más directa, cercana a un hack and slash pausado. Podemos cambiar de un Blade a otro en tiempo real, lanzar ataques, utilizar habilidades, recoger orbes y aprovechar las circunstancias del combate para completar las misiones en unos diez minutos.
Este modo también sirve para introducir a MOMO, una nueva Blade inspirada claramente en el personaje de Xenosaga, otra de las franquicias de Monolith Soft. Puede adoptar formas vinculadas a los elementos Luz y Sombra y combina funciones de sanadora y atacante, además de contar con su propia misión de historia.

Por si fuera poco, completar la primera misión de Asalto Merc desbloquea nuevos aspectos para Pyra y Mythra, con cambios en el color del cabello y los ojos y unos diseños algo más elegantes y menos reveladores. También pueden obtenerse mediante sus amiibos.
Todo ello se suma a una base jugable que sigue siendo tremendamente ambiciosa. Estamos ante un JRPG que supera fácilmente las 70 horas si nos detenemos en sus contenidos secundarios y que ofrece una enorme cantidad de posibilidades de personalización, equipamiento, Blades, Artes, ataques especiales y combinaciones de equipo.


Si había un apartado en el que Xenoblade Chronicles 2 necesitaba urgentemente una puesta al día, era este. El juego ya era un JRPG enorme y visualmente ambicioso cuando llegó a Nintendo Switch en 2017, pero también fue uno de los títulos que más evidenció las limitaciones técnicas de la consola. Especialmente en portátil, donde la imagen podía llegar a ser tan borrosa y pixelada que costaba apreciar todo el trabajo que Monolith Soft había puesto en construir Alrest. Casi nueve años después, Nintendo Switch 2 cambia por completo la situación.
La imagen es mucho más limpia y nítida, con una resolución interna considerablemente superior antes de aplicar el reescalado mediante DLSS. En televisión, el juego alcanza una salida de 4K reescalados y mantiene como objetivo los 60 fps, consiguiendo que los enormes escenarios de Alrest luzcan como probablemente deberían haberlo hecho desde el principio. Las texturas no son nuevas, pero sí presentan una mayor definición gracias a la resolución y a unos filtros de textura mejorados, mientras que elementos como la iluminación, las sombras y los efectos gráficos ganan bastante presencia.

En términos de rendimiento, la diferencia con el original también es considerable. Las caídas de rendimiento que podían aparecer en la versión de Nintendo Switch prácticamente han desaparecido y los tiempos de carga son sensiblemente más cortos. Eso no significa que todo sea absolutamente perfecto: todavía aparecen algunos problemas puntuales de frame-pacing y pequeños tirones, especialmente durante determinados momentos de carga de escenarios, en algunas ciudades o cuando las cinemáticas hacen entrar en juego numerosos efectos gráficos al mismo tiempo. También existe cierto traversal stuttering, aunque son situaciones bastante concretas que no llegan a empañar la experiencia general. De hecho, da la sensación de que algunas cinemáticas podrían haber optado por limitarse a 30 fps para evitar parte de estos problemas.
El modo portátil también recibe un lavado de cara importante. Aquí la resolución se sitúa en 1080p reescalados, acompañada igualmente de una tasa objetivo de 60 fps y de una calidad gráfica ligeramente inferior a la del modo televisión. Hay una pequeña pérdida de detalle, como es lógico, pero las diferencias ya no suponen aquel abismo que existía en la primera Nintendo Switch.
Y esto último merece especial atención, porque probablemente era la principal asignatura pendiente de la versión original. En aquella Nintendo Switch, Xenoblade Chronicles 2 podía resultar espectacular en pantalla grande, pero al pasar al formato portátil la imagen sufría muchísimo. La resolución era tan baja que, en determinados escenarios, daba la sensación de estar viendo una versión claramente recortada del mismo juego. No era difícil entender el motivo: hablamos de una aventura gigantesca y técnicamente exigente que apareció cuando la consola apenas comenzaba su andadura, y que terminó quedándose atrás a medida que Nintendo Switch fue recibiendo títulos técnicamente más avanzados.

Ahora esa diferencia prácticamente desaparece. Tanto en televisión como en portátil tenemos una presentación mucho más consistente, sin necesidad de escoger entre una versión claramente superior y otra que obligue a hacer sacrificios importantes. El juego se ve bien en ambos formatos y, sobre todo, permite apreciar mejor el enorme trabajo artístico que había detrás de Alrest.
La actualización también se extiende a Torna: The Golden Country, que recibe estas mejoras de manera gratuita tanto si tenemos la expansión en formato físico como si la adquirimos digitalmente junto a Xenoblade Chronicles 2. Es un detalle que se agradece y que permite disfrutar de todo el contenido asociado al juego con una presentación acorde a las posibilidades de Nintendo Switch 2.


Si hay un apartado en el que Xenoblade Chronicles 2 ya era difícil de reprochar algo en 2017, ese es el sonoro. La nueva versión para Nintendo Switch 2 mantiene intacta una de las grandes virtudes de la aventura: una banda sonora extraordinaria que vuelve a contar con Yasunori Mitsuda al frente y que sigue teniendo la misma capacidad para acompañar cada momento de la historia.
La música apuesta en buena medida por composiciones melancólicas, con el piano adquiriendo un protagonismo especial y aportando una sensibilidad que encaja perfectamente con el tono de muchas de las situaciones que vivimos junto a Rex y compañía. Son melodías que no necesitan llamar constantemente la atención para funcionar y que, incluso años después del lanzamiento original, permanecen en la memoria.

Mención especial merece su tema principal, que sigue siendo una de esas piezas capaces de definir por sí sola la identidad de un juego. De hecho, nos parece una de las composiciones más bonitas de toda la saga Xenoblade. Una melodía que resume bastante bien lo que consigue hacer la banda sonora en su conjunto: acompañar la aventura sin limitarse a ser un simple fondo musical y darle a determinados momentos una carga emocional mucho mayor.
En una saga acostumbrada a contar con bandas sonoras de enorme calidad, Xenoblade Chronicles 2 no solo mantiene el nivel, sino que demuestra que algunas de sus composiciones han envejecido especialmente bien. Nintendo Switch 2 mejora la presentación general del juego, pero aquí no hacía falta reinventar nada: la música de Yasunori Mitsuda ya era uno de sus grandes aciertos y sigue siendo, casi una década después, uno de los elementos más memorables de la aventura.


Xenoblade Chronicles 2 llega a Nintendo Switch 2 en una versión que consigue darle por fin el acabado técnico que necesitaba para lucir como siempre debió. Su enorme mundo, una historia que gana fuerza a medida que avanza y un sistema de combate profundo y lleno de posibilidades siguen siendo sus principales virtudes, mientras que las mejoras de rendimiento, la nueva gestión de las habilidades de campo y el añadido de Asalto Merc redondean una experiencia especialmente recomendable tanto para descubrir Alrest por primera vez como para regresar a él.




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