
Hay géneros que parecen diseñados para no dar un segundo de respiro, y el shoot’em up es uno de ellos. Su combinación de velocidad, acción y adrenalina ha convertido el caos en una de sus principales señas de identidad, con referentes como Hotline Miami y su secuela, capaces de llevar esa fórmula hasta extremos especialmente intensos gracias a su estética psicodélica, su narrativa y, sobre todo, una jugabilidad tan exigente como adictiva.
Precisamente, Kusan: City of Wolves parte de esa misma filosofía y no intenta ocultar sus influencias. El título desarrollado por CIRCLEfromDOT y publicado por PQube apuesta por una perspectiva top-down y por enfrentamientos frenéticos en los que cada habitación se convierte en un pequeño campo de batalla. Entrar, localizar a los enemigos, disparar antes de que ellos lo hagan y avanzar al siguiente escenario es la base de una propuesta que entiende perfectamente que, en este tipo de juegos, la velocidad también forma parte del desafío.
Sin embargo, quedarse únicamente con su evidente inspiración en Hotline Miami sería reducir demasiado su propuesta. El estudio coreano construye alrededor de esa fórmula una ambientación neofuturista con suficiente personalidad y una historia que acompaña a la acción durante toda la aventura. El resultado busca recuperar esa sensación de poder propia del cine de acción, pero sin convertir al jugador en alguien invulnerable.

Kusan: City of Wolves nos lleva hasta Kusan, una megalópolis de estética ciberpunk donde las luces de neón conviven con la corrupción, el crimen organizado y unas cuantas corporaciones con demasiado poder. La ciudad está habitada por animales antropomorfos, principalmente lobos, que han convertido sus propios cuerpos en extensiones de una sociedad cada vez más tecnológica. En este escenario conocemos a Jin, un veterano de guerra que, después de una misión desastrosa en la que perdió a buena parte de su escuadrón, ha quedado marcado por su pasado y se gana la vida como mercenario.
Jin intenta mantenerse al margen de los problemas de Kusan, aceptando trabajos que le permitan seguir adelante y, de paso, ayudar a quienes se ven atrapados por las distintas organizaciones criminales de la ciudad. Uno de esos encargos parece bastante sencillo: encontrar a la hermana de un cliente. La situación cambia por completo cuando aparece Haru, una joven perseguida por diferentes facciones y que esconde en su interior un poder psíquico capaz de alterar el equilibrio de Kusan. Lo que parecía un trabajo más para un mercenario termina convirtiéndose en una operación mucho más peligrosa, con grupos terroristas, mafias y antiguos compañeros de Jin involucrados.

El pasado del protagonista tiene bastante peso en la historia. Los recuerdos de aquella misión que acabó con la vida de sus compañeros aparecen constantemente en forma de flashbacks, y poco a poco descubrimos que aquel acontecimiento está mucho más relacionado con los conflictos actuales de lo que podría parecer inicialmente. La conexión entre Jin y el líder terrorista, junto con el verdadero propósito de Haru, introduce una capa de misterio que funciona como uno de los principales motivos para seguir avanzando.
Sobre el papel, la premisa puede sonar familiar: un soldado retirado con un pasado traumático que vuelve a la acción cuando un encargo termina convirtiéndose en algo personal. Kusan: City of Wolves tampoco pretende reinventar este tipo de relatos de acción, pero sí consigue llevarlos algo más lejos de lo esperado. Los giros, los recuerdos del protagonista y algunos personajes que aparecen durante la aventura hacen que la historia tenga suficiente recorrido como para no quedar relegada a un simple pretexto entre tiroteo y tiroteo.
Y ahí está una de las sorpresas del juego. Entrando en él esperando que todo el peso recaiga sobre los disparos, resulta fácil descubrir que la narrativa tiene bastante más que ofrecer. Jin no deja de ser un mercenario que puede abrirse paso a tiros por media ciudad, pero detrás de esa fachada hay una historia de culpa, pérdida y búsqueda de redención que va ganando importancia conforme salen a la luz los acontecimientos del pasado. La fórmula es reconocible, pero el misterio alrededor de Kusan y la evolución de sus personajes consiguen mantener el interés hasta el final.


La jugabilidad de Kusan: City of Wolves es sencilla: avanzar por diferentes escenarios, entrar en salas repletas de enemigos y acabar con todos antes de poder continuar. Lo interesante está en cómo convierte cada una de esas habitaciones en un pequeño rompecabezas de reflejos, posicionamiento y planificación. No hay barra de vida y Jin muere de un solo golpe, exactamente igual que la mayoría de sus enemigos, por lo que cada enfrentamiento obliga a reaccionar rápido y, sobre todo, a aprender de los errores.

La muerte forma parte de la experiencia y el juego consigue que los reinicios sean prácticamente inmediatos, evitando que el ensayo y error se convierta en una espera constante. Eso es especialmente importante porque Kusan: City of Wolves es un juego difícil. Cada capítulo reúne varios escenarios y los puntos de control se obtienen al completar una zona, de manera que podemos encontrarnos repitiendo una habitación una y otra vez hasta memorizar cada posición enemiga. Puede ocurrir perfectamente que después de varios intentos lleguemos al último rival de una sala y un error nos obligue a empezar de nuevo.
La clave está precisamente en aprender a leer cada escenario. Antes de lanzarnos a disparar sin pensar conviene localizar a los enemigos, identificar cuáles representan una amenaza inmediata y decidir por dónde queremos movernos. Algunos rivales llevan escudos, otros son resistentes a determinados ataques y también encontramos enemigos que explotan al morir. A medida que avanzamos aparecen nuevas amenazas capaces de atacar con cuchillos, rifles, lanzacohetes, embestidas o láseres, obligándonos a modificar constantemente nuestra forma de afrontar los combates. El diseño de los niveles acompaña esta progresión y va introduciendo situaciones que cambian las reglas habituales, como avanzar por un edificio completamente a oscuras o enfrentarnos a enemigos mientras esquivamos el tráfico de las calles.

Para responder a estas situaciones, Jin cuenta con varias herramientas de combate. Sus puños son especialmente útiles a corta distancia y pueden acabar con un enemigo de un solo golpe, además de permitir cargar ataques para lanzar objetos del escenario o derribar determinadas paredes. El cuchillo también mata de un impacto y permite atacar a una distancia mayor, aunque solo disponemos de uno y tendremos que recuperarlo después de lanzarlo. El arsenal de armas de fuego amplía todavía más las posibilidades, con pistolas, revólveres, escopetas, ballestas y otras herramientas que aportan alcance y potencia a cambio de consumir munición y, en determinados casos, necesitar más de un impacto para acabar con un enemigo.

Esa variedad resulta importante porque el juego recompensa la adaptación más que el uso sistemático de una única herramienta. Una sala puede resolverse mejor utilizando el cuchillo para eliminar rápidamente a un objetivo peligroso, mientras que en otra será preferible aprovechar el entorno o mantener las distancias con un arma de fuego. El brazo protésico de Jin también amplía sus posibilidades ofensivas y, conforme progresamos, podremos desbloquear nuevas habilidades y mejoras utilizando los tornillos que encontramos durante los niveles.
Aquí entra uno de los sistemas más interesantes de Kusan: City of Wolves: el inventario limitado. Las mejoras, habilidades y armas ocupan diferentes cantidades y formas dentro de una cuadrícula, por lo que no basta con desbloquear todo lo que encontremos. Hay que decidir qué queremos llevar y, además, cómo colocar cada pieza para aprovechar correctamente el espacio disponible. El sistema recuerda inevitablemente al inventario de Resident Evil 4, pero funciona aquí como una parte más de la estrategia.

Los propios niveles ofrecen recursos y objetos ocultos que permiten ampliar ese espacio o hacer que determinadas mejoras ocupen menos. También existe un componente de experimentación bastante interesante: al comienzo de algunos niveles determinadas armas o habilidades pueden ofrecer una bonificación de puntuación, animándonos a probar combinaciones que quizá no utilizaríamos habitualmente. Todo ello tiene un objetivo claro para quienes quieran exprimir el juego: conseguir los rangos más altos, incluido el SS, que exige dominar tanto el combate como la configuración del inventario.

Los jefes son otro de los puntos fuertes. Los enfrentamientos abandonan por momentos la estructura habitual de las salas y obligan a aprender patrones de ataque, controlar el espacio y reconocer cuándo es el momento adecuado para atacar. Algunos pueden sorprender con ataques inesperados e incluso romper nuestras expectativas durante las propias conversaciones. La dificultad aumenta considerablemente, pero también lo hace la sensación de progreso: después de morir varias veces contra un jefe, identificar sus patrones y terminar superándolo transmite con claridad que hemos aprendido algo durante esos intentos.
La exploración, en cambio, tiene un peso bastante reducido. Hay habitaciones secretas y pequeños puzles, como algunos basados en secuencias de colores, pero Kusan: City of Wolves no pretende convertirse en una aventura de exploración. Todo está diseñado para mantenernos en movimiento y devolvernos rápidamente a la acción. La estructura de tres capítulos, divididos en distintos escenarios y salas, favorece precisamente ese ritmo directo.

La duración también depende mucho de nuestra habilidad. Una partida sin demasiadas muertes puede completarse en unas dos o tres horas, mientras que el aprendizaje de cada sala y los numerosos reinicios pueden llevar fácilmente la experiencia por encima de las ocho horas. A esto se suma la rejugabilidad para quienes quieran conseguir las mejores puntuaciones, encontrar todos los recursos, perfeccionar sus parries o mejorar sus propios tiempos. Kusan: City of Wolves no necesita una campaña interminable para mantenernos jugando: su verdadera duración está en todo lo que nos propone dominar después de haber aprendido lo básico.


Visualmente, Kusan: City of Wolves apuesta por un pixel art visto, con escenarios cargados de detalles, colores intensos y una iluminación dominada por los neones que encaja perfectamente con la decadencia de Kusan. La lluvia constante, los callejones, los interiores iluminados con carteles y los distintos elementos del escenario consiguen que la ciudad tenga una identidad reconocible sin necesidad de recurrir a un despliegue gráfico especialmente ambicioso.
La estética ciberpunk está muy presente, pero CIRCLEfromDOT consigue evitar que todo se reduzca a una sucesión de neones y calles oscuras. Los escenarios cambian bastante entre sí y encontramos desde bares y clubes nocturnos hasta laboratorios ocultos y diferentes interiores de edificios. Muchos están llenos de NPCs que hacen su vida mientras nosotros nos abrimos paso a tiros, además de objetos y elementos decorativos que pueden acabar destrozados durante los enfrentamientos.

El diseño de los personajes también tiene bastante personalidad. Al tratarse de una ciudad habitada por animales antropomorfos, el juego tiene margen para jugar con diseños que se alejan de los habituales dentro del género. Hay personajes especialmente llamativos, como el vendedor de armas que utiliza un par de pistolas a modo de cuernos, pero lo más importante es que esta creatividad también tiene una función jugable. Los enemigos se diferencian visualmente con bastante claridad, de modo que normalmente podemos reconocer de un vistazo qué tipo de amenaza tenemos delante y anticipar cómo puede atacarnos.
La violencia tampoco pasa precisamente desapercibida. Los combates están acompañados por una cantidad considerable de sangre y efectos bastante contundentes, con enemigos que pueden acabar literalmente explotando en una auténtica lluvia de vísceras. Es un recurso coherente con la brutalidad de la propuesta y con esa inspiración en Hotline Miami, aunque la intensidad de algunas ejecuciones puede resultar excesiva para quienes no disfruten especialmente de este tipo de representación.
Fuera de los niveles, la narrativa adopta una presentación diferente y apuesta por viñetas con estética de cómic para contar determinados momentos de la historia. Es una elección que encaja muy bien con la personalidad general del juego y permite desarrollar las escenas narrativas sin romper demasiado el ritmo de una aventura que está constantemente empujándonos hacia el siguiente enfrentamiento.


El apartado sonoro de Kusan: City of Wolves cumple una función bastante más importante de lo que podría parecer en un juego donde la pantalla está constantemente llena de disparos, enemigos y sangre. Los efectos de sonido están bien integrados en la acción y ayudan a interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor incluso cuando no tenemos a todos los enemigos dentro de nuestro campo de visión.
Esta información adicional resulta muy valiosa durante los combates. Determinados sonidos permiten identificar que tenemos enemigos cerca o reconocer cuándo podemos utilizar algunas de nuestras habilidades, de modo que el audio se convierte en una herramienta más para sobrevivir. En un juego donde memorizar posiciones y reaccionar a tiempo es fundamental, poder detectar una amenaza que está fuera de pantalla puede marcar la diferencia entre completar una sala o volver a empezar.

Los enfrentamientos están acompañados además por efectos bastante contundentes. Los disparos tienen suficiente presencia, los impactos transmiten fuerza y los enemigos reaccionan con sonidos que ayudan a reforzar la sensación de violencia que caracteriza a la propuesta. No hay doblaje de voces que acompañe las cinemáticas, pero Kusan: City of Wolves tampoco depende de ello para transmitir lo que sucede: el propio diseño sonoro se encarga de poner énfasis en el caos que se desata durante las batallas.
La música es algo más irregular. La banda sonora alterna entre momentos tranquilos, con melodías más relajadas y protagonizadas por guitarras, y composiciones mucho más caóticas que buscan acompañar la intensidad de los enfrentamientos. Sobre el papel, esta variedad encaja con los cambios de ritmo de la aventura, aunque pocas melodías terminan dejando una huella especialmente memorable. La música de la base del protagonista es probablemente la excepción, en parte porque es uno de los lugares donde pasaremos más tiempo hablando con NPCs, comprando mejoras y preparando nuestro siguiente movimiento.


Kusan: City of Wolves sabe muy bien qué quiere ofrecer y, aunque sus referencias a Hotline Miami son evidentes, consigue construir una personalidad propia gracias a su ambientación ciberpunk, su estética pixel art y una jugabilidad que convierte cada sala en un pequeño ejercicio de reflejos, estrategia y aprendizaje. La historia sorprende por tener más peso y misterio del esperado, mientras que el sistema de inventario y la variedad de armas aportan profundidad a unos combates rápidos y exigentes. No todo funciona al mismo nivel: algunos errores técnicos pueden echar por tierra un intento, la banda sonora resulta menos memorable que el apartado visual y ciertas opciones de accesibilidad se quedan cortas. Aun así, CIRCLEfromDOT ha conseguido crear una experiencia directa, violenta y tremendamente adictiva que recompensa la perseverancia y que resulta especialmente recomendable para quienes disfrutan de los desafíos basados en aprender, morir y volver a intentarlo.




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