
Hay un dicho muy popular en España que reza: «Los experimentos, con gaseosa». Una expresión que nos recuerda que mezclar elementos diferentes o probar fórmulas nuevas siempre entraña ciertos riesgos. Si hablamos de un videojuego en primera persona que pretende combinar las mecánicas de los soulslike, la acción rápida, los poderes sobrenaturales al estilo BioShock y una ambientación tan interesante como la Europa de las guerras napoleónicas, el resultado puede ser, cuanto menos, prometedor. Precisamente, esa es la apuesta de One More Level, el estudio polaco conocido por la saga Ghostrunner, con Valor Mortis.
Desde su primer tráiler, el título consiguió llamar nuestra atención gracias a una identidad visual que mezcla la fantasía oscura con el terror corporal, además de una propuesta jugable que prometía combinar elementos de diferentes géneros. Ahora, tras su lanzamiento y después de completar la aventura, podemos afirmar que estamos ante una obra con personalidad, capaz de ofrecer combates satisfactorios y una ambientación muy atractiva, aunque también presenta algunas limitaciones que le impiden alcanzar todo su potencial.
La historia de Valor Mortis nos traslada a las guerras napoleónicas, un periodo marcado por los conflictos militares y la expansión del Imperio francés bajo el mando de Napoleón Bonaparte. Sin embargo, en esta reinterpretación sobrenatural de la historia, los campos de batalla esconden una amenaza que va mucho más allá de cualquier conflicto político o militar: los soldados caídos regresan de entre los muertos convertidos en criaturas monstruosas.
Nuestro protagonista es William Dowsett, un soldado del ejército francés que vuelve a la vida gracias a la Nefroglobina, una misteriosa sustancia que no solo le permite escapar de la muerte, sino que también potencia sus capacidades. No obstante, este poder tiene un precio, pues la misma sustancia que ha hecho posible su resurrección amenaza con corromper el mundo y la mente del propio emperador.

A partir de esta premisa, William emprende un viaje para descubrir el origen de la Nefroglobina, comprender qué está sucediendo a su alrededor y encontrar la manera de detener una amenaza que parece extenderse por toda Europa. La aventura combina así elementos históricos con fantasía oscura, horror y una interpretación alternativa de los acontecimientos de la época.
Uno de los mayores aciertos de este planteamiento es precisamente su ambientación. En lugar de recurrir a los escenarios medievales habituales en muchos títulos de corte soulslike, Valor Mortis apuesta por uniformes militares, armas de fuego de época, campos de batalla devastados y poblaciones asoladas por la guerra. Todo ello proporciona una identidad propia a la aventura y permite que sus elementos sobrenaturales destaquen todavía más al contrastar con un contexto histórico reconocible.

El problema es que la narración no siempre está a la altura de las posibilidades que ofrece su premisa. El comienzo resulta bastante potente y despierta el interés por conocer los secretos de este mundo, pero el desarrollo posterior no termina de aprovechar todas las posibilidades de la historia. En ocasiones, da la impresión de que las guerras napoleónicas y la figura de Napoleón funcionan principalmente como un marco estético sobre el que construir la experiencia, en lugar de integrarse de manera más profunda en la trama. La idea de partida es interesante, pero su desarrollo podría haber dado mucho más de sí.

Valor Mortis es un juego de acción en primera persona que combina el combate técnico de los soulslike con armas de fuego y habilidades sobrenaturales inspiradas en propuestas como BioShock. A ello se suman ciertos elementos de movilidad que recuerdan a los anteriores trabajos de One More Level, especialmente a Ghostrunner. La combinación resulta llamativa sobre el papel y, aunque no todas las mecánicas funcionan con la misma precisión, consigue ofrecer una experiencia con personalidad propia.

El sistema de combate es uno de los pilares de la aventura. En nuestra mano derecha llevamos un arma cuerpo a cuerpo, como un sable de caballería o una ropera, con la que podemos ejecutar ataques rápidos y fuertes, bloquear los golpes de los enemigos y realizar paradas precisas. Esta última mecánica resulta especialmente importante, ya que dominar los tiempos de los adversarios es fundamental para sobrevivir a los enfrentamientos más exigentes.
Los enemigos cuentan con una barra de postura que podemos reducir mediante ataques y bloqueos ejecutados en el momento adecuado. Cuando conseguimos agotarla, quedan expuestos a un golpe especial que inflige una cantidad considerable de daño. De este modo, no basta con atacar sin descanso: debemos estudiar los movimientos de nuestros rivales, reconocer sus patrones y encontrar el momento oportuno para contraatacar.

A estas posibilidades se suma la esquiva, que nos permite desplazarnos rápidamente en cualquier dirección para evitar los ataques que no podemos bloquear. Identificarlos no suele resultar complicado, ya que los golpes más peligrosos se anuncian mediante un aura roja alrededor del enemigo. Saber cuándo mantener la posición y cuándo apartarnos es esencial, sobre todo frente a adversarios capaces de castigarnos con mucha contundencia.
Todo ello está condicionado por la barra de resistencia, que se consume al atacar, bloquear y esquivar. Si agotamos esta reserva, nuestro personaje queda temporalmente en una situación muy vulnerable. Por eso, aunque el juego presenta una acción relativamente rápida, es necesario medir cada movimiento y evitar gastar toda nuestra resistencia en una sucesión de ataques que nos deje sin capacidad de reacción.
El resultado es un combate que, una vez dominado, puede llegar a ser muy satisfactorio. La perspectiva en primera persona aporta una sensación de cercanía a los enfrentamientos y obliga a prestar atención a los movimientos de los rivales, aunque también hace que algunos errores de posicionamiento resulten especialmente frustrantes.
El sistema de combate no se limita a las armas cuerpo a cuerpo. También podemos utilizar pistolas y escopetas, que cuentan con sus propias reservas de munición. Estos recursos son limitados, por lo que conviene reservarlos para los enemigos más peligrosos o para aquellas situaciones en las que mantener las distancias resulte más conveniente que enfrentarse directamente al adversario.
Algunas armas presentan características particulares que condicionan su uso. Es el caso del mosquete, que requiere emplear ambas manos y ofrece una alternativa diferente a las armas más rápidas y manejables. Esta variedad permite adaptar nuestra forma de combatir a las circunstancias, aunque la gestión de la munición nos obliga a no depender exclusivamente de los ataques a distancia.
La otra gran particularidad de la propuesta son las transmutaciones, unas habilidades sobrenaturales que recuerdan a los plásmidos de BioShock. Gracias a ellas podemos desencadenar poderes como lanzar fuego o generar escudos, ampliando nuestras posibilidades tanto durante los enfrentamientos como en determinados momentos de la exploración.

Estas habilidades consumen Nefroglobina, un recurso limitado que debemos administrar con cuidado. No podemos recurrir constantemente a los poderes más potentes sin preocuparnos por sus consecuencias, por lo que conviene alternarlos con los ataques convencionales y aprovechar las oportunidades para recuperar el recurso necesario. Además, algunas transmutaciones permiten interactuar con el entorno o superar determinados obstáculos, de modo que su utilidad va más allá del combate.
La combinación de espada, armas de fuego y poderes especiales aporta variedad a los enfrentamientos y nos permite alternar diferentes estrategias. Sin embargo, el sistema necesita que aprendamos a gestionar correctamente todos estos recursos, algo que cobra especial importancia a medida que aumenta la dificultad.

Como buen soulslike, Valor Mortis hace de la muerte una parte fundamental de su propuesta. A lo largo de la aventura caeremos en numerosas ocasiones, ya sea porque todavía no hemos aprendido los patrones de un enemigo, por cometer un error durante un combate o por las trampas y peligros ambientales que encontramos en los escenarios. El fuego y el veneno, entre otros elementos, pueden acabar con nosotros si no prestamos suficiente atención.
Para ayudarnos a progresar, el juego incluye puntos de control representados por relojes de arena que cumplen una función similar a las hogueras de Dark Souls. Estos lugares nos permiten recuperar fuerzas, reponer recursos, gestionar nuestra progresión y regresar a ellos cuando morimos. Su presencia resulta fundamental para organizar nuestros avances y decidir cuándo merece la pena seguir explorando y cuándo es preferible regresar a un lugar seguro.
La muerte, sin embargo, tiene sus consecuencias. El sistema nos obliga a valorar el riesgo de continuar avanzando cuando llevamos recursos acumulados, ya que perder una vida puede salirnos caro. Esta dinámica refuerza la tensión de la aventura y nos anima a estudiar el entorno antes de lanzarnos a combatir.

La progresión del personaje se articula mediante la experiencia obtenida al derrotar enemigos. Cuando acumulamos los recursos necesarios, podemos subir de nivel y desbloquear mejoras que afectan a distintos aspectos de nuestro rendimiento. Entre ellas encontramos aumentos de salud, resistencia y capacidad para utilizar la Nefroglobina, junto con ventajas más específicas, como recuperar parte de este recurso al atacar, mejorar la resistencia frente a determinados elementos o potenciar los efectos de los viales curativos.
A medida que avanzamos también desbloqueamos ranuras para equipar amuletos, que proporcionan beneficios adicionales y permiten ajustar parcialmente al personaje a nuestras preferencias. Estas mejoras complementan la progresión principal y nos ofrecen cierta libertad para reforzar las características que más utilizamos durante los combates.
El equipamiento puede mejorarse en una iglesia abandonada que funciona como santuario. Allí podemos invertir los materiales que encontramos durante la exploración para aumentar el nivel de nuestras armas y poderes, así como mejorar los viales curativos, tanto en su capacidad como en la cantidad de usos disponibles.

Cada arma tiene sus particularidades, por lo que merece la pena experimentar con distintas opciones en lugar de aferrarnos a una sola combinación. Algunas pueden resultar más útiles en determinados enfrentamientos, mientras que otras encajan mejor con una estrategia centrada en la velocidad, el bloqueo o el uso de armas de fuego.
Aunque estos sistemas aportan opciones para adaptar nuestro estilo de juego, la progresión no siempre mantiene un ritmo satisfactorio. En determinados momentos, las mejoras tardan en llegar y la dificultad puede aumentar antes de que hayamos conseguido las herramientas necesarias para afrontar los nuevos desafíos con garantías.

Los escenarios de Valor Mortis suelen partir de una estructura relativamente lineal, con puntos de descanso desde los que nos adentramos en nuevas zonas y atajos que vamos desbloqueando para regresar con mayor facilidad. Este planteamiento recuerda a otros exponentes del género y recompensa a quienes prestan atención a los caminos secundarios y revisan los lugares por los que pasan.
La exploración es importante porque no todo lo interesante se encuentra en la ruta principal. Por los escenarios aparecen enemigos especiales más resistentes que pueden proporcionar materiales de mayor calidad, piezas para mejorar nuestro equipamiento y recursos relacionados con las habilidades sobrenaturales. También encontramos misiones secundarias que amplían las posibilidades de la aventura y ofrecen motivos adicionales para desviarnos del camino previsto.
Además, algunos espacios permiten afrontar los encuentros desde diferentes posiciones o aprovechar elementos del entorno para obtener ventaja. Esta variedad contribuye a que la exploración no consista únicamente en avanzar de un combate al siguiente, aunque el diseño general sigue siendo bastante guiado y no siempre ofrece el mismo margen para experimentar.

También hay que destacar las secciones centradas en el movimiento y las plataformas. Aunque Valor Mortis pertenece al género soulslike, incorpora momentos en los que debemos saltar, calcular distancias y desplazarnos con rapidez por el escenario. Estas secuencias recuerdan inevitablemente a Ghostrunner, el anterior trabajo del estudio, y aportan un ritmo diferente a la aventura. No obstante, el control del personaje y la precisión que exigen algunos obstáculos pueden provocar situaciones frustrantes, especialmente cuando un pequeño error nos obliga a repetir una sección.
En conjunto, la exploración ofrece suficientes incentivos para investigar los escenarios, aunque el juego podría pulir mejor algunas de sus secciones de plataformas y determinados problemas de posicionamiento. En un título donde la precisión es tan importante, quedarse enganchado accidentalmente contra una roca o un obstáculo durante un combate puede marcar la diferencia entre la victoria y la derrota.
Completar Valor Mortis nos llevará aproximadamente entre 10 y 15 horas, una duración razonable para una aventura de estas características. La cifra puede variar en función de nuestra habilidad, el tiempo que dediquemos a explorar los escenarios y las veces que necesitemos repetir determinados enfrentamientos. A ello se suma el incentivo de regresar a zonas anteriores para buscar materiales, descubrir secretos o completar tareas secundarias que hayamos dejado pendientes. Sin embargo, el principal atractivo de esta posibilidad está en mejorar nuestro equipamiento y afrontar con mayores garantías los desafíos que nos esperan, más que en encontrar una gran variedad de caminos alternativos.

El apartado visual es uno de los grandes atractivos de Valor Mortis. La ambientación de las guerras napoleónicas se combina con una atmósfera de decadencia y corrupción sobrenatural que transforma los paisajes históricos en lugares inquietantes. La grandeza del Imperio francés contrasta con la devastación provocada por la Nefroglobina, dando lugar a una identidad artística que destaca dentro de un género acostumbrado a recurrir a escenarios medievales o de fantasía oscura más convencionales.
Los escenarios presentan una variedad considerable, con pantanos, pequeñas poblaciones, campos de batalla arrasados y otras localizaciones que reflejan las consecuencias de la guerra y de la amenaza que se extiende por el mundo. Esta diversidad ayuda a mantener el interés visual durante la aventura, mientras que la arquitectura, los uniformes y los elementos militares contribuyen a reforzar el contexto histórico.

El diseño de enemigos y personajes también está muy conseguido. Las criaturas que encontramos a lo largo del recorrido muestran diferentes grados de corrupción, desde soldados desfigurados hasta auténticas aberraciones que parecen fusionar cuerpos humanos con elementos de artillería. El resultado es grotesco y perturbador, en consonancia con el tono de terror corporal que define buena parte de la propuesta.
Es cierto que el juego se toma numerosas licencias respecto a la realidad histórica, pero estas encajan dentro de su planteamiento de historia alternativa. La intención no es reproducir fielmente las guerras napoleónicas, sino utilizar ese periodo como base para construir un mundo en el que lo militar, lo sobrenatural y el horror conviven de manera constante.

En términos puramente técnicos, Valor Mortis no pretende convertirse en un referente gráfico, pero ofrece una presentación visual convincente. Los escenarios cuentan con un buen nivel de detalle y la iluminación contribuye a crear una atmósfera opresiva, especialmente en las zonas más oscuras o devastadas. La dirección artística es, en cualquier caso, el elemento que más destaca y el que consigue que el conjunto tenga personalidad propia.
El rendimiento es generalmente correcto, aunque durante nuestras partidas hemos experimentado algunos problemas puntuales. En determinadas ocasiones, especialmente al morir, hemos sufrido tirones que provocaban una pausa antes de aparecer la pantalla correspondiente. También hemos detectado alguna caída de fotogramas en momentos concretos. No han sido problemas constantes durante toda la experiencia, pero sí detalles que convendría pulir para ofrecer una respuesta más consistente, sobre todo en un juego que exige tanta precisión en sus combates y movimientos.

El apartado sonoro acompaña adecuadamente la ambientación y contribuye a reforzar la personalidad de Valor Mortis. La banda sonora alterna piezas ambientales que evocan la época con composiciones que se alejan deliberadamente de la fidelidad histórica e incorporan instrumentos modernos, como las guitarras eléctricas.
Esta combinación encaja con la propia naturaleza del juego. Al igual que sucede con su apartado visual, la intención no es reconstruir de manera estricta el sonido de las guerras napoleónicas, sino utilizarlo como punto de partida para crear una atmósfera oscura y sobrenatural. El contraste entre los elementos tradicionales y los sonidos más contemporáneos ayuda a transmitir esa sensación de encontrarnos en una versión distorsionada de la Europa del siglo XIX.
El doblaje al inglés cuenta con intérpretes de amplia experiencia en la industria del videojuego. Entre ellos encontramos a Jennifer English, conocida por dar voz a Shadowheart en Baldur’s Gate 3, y a James Alexander, que interpreta al protagonista, William Dowsett. También destaca la participación del actor francés Vincent Cassel, encargado de prestar su voz a Napoleón Bonaparte.
En cuanto a los idiomas, el juego dispone de textos en castellano, lo que permite seguir la historia y comprender las indicaciones sin necesidad de recurrir a otros idiomas. De esta forma, el apartado sonoro cumple su cometido y acompaña de manera adecuada a una aventura cuya ambientación constituye uno de sus mayores aciertos.

Valor Mortis es una propuesta interesante que consigue combinar con bastante acierto elementos que, a primera vista, podrían parecer difíciles de encajar. Su combate en primera persona, las armas de época, los poderes sobrenaturales y una ambientación napoleónica marcada por el horror le permiten construir una identidad propia dentro del género soulslike. Cuando sus mecánicas funcionan como deberían, los enfrentamientos resultan exigentes y satisfactorios, y su dirección artística consigue mantener el interés incluso cuando la historia no termina de desarrollar todo su potencial. Sin embargo, los problemas puntuales de rendimiento, ciertas imprecisiones en el movimiento y una progresión que no siempre acompaña al aumento de la dificultad impiden que la experiencia sea tan redonda como podría. Pese a ello, One More Level demuestra que todavía hay margen para experimentar con el género y ofrece una aventura recomendable para quienes busquen un desafío diferente.









Deja una respuesta