Tras conquistar a los aficionados a los videojuegos independientes con propuestas tan particulares como The Binding of Isaac, Super Meat Boy o The End Is Nigh, Edmund McMillen regresa junto a Tyler Glaiel con Mewgenics, una aventura que vuelve a demostrar su habilidad para convertir las ideas más disparatadas en experiencias sorprendentemente adictivas. En esta ocasión, ambos desarrolladores nos proponen formar un ejército de gatos, experimentar con su descendencia y enfrentarnos a toda clase de peligros en un mundo donde el humor más retorcido convive con una enorme profundidad jugable.
Sin embargo, el camino hasta su lanzamiento no ha sido precisamente sencillo. Los orígenes de Mewgenics se remontan a 2012, cuando comenzó a tomar forma un proyecto que acabaría atravesando numerosos cambios y dificultades durante su prolongado desarrollo. Después de tantos años de incertidumbre, lo que podría haber terminado convertido en una propuesta incapaz de cumplir sus ambiciones ha conseguido ofrecer una experiencia con una personalidad arrolladora.

La aventura de Mewgenics nos traslada hasta Boon County, un peculiar lugar donde comenzaremos nuestra andadura al frente de una casa habitada por gatos de toda clase. Nuestra responsabilidad será gestionar esta creciente colonia de felinos, atender sus necesidades y seleccionar a aquellos que consideremos mejor preparados para adentrarse en peligrosas expediciones. A cambio, podremos conseguir experiencia, dinero, equipamiento y otros recursos con los que mejorar nuestras posibilidades de supervivencia. Sin embargo, lo que inicialmente parece una sencilla propuesta de gestión pronto revela una complejidad mucho mayor, especialmente cuando descubrimos que cada animal posee sus propias estadísticas, habilidades, rasgos y particularidades genéticas, muchas de las cuales pueden transmitirse a sus descendientes.
Precisamente, uno de los mayores aciertos del videojuego reside en la estrecha relación que establece entre sus dos grandes vertientes: la crianza y gestión de nuestra colonia, por un lado, y las expediciones y combates tácticos, por otro. Ambas se complementan constantemente, de manera que nuestros progresos durante las aventuras repercuten en lo que sucede en casa, mientras que las decisiones que tomamos con nuestros gatos condicionan las posibilidades de éxito de futuras expediciones. Así, lo que podría haberse quedado en una extravagante ocurrencia protagonizada por animales termina convirtiéndose en un sistema sorprendentemente elaborado, donde resulta difícil no encariñarse con unas criaturas que, tarde o temprano, tendremos que enviar a enfrentarse a toda clase de amenazas.

Y es que, si algo caracteriza a los trabajos de Edmund McMillen, es su particular manera de aprovechar el azar para provocar situaciones tan imprevisibles como memorables. Mewgenics lleva esta filosofía un paso más allá, apostando por una narrativa emergente en la que las verdaderas historias no vienen determinadas tanto por el argumento principal como por las experiencias que vivimos con nuestros propios gatos. Aunque existe un trasfondo argumental que da sentido a este extraño universo, son las decisiones, los accidentes y los acontecimientos inesperados los que terminan construyendo nuestros mejores recuerdos.


La jugabilidad de Mewgenics gira alrededor de dos mecánicas que se complementan constantemente: los combates tácticos y la crianza de nuestros gatos. Aunque inicialmente puedan parecer experiencias independientes, pronto descubrimos que nuestras decisiones en una afectan directamente a la otra, dando forma a un sistema de progresión mucho más elaborado de lo que cabría esperar.
Comenzando por los enfrentamientos, tendremos que formar un equipo de hasta cuatro gatos, a los que asignaremos diferentes clases mediante unos collares especiales. Cada una determina sus principales atributos y capacidades, permitiéndonos escoger entre luchadores especializados en el combate cuerpo a cuerpo, resistentes tanques capaces de soportar grandes cantidades de daño, personajes centrados en los ataques a distancia y otras alternativas como magos, clérigos o ladrones.
Una vez preparados, nuestros felinos se adentran en expediciones compuestas por diferentes rutas, encuentros y situaciones, donde los combates se desarrollan por turnos sobre escenarios divididos en casillas. Su funcionamiento resulta relativamente sencillo de comprender, pero dominar todas sus posibilidades requiere bastante más dedicación. Tendremos que estudiar el alcance de los ataques, aprovechar las posiciones más ventajosas y anticiparnos a los movimientos enemigos, prestando especial atención a las particularidades del terreno. Los propios escenarios pueden convertirse en una herramienta ofensiva o defensiva, mientras que las habilidades y los objetos permiten desarrollar estrategias que van mucho más allá de limitarse a atacar al adversario más cercano.
En este sentido, uno de los aspectos que más nos ha gustado es la libertad para experimentar con las posibilidades de nuestro equipo. Mewgenics dispone de más de 1.000 habilidades, alrededor de 900 objetos y más de 200 enemigos y jefes, unas cifras que dan buena cuenta de su enorme variedad. Las sinergias entre personajes pueden llegar a ser verdaderamente disparatadas, permitiéndonos encadenar efectos, potenciar determinados ataques o transformar a un gato aparentemente corriente en una auténtica pesadilla para nuestros rivales. Lo interesante es que no existe una única manera de afrontar los enfrentamientos, ya que incluso dos equipos de características similares pueden acabar desarrollando estilos de combate completamente diferentes.
Por supuesto, tanta libertad no significa que las cosas sean fáciles. La dificultad puede llegar a ser considerable, especialmente cuando comenzamos a encontrarnos con enemigos que poseen capacidades capaces de desbaratar nuestros planes en cuestión de segundos. Un enfrentamiento aparentemente controlado puede complicarse por un error de posicionamiento, una habilidad utilizada antes de tiempo o un golpe crítico inesperado. Además, la recuperación entre combates es limitada, de modo que las consecuencias de una mala decisión pueden acompañarnos durante buena parte de la expedición.
Afortunadamente, la estructura roguelite consigue que incluso las derrotas tengan utilidad. Cada expedición presenta nuevas circunstancias y nos anima a modificar nuestras estrategias en función de los personajes, objetos y habilidades disponibles. Un gato que inicialmente parecía poco prometedor puede convertirse en el integrante más valioso del grupo gracias a una combinación inesperada, mientras que otro con unas estadísticas excelentes puede no terminar de encajar en nuestra formación.
Sin embargo, las expediciones representan únicamente una parte de la experiencia, porque el verdadero elemento diferenciador de Mewgenics aparece cuando regresamos a casa. Los gatos que sobreviven a una aventura vuelven con la experiencia acumulada, nuevas capacidades y, en ocasiones, heridas o mutaciones que pueden afectar a su descendencia. Eso sí, existe una particularidad especialmente importante: una vez finalizada su expedición, nuestros combatientes se jubilan y ya no podremos seleccionarlos para futuras incursiones. Su papel pasa entonces a centrarse en la crianza, permitiéndonos aprovechar sus características genéticas para preparar a las siguientes generaciones.
Es aquí donde entra en juego un sistema de reproducción bastante más complejo de lo que aparenta. Los descendientes pueden heredar estadísticas, habilidades, rasgos físicos y mutaciones de sus progenitores, siguiendo un modelo genético en el que intervienen características dominantes y recesivas. Por tanto, tendremos que estudiar qué animales nos interesa emparejar para potenciar determinadas cualidades o compensar posibles debilidades. No obstante, la herencia genética incorpora un importante componente aleatorio, por lo que conseguir exactamente el gato que buscamos puede requerir varios intentos. Incluso es posible que una combinación aparentemente poco interesante termine dando lugar a un ejemplar con unas capacidades extraordinarias.
La reproducción tampoco está exenta de complicaciones. Los gatos pueden criar entre sí independientemente de sus relaciones familiares, pero la consanguinidad conlleva determinados inconvenientes genéticos que deberemos tener presentes a la hora de organizar nuestra colonia. Por eso, resulta conveniente controlar los parentescos y distribuir adecuadamente a nuestros animales, aunque también podemos experimentar con cruces arriesgados si buscamos unas características muy concretas. La gestión de las distintas generaciones acaba adquiriendo una importancia enorme, hasta el punto de que podemos pasar bastante tiempo intentando perfeccionar una línea genética, casi como sucede con la crianza competitiva de Pokémon.
A todo ello se suma la administración de nuestra casa, que irá cobrando protagonismo conforme avancemos. Tendremos que controlar la alimentación, el espacio disponible, las relaciones entre nuestros gatos y las condiciones que favorecen la reproducción. También podremos donar determinados animales a distintos personajes secundarios, quienes, a cambio, nos proporcionarán mejoras para nuestra vivienda, nuevos muebles, suministros, herramientas y una mayor capacidad de almacenamiento. Estas posibilidades amplían progresivamente nuestras opciones de gestión y nos permiten preparar mejor las futuras expediciones, aunque conviene no obsesionarse demasiado con conseguir la descendencia perfecta: los recursos son limitados y tarde o temprano tendremos que volver a salir en busca de provisiones.
Otro de los grandes atractivos es la manera en que Mewgenics va ampliando sus mecánicas conforme progresamos. Sus primeras horas funcionan como una introducción relativamente accesible, pero pronto comenzamos a descubrir nuevas herramientas, opciones de gestión, habilidades e interacciones que multiplican nuestras posibilidades. La campaña se organiza en tres actos, aunque completar el primero, que funciona en buena medida como un extenso aprendizaje, ya puede llevarnos numerosas horas. Además, las expediciones no son precisamente breves y algunas pueden prolongarse durante un par de horas, especialmente cuando estamos cerca de completar una zona y decidimos arriesgarnos con unos cuantos enfrentamientos adicionales.
La cantidad de contenido resulta, de hecho, uno de sus aspectos más impresionantes. Sus responsables hablan de una campaña principal que puede superar las 200 horas, a las que podemos sumar todo el tiempo dedicado a experimentar con diferentes clases, combinaciones genéticas y estrategias. Por último, merece la pena detenerse en las opciones de control de su versión para Nintendo Switch 2. Además del manejo tradicional mediante los botones, podemos aprovechar la pantalla táctil y utilizar los Joy-Con 2 en modo ratón, una alternativa especialmente cómoda para seleccionar casillas, consultar información y desenvolvernos por los diferentes menús.


En lo que respecta a su apartado visual, Mewgenics recupera esa estética tan característica de las producciones de Edmund McMillen, apostando por un diseño bidimensional de trazos sencillos, personajes exageradamente expresivos y una dirección artística que encuentra buena parte de su encanto en lo desagradable. Su apariencia recuerda inevitablemente a los videojuegos Flash que proliferaban en plataformas como Newgrounds durante los primeros años del siglo XXI, una influencia que se percibe tanto en las animaciones como en el diseño de los personajes y escenarios.
Los gatos son, probablemente, el mejor ejemplo de esta filosofía artística. Podemos encontrarnos con felinos relativamente adorables, otros con deformidades imposibles y algunos cuyo aspecto resulta directamente perturbador. Algo parecido sucede con los enemigos, que combinan diseños absurdos, criaturas grotescas y situaciones visualmente disparatadas. Todo ello contribuye a construir un universo fácilmente reconocible, donde cada nuevo encuentro puede sorprendernos con alguna ocurrencia tan ingeniosa como desagradable.

Por supuesto, esta personalidad también se extiende al humor, que vuelve a ocupar un lugar destacado en la experiencia. Las bromas escatológicas, las referencias de dudoso gusto y las situaciones más disparatadas aparecen con frecuencia, especialmente en todo lo relacionado con las mutaciones y la reproducción de nuestros gatos. Es un sentido del humor negro, cruel y deliberadamente provocador que encaja con el universo creado por sus responsables, aunque también entendemos que pueda resultar excesivo para determinados jugadores.
Tampoco debemos esperar grandes alardes técnicos ni escenarios especialmente sofisticados. Su atractivo reside principalmente en la coherencia de su dirección artística, la expresividad de sus personajes y la variedad de situaciones que consigue representar con recursos visuales relativamente modestos. Además, la sencillez de sus diseños favorece la claridad durante los enfrentamientos y se adapta especialmente bien al formato portátil de Nintendo Switch 2, donde su peculiar estética mantiene todo su encanto.

Si hay un aspecto de Mewgenics que nos ha sorprendido especialmente, ese es su apartado sonoro. La responsabilidad de poner música a esta peculiar aventura recae sobre Ridiculon, el dúo formado por Matthias Bossi y Jon Evans, quienes ya habían demostrado su talento en trabajos como The Binding of Isaac: Rebirth o The End Is Nigh. En esta ocasión, los compositores han ido un paso más allá con una banda sonora extraordinariamente variada, capaz de acompañar el carácter disparatado del videojuego sin renunciar a composiciones realmente elaboradas. El resultado nos ha parecido excelente, hasta el punto de que muchas de sus melodías merecen disfrutarse incluso fuera de las partidas.
Uno de sus mayores aciertos reside en la enorme diversidad de estilos musicales. A lo largo de nuestra aventura encontraremos composiciones que mezclan rock, jazz, sonidos electrónicos, pasajes ambientales y melodías mucho más experimentales, adaptándose a las particularidades de los escenarios y las situaciones que atravesamos. Esta variedad evita que la música termine resultando repetitiva, algo especialmente importante en un título al que podemos dedicar cientos de horas. Además, algunas canciones incorporan letras y colaboraciones vocales que refuerzan su personalidad, con temas que pueden pasar de lo cómico a lo inquietante sin perder su particular encanto.

Especialmente interesante nos ha parecido la manera en que la música evoluciona durante las expediciones. Cada zona cuenta con sus propias composiciones, que escuchamos en versiones más contenidas durante los desplazamientos y los enfrentamientos habituales. Sin embargo, al alcanzar determinados jefes, esas mismas melodías adquieren una dimensión completamente diferente, incorporando nuevas instrumentaciones y partes vocales que transforman los combates en momentos mucho más espectaculares. Es un recurso que funciona de maravilla, porque consigue que algunas batallas resulten memorables no solo por su dificultad, sino también por las canciones que las acompañan.
La música tampoco pierde protagonismo cuando regresamos a casa. Allí encontramos una emisora de radio, WMEW 99.9, que reproduce diferentes canciones mientras atendemos a nuestros gatos y organizamos las siguientes expediciones. Incluso podremos incorporar a su repertorio algunos de los temas que vayamos descubriendo durante nuestras aventuras, un pequeño detalle que agradecemos especialmente cuando queremos volver a escuchar alguna composición que nos haya gustado. A ello se suman curiosidades tan simpáticas como la posibilidad de escuchar a nuestros propios felinos maullar siguiendo el ritmo de determinadas canciones.
Por su parte, los efectos de sonido mantienen esa misma filosofía desenfadada, acompañando los ataques, las habilidades y las reacciones de nuestros animales con un repertorio de ruidos que encaja perfectamente con su peculiar universo. Los maullidos, los golpes y las distintas interacciones contribuyen a que los enfrentamientos tengan más personalidad, mientras que los efectos más exagerados refuerzan ese humor absurdo que caracteriza a las producciones de Edmund McMillen.


Mewgenics es una de esas propuestas que demuestran hasta dónde puede llegar la creatividad dentro del panorama independiente. Edmund McMillen y Tyler Glaiel han conseguido dar forma a una experiencia tan extravagante como adictiva, donde los combates tácticos, la crianza genética y la gestión de nuestros gatos se complementan para ofrecernos una cantidad casi inagotable de posibilidades. Su enorme profundidad jugable, la constante aparición de nuevas mecánicas y una banda sonora sobresaliente hacen que resulte especialmente difícil dejar de jugar, aunque su elevada dificultad, la complejidad de algunos sistemas y una estética deliberadamente grotesca pueden alejar a determinados jugadores. Aun así, pocas aventuras consiguen que cada partida resulte tan diferente y que incluso las derrotas nos animen a volver a intentarlo.




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