Van Helsing: Lo que pudo ser y no fue.
Hoy os traemos la crítica de las dos temporadas de la serie Van Helsing, creada por Neil LaBule para Syfy en 2016 y que en España está disponible Netflix. La historia está inspirada en las noveles gráficas de Helsing de Zenescope Entertaiment.
Los vampiros han vivido entre los humanos durante siglos, escondiéndose en la oscuridad, hasta que un día el cielo se nubla (nivel Madrid dentro de un par de añitos) y someten a los humanos. Mientras, Vanessa (Kelly Overton/Ana Jiménez) ha estado dormida tres años, custodiada por un grupo de soldados, que tras este tiempo solo quedan Axel (Jonathan Scarfe) y Doc (Rukiya Bernard), esta última convertida en vampiro. Tras una invasión de vampiros, uno de ellos (Flesh, interpretado por Vincent Gale y doblado por Juan Antonio Arroyo) muerde a Vanessa, lo que provoca que despierte y le vuelve a convertir en humano. Comienza el viaje del grupo, a los que se unen el joven Mohamad (Trezzo Manoro/Álvaro Reina) y su compañero Sam (Christopher Heyerdahl/David García Vázquez), John (David Cubit/) y Susan (Hilary Jardine/), antigua vecina y amiga de Vanessa, que la siguen en su camino para saber quién es y, lo más importante, que le pasó a su hija Dylan (Hannah Cheramy).

De izquierda a derecha: Susan, Vanessa, Flesh, Sam, John, Doc y Axel.
Hasta aquí la sinopsis de la primera temporada. Empezaré con lo bueno: los efectos especiales no están nada mal, contamos con un personaje femenino fuerte como protagonista y la banda sonora y el doblaje están bastante bien. En cuanto a todo lo demás, es un poco desastre: diálogos horribles, personajes bastante básicos y un argumento regulero y bastante trillado. Para resumir: muy de serie B, pero sin su encanto. Un punto positivo a nivel argumental es el final, te deja con ganas de más.

Villanos, de izquierda a derecha: Julius (Aleks Paunovic), Dmitri (Paul Johansson) y Rebecca (Laura Mennell).
Comenzamos con la segunda temporada, la historia comienza a mejorar, incluso parece que podría justificar la primera, con uno de los momentos más dramáticos de toda la serie, Aparecen viejos y nuevos personajes que diversifican la trama, dando algo más de peso a los personajes secundarios, que se entrelazan con un hilo común: Vanessa y los vampiros que ha convertido. Llegados aproximadamente a mitad de temporada, parece que todo va mejorando, que se está creando una nueva historia, pero aparece un personaje al que yo he bautizado como “el eje de todo mal” y cual Jinete de Apocalipsis vuelve a traer todo los fallos de la anterior temporada: diálogos de frases totalmente horribles y clichés a punta pala, de nuevo fuerzan la historia para que salga lo tiene que salir, aunque no tenga NINGÚN SENTIDO y se cargan completamente la esperanza de mejora que se atisbaba a principio de temporada.

Uno de los nuevos personajes: Scarlett (Missy Peregrym).
Para no terminar con mal sabor de boca, voy a comentar cosas de la segunda temporada que sí me han parecido un acierto. Aunque algunos de los personajes son bastante básicos, quiero resultar uno de los más coherentes y mejor construidos: Doc. Sin entrar en muchos detalles, Doc es una cobarde, y lo es a lo largo de ambas temporadas, pero en la última podemos ver cómo se esfuerza por cambiar, y aunque en ocasiones ese miedo la venza, sigue luchando contra él. En ella se da un proceso que va poco a poco, con recaídas, lo que le aporta realismo al personaje.

También tenemos a la propia Vanessa y a Mohamad, bastante consistentes, y cuyo desarrollo mejora en la segunda temporada. Quiero señalar el trabajo de dos actores: Christopher Heyerdahl y Aleks Paunovic, aunque sus personajes no son algo fuera de serie, creo que han sabido darle el toque. En cuanto al argumento, me quedo con la última escena de Dmitri (no entro en detalles por los spoilers).




En resumen, es una serie entretenida, que contaba con un potencial para sacar una buena serie y que ha quedado en intento. Es la típica que recomendaría para ese momento de tu vida en el que te apetece ver algo que no te haga pensar mucho.


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