
Es curioso cómo una temática tan tenebrosa y oscura como puede ser el mantenimiento de un cementerio puede dar lugar a un juego tremendamente relajante y adictivo. Estamos hablando de Graveyard Keeper, un título que nos ponía en la piel de una persona que, por un determinado suceso, viaja a un mundo ambientado en la época medieval y que, como única forma de salir de esta situación, tenía que ocuparse de un cementerio. Con esta premisa tan macabra, nos encontrábamos ante un juego bastante divertido, basado en buena medida en farmear, craftear y realizar diferentes tareas para seguir avanzando.
Después del éxito cosechado tanto a nivel comercial como de crítica por la primera parte, estaba claro que el estudio Lazy Bear Games iba a jugar sobre seguro y crear una segunda entrega que no solo trae consigo todo lo visto en la primera parte, sino que lo expande con una nueva temática: la lucha contra los zombis. El resultado es una continuación mucho más ambiciosa que mantiene la peculiar mezcla de gestión, construcción, recolección y humor negro, pero que amplía considerablemente sus posibilidades con la automatización, la recuperación de la ciudad y las nuevas mecánicas relacionadas con los muertos vivientes.

La historia comienza con nuestro protagonista encadenado en una prisión. Gracias a un hada nos liberamos de nuestras cadenas y, junto a Larry, la calavera parlante, somos capaces de salir de la prisión. En nuestro camino nos encontramos con una insignia de inquisidor y, por lo tanto, haremos ver que tenemos el cargo que nos permite utilizar esta acreditación. Todo parece sencillo hasta que llegamos a la superficie y vemos que no todo es tan agradable, sino que este mundo medieval está asolado por hordas de zombis.
De esta forma, no solo tendremos que hacernos cargo del cementerio, sino que también debemos llevar a cabo una cruzada para poder erradicar esta amenaza de muertos vivientes y recuperar las ciudades y pueblos arrasados por estas hordas. La situación hace que nuestro trabajo deje de limitarse al cementerio y que poco a poco tengamos que implicarnos en la recuperación de una ciudad que ha quedado prácticamente destruida.

La historia funciona por sí misma sin necesidad de haber jugado la primera parte. Si bien es cierto que durante todo el título vamos a encontrar referencias y guiños varios a su entrega anterior. Además, la continuación recupera elementos y consecuencias de lo ocurrido en el primer juego, por lo que los jugadores veteranos encontrarán conexiones que enriquecen la experiencia sin impedir que los recién llegados puedan entender lo que está sucediendo.
Tenemos que decir que, pese a lo crudo y sórdido que puede sonar el juego, en realidad estamos ante un título muy divertido y relajante. Toda la narrativa está plagada de humor, tanto del más sano como de algún que otro chiste más macabro. Personajes como Larry vuelven a aportar buena parte de ese humor característico de la saga, mientras que las situaciones relacionadas con los cadáveres, los zombis y la propia Inquisición sirven para mantener ese tono irreverente durante buena parte de la aventura.


Estamos ante una continuación directa del anterior, a la que se le han añadido bastantes cosas. Para aquellos que no hayan jugado el primer juego, no supone ningún problema, ya que el juego te guía para aprender todo lo básico. De todas formas, en este análisis vamos a comentar todo lo referido a la jugabilidad para aquellos que se introduzcan en la saga con esta segunda parte.

La base del juego es la gestión y recolección de recursos. En primer lugar, tenemos que conseguir materias primas de todo tipo: madera, roca, hierro, cobre y demás recursos para poder ir construyendo diferentes estructuras y bancos de trabajo. Tenemos una gran cantidad de estaciones de trabajo, desde algunas simples, como el tocón de madera que sirve para cortar madera con nuestro hacha, pasando por otras más complicadas, como las diferentes estaciones de trabajo, hasta llegar a fraguas para fundir metales o crear vidrios complejos.
De esta manera, podemos ir mejorando nuestras construcciones, pasando de madera en crudo a tablones y estos a tableros barnizados. Esto es común para todos los materiales y, de esta forma, iremos consiguiendo cada vez más materiales y de mejor calidad. Con estos materiales podremos crear diversos objetos, como pueden ser adornos para las tumbas, nuevas estaciones de trabajo, mejoras para nuestra casa o para la iglesia. Todas estas mejoras se deben ir desbloqueando a medida que realizamos tareas y ganamos puntos.

Existen diferentes sistemas de progresión que van ampliando nuestras posibilidades. Los puntos de conocimiento vuelven a tener un papel fundamental y se obtienen realizando diferentes actividades, como talar madera, trabajar en el jardín o estudiar determinados materiales. Con ellos desbloqueamos un árbol de conocimiento en el que iremos obteniendo diferentes recursos, tecnologías y nuevas estaciones. A esto se suman ahora sistemas como la Maestría y los Talentos, que permiten especializarnos y mejorar la eficiencia de determinadas actividades.
Por supuesto, no podemos olvidar nuestro trabajo como enterrador, como bien indica el título del juego. Cada cierto tiempo nos llegará un cadáver a nuestra morgue. Las opciones que podemos tomar con este cuerpo son diversas, desde darle una honrada y solemne sepultura hasta incinerarlo o extraer partes como grasa, sangre o huesos que nos serán útiles mucho más adelante.

La calidad de los cadáveres también resulta importante, ya que no todos los cuerpos tienen el mismo valor para nuestros objetivos. Las autopsias, la extracción de órganos y la preparación de los cuerpos forman parte de una cadena de decisiones en la que debemos valorar qué partes nos interesa conservar, qué podemos aprovechar como recursos y qué cadáveres son mejores candidatos para nuestro cementerio. De esta forma, incluso algo tan aparentemente sencillo como recibir un cadáver se convierte en una pequeña gestión de recursos.
Otra de las formas de avanzar son los puntos de fe. En un día concreto de la semana podemos realizar una plegaria en nuestra iglesia. Dependiendo de los puntos que tengamos de favor con respecto a nuestros parroquianos y nuestras cualidades, podemos conseguir tanto puntos de fe como dinero en efectivo por las donaciones de los feligreses. Con estos puntos de fe desbloqueamos diferentes misiones secundarias o tareas que nos darán ventajas en diferentes ámbitos, como conseguir maestría en distintas áreas de trabajo, conseguir más materiales de nuestro trabajo y demás.

Todo esto se encuentra condicionado además por nuestra energía. Prácticamente todas las actividades consumen estamina, por lo que tendremos que administrar bien cada jornada y decidir en qué merece la pena gastar nuestras fuerzas antes de volver a casa a dormir. El paso de los días y la distribución de la semana también siguen siendo importantes, ya que determinados personajes, tareas y acontecimientos dependen del calendario. Esto hace que, aunque el juego no nos esté presionando constantemente, tengamos que organizar nuestros días para aprovecharlos al máximo.

Hasta aquí es lo que, más o menos, nos encontramos en la primera parte y que, sin duda, han reutilizado para esta segunda entrega. Ahora vamos a hablar de la gran novedad del juego: los zombis.
Nuestra misión principal será recuperar las ciudades y soportar las oleadas de estos no muertos. En primer lugar, vemos cómo se ha implementado un sistema de combate en el que tendremos que ponernos una armadura, empuñar la espada y entrar en batalla nosotros mismos. Por otro lado, tenemos la capacidad de dirigir distintas tropas y situarlas en distintas posiciones para resistir las acometidas. También tenemos la posibilidad de crear diversas trampas o barricadas que nos ayudarán en nuestro objetivo.
Este sistema de combate está más enfocado hacia la estrategia y la defensa que hacia convertirse en un RPG de acción. Durante las batallas tendremos que utilizar tropas, defensas y diferentes estructuras para resistir las oleadas enemigas y recuperar determinadas zonas. Podemos colocar barricadas, construir torres defensivas y organizar nuestras unidades alrededor de puntos estratégicos. De esta manera, el combate sirve principalmente como complemento de todas las mecánicas de gestión, en lugar de sustituirlas.

Pero los zombis no solo son enemigos, sino que también nos pueden ser útiles de muchas maneras. Una de ellas es usarlos como mano de obra. En vez de cansarnos nosotros gastando nuestra estamina, podemos usar a los muertos como trabajadores y explotarlos de mala manera para que se pasen todo el tiempo haciendo tareas banales y terrenales mientras que nosotros nos dedicamos a cosas más importantes.
Podemos ponerlos de granjeros, ayudantes del taller, a hacer vino o incluso utilizarlos como soldados en batalla. Además, cada zombi tiene unas características y unos niveles de Maestría determinados, por lo que no todos serán igual de adecuados para cualquier trabajo. Tendremos que asignarlos correctamente, proporcionarles las herramientas necesarias y asegurarnos de que disponen de los materiales que necesitan para poder trabajar.

Aquí es donde entra uno de los cambios más importantes de esta segunda entrega: la automatización. A medida que avancemos podremos conectar diferentes estaciones de producción mediante cadenas automatizadas y cintas transportadoras. De esta forma, los recursos pueden desplazarse de una estación a otra sin que tengamos que estar realizando manualmente cada uno de los pasos.
Esto resulta especialmente importante porque al principio tendremos que encargarnos personalmente de prácticamente todo. Sin embargo, a medida que nuestra producción crece, sería imposible mantener todas estas tareas manualmente. Los zombis pasan entonces a convertirse en una parte fundamental de nuestra infraestructura, permitiéndonos crear auténticas cadenas de producción en las que una estación proporciona materiales a otra y los recursos se van procesando prácticamente de manera automática.
Es precisamente aquí donde la progresión empieza a resultar especialmente satisfactoria. Lo que al principio parece una sucesión interminable de tareas manuales poco a poco se transforma en un sistema que podemos optimizar. Primero hacemos nosotros el trabajo, después conseguimos los materiales necesarios, posteriormente construimos una estación, asignamos a un zombi y finalmente conseguimos que todo el proceso funcione prácticamente por sí solo.
Dentro del título tenemos mucho más contenido, como puede ser la alquimia para elaborar pociones, misiones tanto principales como secundarias y la posibilidad de ir reparando la ciudad una vez que la recuperemos de manos de los zombis. Esta última mecánica es otra de las grandes novedades, ya que la ciudad deja de ser simplemente un escenario para convertirse en otro de nuestros grandes proyectos.
Podremos recuperar diferentes distritos, reconstruir edificios y devolver la actividad a determinados comercios y servicios. Los materiales que hemos estado acumulando durante nuestras tareas pasan así a tener una nueva utilidad, ya que la madera, la piedra y los objetos fabricados también sirven para reconstruir la ciudad. Además, la recuperación de estas zonas genera nuevas posibilidades económicas y abre nuevas oportunidades para continuar expandiendo nuestra operación.
Todo esto provoca que las diferentes mecánicas estén mucho más conectadas entre sí. El cementerio genera recursos e ingresos, estos permiten mejorar nuestra producción, la producción nos ayuda a reconstruir la ciudad y la ciudad, a su vez, nos ofrece nuevas posibilidades. Al mismo tiempo, la automatización permite que no tengamos que encargarnos personalmente de todas las tareas repetitivas.
Graveyard Keeper 2 es un título en el que siempre tienes algo que hacer y tienes que hacer una tarea para hacer otra. Si necesitas construir algo, pues vas a necesitar clavos, pero para los clavos necesitas materiales, tanto hierro como cobre, y estos deben primero ser minados y luego llevados a la forja para formar lingotes. Y así continuamente con cada cosa.
Todo esto puede parecer tedioso al principio, pero una vez que se va automatizando todo es bastante satisfactorio. Precisamente esta es una de las principales virtudes de la segunda entrega: consigue que esa enorme cantidad de tareas y recursos tenga un propósito. Al principio podemos sentir que estamos dando vueltas constantemente para conseguir un simple objeto, pero cuando conseguimos automatizar parte de ese proceso podemos dedicar nuestro tiempo a otras tareas.
También es cierto que esta enorme cantidad de sistemas puede resultar abrumadora. Tenemos multitud de tecnologías, talentos, niveles de maestría, estaciones de trabajo, recursos, misiones y proyectos de reconstrucción funcionando al mismo tiempo. El juego mejora respecto a su predecesor a la hora de organizar las misiones y objetivos, pero todavía puede darse el caso de que no sepamos exactamente qué necesitamos para conseguir determinados objetos o por qué un trabajador zombi ha dejado de producir. Esta complejidad forma parte de su encanto, aunque también puede convertirse en uno de sus principales obstáculos durante las primeras horas.


Estéticamente mantiene la identidad de la primera entrega, pero todo ello elevado mucho más. Aunque conserva la reconocible personalidad visual de la saga, Graveyard Keeper 2 abandona el pixel art del primer juego para apostar por escenarios tridimensionales con una cámara fija desde una perspectiva elevada. Este cambio permite ofrecer escenarios más amplios y detallados, con una iluminación mucho más trabajada, sombras dinámicas, vegetación, efectos ambientales y cambios meteorológicos.
Los escenarios son más grandes y cuentan con muchos más detalles, efectos visuales y animaciones más cuidadas. Pese a lo que hemos comentado al principio, que ser un enterrador puede ser una premisa muy fúnebre y más en un tiempo ambientado en la Edad Media, el juego goza de un gran colorido.
Todo está muy cuidado y detallado: las máquinas de trabajo, el poblado, los escenarios y los personajes. Todo ello da como resultado un conjunto muy bueno y con un apartado gráfico de gran calidad. Personajes, enemigos y secundarios tienen unos diseños caricaturescos y expresivos que transmiten muy bien el tono general del juego, que mezcla este apartado estético alegre con un humor negro que está presente prácticamente en todo momento.


La banda sonora intenta crear una atmósfera medieval, con canciones alegres y que se relacionan bien con el tono humorístico de la aventura. Los efectos de sonido están igualmente trabajados. El juego está totalmente traducido al castellano y cuenta con un doblaje en inglés.
Precisamente el doblaje es otra de las mejoras de esta entrega. Los personajes cuentan con voces en inglés que aportan una mayor personalidad a las conversaciones, especialmente en los intercambios entre nuestro protagonista y Larry. Se mantiene además parte del particular estilo de la primera entrega, haciendo que los diálogos conserven ese carácter desenfadado y peculiar que define a la saga.
En general, la banda sonora es de bastante calidad. Si bien es cierto que no estamos ante unas composiciones memorables, sí que son amenas y, sobre todo, son capaces de llenar bastante el título sin llegar a ser repetitivas. El conjunto funciona muy bien como acompañamiento para las largas sesiones de recolección, construcción y gestión, que son precisamente las actividades en las que más tiempo vamos a invertir.


Graveyard Keeper 2 es todo lo que gustó a los jugadores de la primera parte, pero mucho más. Un juego muy divertido que tiene una gran cantidad de horas de jugabilidad y es tremendamente relajante y ameno. Todo está potenciado con respecto a su predecesor, desde las mecánicas que ya vimos en Graveyard Keeper, como las nuevas que van a hacer que sea una nueva aventura para los jugadores veteranos de esta, ya podemos considerar, saga. La gran diferencia es que ahora todo funciona como un enorme engranaje: el cementerio, la recolección, la fabricación, la alquimia, los zombis, la automatización, el combate y la reconstrucción de la ciudad terminan formando parte de un mismo sistema. Puede resultar abrumador y algunas de sus mecánicas requieren paciencia para comprenderlas, pero precisamente cuando conseguimos que todas esas piezas comiencen a funcionar juntas es cuando Graveyard Keeper 2 demuestra todo su potencial.




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