
Actualmente, en el mercado de juegos que intenta traer de vuelta los títulos clásicos de 8 y 16 bits, podemos encontrar dos ramas distintas: los más puristas, que intentan hacer un juego que podría haber salido en aquella época, tanto en gráficos como en mecánicas, y los más innovadores, que toman esta estética, pero ofrecen mejoras técnicas y de jugabilidad, dando un toque más moderno pese a mantener una capa de retro.
Hoy estamos ante el primer caso, y es que el primer Aggelos, desarrollado por Julien Rocca bajo el sello Wonderboy Bobi, fue un título que cosechó cierto éxito y gustó bastante a los más nostálgicos. La principal virtud de esta primera parte era que no quería reinventar la rueda, sino ofrecer un juego divertido, sencillo y directo. En esta segunda parte no se limita a repetir la fórmula. Si bien es cierto que conserva la esencia de la primera entrega, se han añadido nuevas mecánicas jugables junto al salto de una estética de 8 bits a 16 bits. El resultado sigue apostando claramente por ese estilo retro, pero amplía las posibilidades que tenemos durante la aventura, especialmente en lo relacionado con la exploración y el combate.

Hace mucho tiempo, un Aggelos, el ángel de mayor rango, fue enviado por el dios menor Balro al reino de Lumen. Este Aggelos debía salvar a la princesa Lys y derrotar a una entidad maligna que aterrorizaba este mundo. Tras cumplir su cometido, el ángel regresó ante Balro. Siglos pasaron y, tras una disputa divina, Lumen fue exiliado y, junto a él, su reino.
Un milenio después de la derrota de la entidad maligna, las sombras han vuelto. Un ejército oscuro está atacando los reinos divididos y Aggelos debe volver a empuñar su espada y salvar el reino de Lumen de nuevo. La historia parte así de una situación bastante sencilla que nos devuelve a ese universo fantástico que ya conocíamos de la primera entrega, aunque ahora con una nueva amenaza que pone en peligro los diferentes reinos.
Una historia de corte clásico y sencilla que sirve para presentarnos un poco la jugabilidad y los personajes. No esperéis grandes giros de guion ni tramas enrevesadas. Estamos ante una historia de malos muy malos y buenos muy buenos, con reyes, princesas, caballeros y demonios. El argumento funciona principalmente como una excusa para ponernos en marcha y llevarnos de una zona a otra, dejando que sean la exploración, los combates y las diferentes habilidades las que tengan el verdadero protagonismo.


Estamos ante un juego en 2D que se basa en los juegos de plataforma y acción clásicos. Podemos definirlo como un metroidvania, donde tendremos que avanzar eliminando enemigos y sorteando obstáculos para poder conseguir ciertas habilidades que nos permitirán volver a escenarios ya recorridos para llegar a zonas inaccesibles en primera instancia. De esta manera, el mapa se va abriendo poco a poco a medida que conseguimos nuevas capacidades, haciendo que lugares por los que ya hemos pasado tengan nuevas posibilidades cuando regresamos a ellos.

Tenemos unos controles bastante sencillos, con salto, ataque a distancia lanzando proyectiles o ataque cuerpo a cuerpo con nuestra espada, que también nos permite repeler ataques enemigos. A medida que avancemos conseguiremos otras habilidades, como puede ser volar. Esta es bastante curiosa, pues se trata de un tipo de desplazamiento en el que nos moveremos solo en horizontal por el escenario, algo que nos ha recordado a un título bastante antiguo y de culto: Demon’s Crest. Otras habilidades son las clásicas del género, como pueden ser un Dash o la capacidad de agarrarnos a salientes, entre otras. Estas habilidades tienen importancia tanto para combatir como para avanzar por el escenario, ya que en muchas ocasiones será necesario dominar una de ellas para poder alcanzar una zona que anteriormente estaba bloqueada.

El juego cuenta con un sistema de progresión de nuestro protagonista a través de la obtención de orbes. Cada vez que derrotemos a un enemigo conseguiremos una cantidad de estos orbes y, cuando tengamos los necesarios, podremos mejorar a nuestro héroe con más fuerza, ataques especiales, etc. De esta forma, los enfrentamientos no solo sirven para avanzar por las diferentes zonas, sino que también nos permiten conseguir recursos para mejorar a nuestro personaje y hacerlo más poderoso conforme avanzamos.
Quizá para los que jugasteis la primera parte esto parezca un poco continuista, pero ahora entra en juego la transformación de Aggelos en demonio. Un añadido que cambia totalmente la manera de jugar, pues los ataques, atributos y habilidades de nuestro protagonista se modifican dependiendo de la forma en la que nos encontremos. El ataque que en nuestra forma angelical tiene mayor alcance, actuando como una especie de pistola, se convierte en una escopeta en la forma demoníaca, abarcando más espacio, pero eso sí, a costa del alcance. De esta forma también funcionan los ataques físicos y las habilidades, que pueden pasar de ser ofensivas a defensivas y viceversa. Estas dos formas permiten un combate más dinámico y táctico a la hora de luchar con diferentes enemigos, ya que no siempre será interesante utilizar la misma transformación.

Esta diferencia entre las dos formas también hace que tengamos que prestar atención al tipo de enemigo al que nos enfrentamos y a la situación en la que nos encontramos. La forma angelical resulta más útil cuando necesitamos atacar desde una mayor distancia, mientras que la demoníaca nos permite cubrir una zona más amplia con nuestros ataques. Por tanto, el cambio de forma no se queda simplemente en una mecánica anecdótica, sino que termina formando parte del propio sistema de combate y de la forma en la que afrontamos determinadas situaciones.
Otra de las ventajas que ofrece la forma demoníaca es la posibilidad de entrar al mundo demoníaco. Este mundo presenta desafíos como enemigos más duros y plataformas más complicadas para poner a prueba nuestra habilidad. También podemos usar estos lugares como zonas de paso y deberemos jugar con ambos para poder llegar a zonas que estarán disponibles en un plano y en el otro estarán bloqueadas. Aquí es donde la dualidad entre ambos mundos adquiere mayor importancia, ya que no se trata únicamente de cambiar el aspecto del escenario, sino de aprovechar las diferencias de cada plano para poder continuar avanzando.

Esto obliga a los jugadores a hacer más backtracking de cada escenario por partida doble, dando al juego una duración de unas 10-15 horas. Tendremos que volver continuamente sobre nuestros pasos para aprovechar las nuevas habilidades y comprobar qué zonas podemos desbloquear, algo bastante habitual dentro de este tipo de aventuras. Si queremos explorar más a fondo el mapa y encontrar todos sus secretos, esta duración puede aumentar, mientras que quienes se centren únicamente en avanzar por la historia podrán terminarlo en menos tiempo.
A todo esto hay que sumar los enfrentamientos contra los jefes, que son otro de los momentos importantes de la aventura. Encontramos trece jefes a lo largo del juego y algunos de estos combates ponen especialmente a prueba nuestra capacidad para utilizar las dos formas de Aggelos, obligándonos a conocer sus ataques y saber cuándo es mejor utilizar cada una. Los enfrentamientos sirven así como una especie de examen de las habilidades que hemos ido adquiriendo durante la aventura.

En líneas generales, estamos ante un juego que, si bien no intenta ser innovador dentro del género, sí que introduce mecánicas para los que vienen de la primera parte y esperan encontrar lo mismo, pero con algo más de añadido. La base continúa siendo muy reconocible, pero la transformación entre ángel y demonio, junto a la existencia de los dos mundos, consigue aportar una mayor variedad tanto a la exploración como a los combates.


El salto desde la primera parte es notable y, como hemos comentado, ha seguido la evolución natural que se veía en la industria del videojuego. Hemos pasado de una estética de 8 bits a una de 16 bits, como si hubiéramos pasado de una generación a otra. Todo esto se traduce en animaciones más trabajadas, escenarios más decorados y sprites más expresivos. Se ha trabajado la diferencia entre el mundo de la Luz y la Oscuridad para poder resaltar más este cambio de localización.
Los dos mundos tienen además una identidad visual propia, algo que ayuda a que la diferencia entre ambos sea evidente desde el primer momento. Mientras que las zonas relacionadas con el mundo de la Luz utilizan una estética más colorida y cercana a la fantasía clásica, el plano demoníaco apuesta por escenarios más oscuros y agresivos. Esto no solo ayuda a diferenciar ambos espacios, sino que también acompaña a la propia mecánica de alternar entre ellos.

En conjunto, los gráficos están elaborados. Lógicamente, no estamos ante un pixel art superdetallado como vemos en los juegos modernos. Como hemos comentado, Aggelos 2 intenta imitar a los juegos retro en todos los aspectos y eso implica que tendremos unos gráficos sencillos para intentar respetar ese espíritu de videojuegos clásicos. El diseño de personajes, enemigos y escenarios sigue esta misma filosofía, utilizando sprites más trabajados que en la primera entrega, pero sin abandonar las limitaciones visuales propias de los juegos de 16 bits.
El resultado es una estética que no busca sorprender por su complejidad técnica, sino precisamente conseguir que tengamos la sensación de estar ante un juego que podría haber llegado a nuestras consolas durante aquella generación. El aumento de detalle respecto a la primera entrega se nota especialmente en las animaciones, los escenarios y la variedad de enemigos, pero siempre manteniendo esa intención de recrear el aspecto de una aventura clásica.


Una banda sonora correcta, con temas muy estilo 16 bits e instrumentos electrónicos. Tenemos variedad de temas y bastante diferenciados, sobre todo entre los dos planos, y que sirven para reforzar esta idea de dualidad entre lo brillante en modo ángel, que intenta evocar fantasía y aventura, y el plano demoníaco, que busca temas más agresivos. De esta manera, la música acompaña también al cambio entre mundos y ayuda a diferenciar las dos caras de la aventura.
La propuesta sonora sigue la misma filosofía que encontramos en el apartado gráfico: recuperar las sensaciones de los clásicos de 16 bits sin intentar convertir la banda sonora en algo excesivamente elaborado. Los efectos de sonido cumplen correctamente con su función, acompañando los golpes, ataques y diferentes acciones de Aggelos, mientras que las composiciones musicales ponen el toque de aventura y fantasía que necesita el juego.
No estamos, por tanto, ante un apartado sonoro que pretenda destacar por encima del resto, pero sí ante uno que encaja perfectamente con la propuesta general. La música, los efectos y los gráficos forman un conjunto coherente y ayudan a mantener esa sensación de estar jugando a una aventura clásica.
Aggelos 2 viene totalmente traducido al español, algo que facilita el seguimiento de los diálogos y de las indicaciones que vamos encontrando durante nuestra aventura.


Aggelos 2 busca la evolución natural sobre su primera parte con nuevos añadidos y posibilidades jugables, pero respetando la primera parte. Es uno de esos títulos que imita fielmente las sensaciones de lo más retro, tanto en su jugabilidad como en su música y gráficos. La transformación entre ángel y demonio y la posibilidad de alternar entre los dos mundos aportan una mayor profundidad a una fórmula que sigue siendo sencilla y directa. Un título entretenido para los que buscan algo clásico y sencillo para divertirse unas cuantas horas, especialmente si disfrutaron de la primera entrega y quieren volver a encontrarse con ese sabor a aventura de los 16 bits.




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