
Nintendo ha rescatado la saga Star Fox, que llevaba metida en un cajón desde 2016. Desde Star Fox Zero en Wii U, la saga de Fox McCloud había desaparecido del mapa. Ni un anuncio, ni un rumor con fundamento, apenas algún cameo suelto en Super Smash Bros. para recordarnos que la marca seguía existiendo. Por eso, cuando Shigeru Miyamoto y Yoshiaki Koizumi aparecieron sin previo aviso presentando un Star Fox Direct, nos pilló a todos por sorpresa.
Para pillarle el punto a todo esto hay que remontarse un poco. Star Fox debutó en 1993 en Super Nintendo, un shooter sobre raíles que llamó la atención por moverse en polígonos gracias al chip Super FX, algo que aquella consola no estaba pensada para hacer. Pero el juego que de verdad marcó el terreno, el que todo el mundo tiene en la cabeza cuando piensa en esta saga, fue Star Fox 64, en Nintendo 64 con sus combates aéreos que no daban tregua y un reparto que se quedó grabado a fuego —Peppy Hare, Slippy Toad, Falco Lombardi—. Todo lo que vino luego, desde Star Fox Adventures hasta Star Fox Command, pasando por la remasterización Star Fox 64 3D de 2011 y el propio Star Fox Zero, ha sido en el fondo lo mismo: intentar volver a esa fórmula, o escapar de ella sin conseguirlo del todo.
Y aquí es donde entra este nuevo Star Fox de Switch 2, un remake de aquel Star Fox 64 con la misma estructura de niveles, mismo enfrentamiento final contra Andross en Venom, pero rehecho gráficamente de arriba abajo, con doblaje íntegro, cinemáticas nuevas y, como añadido, una misión de prólogo protagonizada por James McCloud, el padre de Fox, que nunca habíamos visto en acción. Nintendo, de paso, lo ha convertido en la bandera técnica de su nueva consola, el juego con el que quiere dejar claro cuánto ha subido el listón respecto a la Switch original.

La historia de Star Fox vuelve a situarnos en el sistema Lylat, un rincón de la galaxia que se encuentra al borde del colapso tras la ofensiva del científico Andross. Para hacer frente a la amenaza, el general Pepper recurre al equipo Star Fox, un reducido escuadrón de pilotos mercenarios encabezado por Fox McCloud. Su misión pasa por abrirse camino a través de planetas, bases militares y peligrosas rutas espaciales hasta llegar al corazón del conflicto y detener una invasión que amenaza con extenderse por todo el sistema.
La premisa mantiene la esencia que convirtió en un referente a Star Fox 64, apostando por una narración directa que nunca interrumpe el ritmo de la acción. No obstante, esta nueva versión aprovecha la tecnología actual para enriquecer el desarrollo de la aventura sin modificar sus acontecimientos principales. Las nuevas escenas, unos diálogos más elaborados y una puesta en escena mucho más cuidada consiguen que el universo del juego resulte más coherente y que las motivaciones de sus protagonistas tengan un mayor peso durante la campaña.
Uno de los aspectos que más se beneficia de este tratamiento es el propio equipo Star Fox. Fox, Falco, Peppy y Slippy dejan de ser simples compañeros que aparecen para ofrecer ayuda puntual y pasan a sentirse como un auténtico grupo de pilotos con personalidades bien definidas. Sus conversaciones durante las misiones, las bromas que intercambian, las diferencias de carácter e incluso los pequeños momentos de complicidad hacen que la relación entre ellos resulte mucho más natural y creíble, aportando un componente humano que enriquece el conjunto.
La estructura de la campaña continúa siendo uno de los grandes atractivos del juego. La aventura comienza en Corneria, pero el recorrido no es completamente lineal. El rendimiento del jugador durante determinadas misiones, así como algunas decisiones tomadas en pleno combate, desbloquean rutas alternativas que conducen a nuevos planetas, enfrentamientos diferentes y encuentros con personajes exclusivos de cada itinerario. Este sistema, heredado de las entregas clásicas, mantiene intacta su capacidad para incentivar nuevas partidas, ya que cada recorrido ofrece situaciones distintas y permite descubrir parte del contenido que queda oculto en una única sesión.

Star Fox es, en esencia, un matamarcianos sobre raíles: la nave avanza sola y tu trabajo es esquivar, disparar y sobrevivir hasta llegar al jefe de turno, mecánico o biológico, que te espera al final de cada fase. Es un diseño que en 2026 suena casi arqueológico si lo comparas con cualquier shooter actual, donde la pantalla suele estar saturada de proyectiles sin descanso. Y sin embargo aquí funciona, porque va de reflejos, memoria y repetición, un ciclo de prueba y error que castiga rápido, pero recompensa todavía más rápido.
Nada más arrancar, el juego te suelta a un tutorial donde pruebas cada movimiento y ajustas la sensibilidad del stick y de la mira, así que en cuestión de minutos ya tienes controlado lo básico. Si vienes de Star Fox 64 o de la versión de Nintendo 3DS, la memoria muscular hace el resto: B para frenar, Y para acelerar y las maniobras especiales en la cruceta, el mismo esquema de siempre. Pilotar el Arwing se siente preciso desde el primer minuto, con movimientos ágiles y disparos con contundencia. Doble toque en L o R ejecuta el barrel roll, que desvía láseres y misiles entrantes, y puedes alternar entre la vista clásica en tercera persona y una vista de cabina para apuntar con más precisión, aunque pierdes visión por encima y por debajo de la nave.
En cuanto a daños y power-ups, el sistema respeta el cóctel arcade de siempre: mejoras de disparo que suben de nivel hasta convertir tu láser en azul, los anillos dorados amplían la barra de vida, los grises reparan el casco al instante, y las bombas conviene reservarlas para emergencias, porque destruir enemigos con ellas no suma el mismo bonus de puntuación que un disparo cargado bien colocado en el centro de una formación enemiga, capaz de reventar varias naves de un tiro. Resolver bien ciertos eventos —rescatar a un compañero derribado a tiempo, limpiar de enemigos a otro que va perseguido— abre rutas secretas con potenciadores escondidos tras cascadas o zonas ocultas, un incentivo constante para repetir fases buscando ese detalle que se te escapó la primera vez.
En el diseño de fases y campaña está el verdadero corazón del juego. La campaña se compone de 16 niveles en total, todos arrancando en Corneria y terminando en Venom o en su variante final, Venom 2, pero cada partida individual solo te lleva a través de exactamente 7 de esos 16 escenarios. El sistema cuenta con 25 rutas posibles entre el punto de partida y el final: 14 conducen al desenlace estándar en Venom y 11 pueden llevarte hasta Venom 2 y el auténtico combate contra la forma real de Andross, un cerebro con ojos brillantes que ni siquiera aparece en el final normal. Si consigues llegar hasta ahí y derrotarlo, obtienes una secuencia de escape adicional guiada por el fantasma de James McCloud, un segmento que directamente no existe si te quedas en la ruta convencional.
Cada bifurcación tiene su propia condición oculta. En Corneria hay que rescatar a Falco, atravesar siete aros de piedra y destruir el Attack Carrier; en Meteo, cruzar siete anomalías de energía para abrir un atajo hasta Katina; en Fichina toca derrotar a Star Wolf antes de que se agote el tiempo; en Zoness, destruir 36 boyas de radar sin ser detectado; en Sector X puedes o bien acabar con el jefe Spyborg antes de que derribe a Slippy, o abrir cuatro puertas de energía para un atajo hasta Sector Z, siendo ambas salidas mutuamente excluyentes en la misma partida. El caso más raro es Titania: no se puede llegar ni desde Solar ni desde Macbeth, la única entrada es a través de Sector X, y curiosamente el requisito para acceder pasa porque Slippy sea derribado, justo lo contrario de lo que se busca en el resto del juego.
Las medallas, por su parte, exigen dos cosas a la vez: alcanzar un número mínimo de derribos en la fase y terminarla con los tres compañeros de ala —Peppy, Slippy y Falco—. No están disponibles en dificultad Fácil, así que si buscas completar el juego al 100% tocará jugarlo en Normal o Experto sí o sí.
Más allá del Arwing, la campaña te mete en el tanque Landmaster para las secciones terrestres y en el submarino Blue-Marine para las de Aquas. Ambos comparten los controles básicos de disparo, turbo, freno y barrel roll del Arwing, aunque ninguno puede ejecutar el rizo (somersault) ni el giro en U, exclusivos de la nave principal. Respecto al juego de Nintendo 64 original se nota mucho el pulido: el Landmaster, que en su día se sentía torpe persiguiendo el tren de Macbeth, ahora responde con bastante más fluidez, y el Blue-Marine ha dejado atrás esa sensación de pesadez para convertir las fases submarinas en algunos de los tramos más espectaculares de toda la campaña.
Pasando a hablar de sus modos de juego, empezaremos por la Campaña, Está apenas se ha tocado en su estructura: niveles cortos pero intensos, jefe al final de cada uno, y ese sistema de rutas alternativas heredado de 1997 que te reparte por caminos de dificultad fácil, media o difícil según lo bien que juegues. Las cinemáticas nuevas, el prólogo de James McCloud y las conversaciones dentro del Great Fox entre misión y misión le dan un envoltorio mucho más cinematográfico que el original, aunque el esqueleto jugable sea prácticamente el mismo.
El Modo Desafío es probablemente el extra que mejor entiende de qué va este juego. Coge fases que ya te has pasado en campaña y les añade hasta seis objetivos concretos por planeta —derrotar a cierto número de enemigos, completar una sección dentro de un tiempo límite, cumplir una condición especial—, con recompensas que incluyen información adicional sobre personajes y localizaciones para ir rellenando el Holoviewer, la enciclopedia interna del juego. No transforma la fórmula, pero le da mucho más sentido a la repetición.
Por su parte, el Cooperativo local reparte los papeles entre piloto y artillero, con un segundo Joy-Con 2 en modo ratón para apuntar mientras el otro jugador lleva la nave, y cambia bastante cómo se vive cada misión. Es divertido y bastante social, aunque algún análisis apunta que se queda algo corto al limitar al segundo jugador únicamente a apuntar y disparar, sin más margen de maniobra. También existe la variante online mediante GameShare, que traslada esa misma dinámica a distancia.

Respecto al Multijugador online, este representa la gran novedad de esta versión, algo que ni Star Fox 64 ni sus remakes anteriores habían tenido más allá del multijugador local a cuatro. El Modo Batalla enfrenta a los equipos Star Fox y Star Wolf en partidas de 4 contra 4, con matchmaking o partidas privadas, y admite hasta 8 jugadores simultáneos en línea. Hay tres escenarios —Corneria, Fichina y Sector Y— cada uno con sus propias reglas: capturar zonas, recolectar cristales energéticos o recuperar cargamento, según el mapa.
Pero el añadido más interesante es el modo ratón: sujetas un Joy-Con 2 como un ratón de PC para apuntar desde dentro de la cabina. Junto a esto llega GameShare, que permite que hasta tres personas jueguen con una sola copia física del juego, en local o en línea, y GameChat, que deja aparecer con avatares de los personajes de Star Fox durante las partidas si tienes una cámara USB-C compatible conectada, además de filtros de realidad aumentada inspirados en la saga.

El juego cuenta con tres niveles de dificultad que modifican el daño que reciben y hacen los enemigos, el número de continuaciones disponibles y si es posible o no optar a las puntuaciones máximas y las medallas. El modo Fácil te da una nave más resistente y un láser más potente, pero directamente no permite conseguir medallas. El Normal es el punto de partida habitual, y el Experto reorganiza el desafío de forma considerablemente más dura, hasta el punto de que jugadores veteranos que se conocían el juego de memoria han descrito tramos como Área 6 o el tramo contra Star Wolf en Venom 2 cómo brutalmente exigentes si llegas con el láser sin mejorar.
La duración es la letra pequeña que conviene tener clara antes de comprarlo: la campaña principal, cinemáticas nuevas incluidas, se completa en hora y media o, como mucho, en menos de tres horas. Quien ya conozca el original puede terminarla incluso más rápido, porque el orden de las fases, la colocación de enemigos y las mecánicas de los jefes se mantienen casi intactos frente a 1997. Dicho así suena a poco, pero la trampa es desbloquear las 25 rutas, conseguir las 32 medallas entre Normal y Experto, completar el Holoviewer al 100% y superar todos los desafíos, lo que obliga a jugarlo una y otra vez.


Si hay un terreno en el que este remake no deja lugar a dudas es el técnico. Velan Studios, el estudio detrás del proyecto, ha cogido el esqueleto de Star Fox 64 y lo ha vestido con un apartado gráfico que poco tiene que ver con lo que se podía hacer en Nintendo 64 en 1997. Las estructuras poligonales planas de entonces dan paso a escenarios mucho más densos: Corneria ya no es una ciudad de cajas geométricas, sino una metrópolis con capas de detalle, asedio militar y partículas de polvo que reaccionan a la propulsión del Arwing; en Solar, la lava se mueve con un comportamiento térmico bastante más creíble, con destellos de luz que se reflejan directamente sobre el fuselaje de la nave. Y en Titania o en los campos de meteoritos de Meteo, el nivel de detalle del entorno es de los que hacen que pares un segundo solo para mirar alrededor, algo que jamás te planteabas en la versión original.

Las cinemáticas son el punto donde más se nota el salto: se renderizan en tiempo real con un nivel de detalle en los personajes —texturas de alta resolución, pelajes y plumajes con volumen real, iluminación dinámica y desenfoques que buscan un acabado casi de película de animación— que convierte al juego en una de las mejores cartas de presentación visual del catálogo de Nintendo Switch 2, al menos en esos tramos entre misión y misión.
En cuanto al rendimiento, el juego se mueve a 60 fotogramas por segundo tanto en modo sobremesa como en portátil, sin caídas ni tirones incluso con la pantalla llena de naves, explosiones y efectos de partículas. Conviene matizar que la resolución real de renderizado parece situarse más cerca de los 1080p que de un 4K nativo, aunque en pantalla, sobre todo en televisor, el resultado se percibe muy nítido gracias al escalado. Lo importante, en cualquier caso, es que esos 60 fps se mantienen sólidos en cualquier circunstancia, algo especialmente relevante en un shooter tan frenético como este, donde cualquier bajón de frames afecta directamente a la capacidad de esquivar y apuntar.


Si el apartado técnico y visual da la sorpresa, el sonoro no se queda atrás, y es aquí donde este remake se lleva una de sus mejores notas. La banda sonora ha sido reimaginada bajo dirección musical propia a partir de las composiciones originales de Koji Kondo y Hajime Wakai, con arreglos orquestales que le sientan de maravilla a temas tan reconocibles como los de Corneria, Meteo o Venom.
Y luego está el doblaje, que en el caso del castellano es sencillamente sobresaliente. Es la primera vez que la franquicia recibe un doblaje íntegro con este nivel de producción: no hablamos solo de las cinemáticas, sino también de las comunicaciones durante las misiones, las órdenes que dan tus compañeros en pleno combate y hasta los chascarrillos habituales de Fox. El reparto está encabezado por Mario García, la voz habitual del Spider-Man de Tom Holland, poniéndole voz a Fox McCloud, es algo que ya de entrada da una idea del nivel de nombres que Nintendo ha metido en este proyecto.
El resto del apartado sonoro está a la misma altura que las voces. Los efectos de disparo tienen contundencia, las explosiones suenan grandes y satisfactorias, y el rugido de los motores del Arwing, del Landmaster o del Blue-Marine ayuda a construir una sensación de velocidad constante que acompaña muy bien al ritmo frenético de cada fase.

Después de recorrer el sistema Lylat de nuevo, la sensación que deja este Star Fox es la de un regreso hecho con muchísimo mimo, pero también con muy poco riesgo. Nintendo ha cogido un juego que llevaba treinta años funcionando y lo ha vestido de gala y con un puñado de añadidos que le dan una capa de contenido que el original de Nintendo 64 nunca tuvo. El control del Arwing sigue siendo una gozada, el diseño de rutas alternativas sigue siendo un vicio, y volver a plantarle cara a Andross se siente tan bien como siempre. En definitiva, es un homenaje precioso y una tarjeta de presentación técnica brillante para la consola, pero también deja clarísimo que Fox McCloud y su equipo se merecen, cuanto antes, una aventura completamente nueva.




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