
Los primeros meses de vida de Nintendo Switch 2 están dejando una sensación bastante curiosa. Lejos de apoyarse únicamente en sus franquicias más evidentes, Nintendo está apostando por propuestas que quizá no ocupan tantos titulares como un nuevo Mario o Zelda, pero que demuestran una enorme voluntad por experimentar. Ahí están títulos como Donkey Kong Bananza, Kirby Air Riders o este Yoshi and the Mysterious Book, juegos que buscan ofrecer algo diferente dentro del catálogo de la consola.
La elección de Yoshi como uno de los protagonistas destacados de esta etapa de Nintendo tampoco resulta casual. Aunque durante mucho tiempo fue visto como el compañero inseparable de Mario, el personaje lleva años demostrando que puede sostener aventuras propias con personalidad suficiente para diferenciarse del resto de franquicias de la compañía. Y esto es así desde hace años, momento en el que la saga propia de Yoshi ha encontrado una identidad muy particular basada en la artesanía visual y en la reinterpretación constante de las mecánicas clásicas de plataformas. Tras Yoshi’s Woolly World y Yoshi’s Crafted World, esta tercera entrega vuelve a apoyarse en esa filosofía, pero lo hace llevando todavía más lejos su afán por sorprender al jugador a través de conceptos poco habituales dentro del género.

Como suele ocurrir en muchos títulos de Nintendo, la narrativa de Yoshi and the Mysterious Book no busca convertirse en el eje principal de la experiencia. Su función es ofrecer una premisa simpática que justifique la aventura y sirva de punto de partida para todas las situaciones que viviremos a lo largo del juego.
Todo comienza cuando Bowsy, siempre dispuesto a meterse en problemas, encuentra un extraño libro mientras rebusca entre los rincones de un castillo. Lo que parece un hallazgo cualquiera termina convirtiéndose en el detonante de toda la aventura. Fascinado por las ilustraciones que descubre en sus páginas, especialmente por una misteriosa criatura conocida como Guacamorfo, decide emprender un viaje para encontrarla y así impresionar a su padre. Durante su búsqueda acaba utilizando un peculiar artefacto que provoca un accidente inesperado: termina siendo absorbido por el propio libro, mientras este acaba perdido en una playa de la Isla de los Yoshis.

La llegada de ese extraño objeto no pasa desapercibida para sus habitantes. Impulsados por su habitual curiosidad, los Yoshi se acercan a investigar y pronto descubren que no se trata de un libro cualquiera. Ante ellos aparece el Profesor Leo, un peculiar volumen parlante con monóculo, enorme bigote y una personalidad tan extravagante como entrañable. El problema es que ha perdido toda la información que almacenaba en sus páginas y ya no recuerda nada acerca de las criaturas que una vez documentó.

A partir de ese momento, los Yoshis se ofrecen a ayudarle. La misión consiste en adentrarse en las páginas del libro y redescubrir a todos los seres que habitan en su interior, registrando sus comportamientos, sus costumbres y la forma en que interactúan tanto con el entorno como con otras especies.
Uno de los aspectos más curiosos de la aventura es precisamente cómo se construye alrededor de esa investigación constante. Cada zona presenta criaturas diferentes, adaptadas a su hábitat y con comportamientos únicos. Algunas reaccionan a la presencia de Yoshi, otras interactúan entre ellas de maneras inesperadas y muchas esconden detalles que solo se descubren observando atentamente su rutina. Esto aporta una gran variedad a la progresión y consigue que la exploración tenga siempre una recompensa más allá de completar el nivel de turno.
Además, el juego fomenta cierto vínculo con las criaturas que vamos descubriendo gracias a pequeños detalles como la posibilidad de asignarles nombres personalizados. Puede parecer algo anecdótico, pero termina contribuyendo a que el bestiario resulte mucho más cercano y personal. La mayoría de estos seres proceden de anteriores entregas protagonizadas por Yoshi, aunque también hay algunas incorporaciones inéditas creadas específicamente para esta aventura.

Por supuesto, Bowsy no desaparece de la ecuación tras el prólogo. Tanto él como Kamek siguen apareciendo a lo largo de la historia para complicar las cosas cuando menos conviene, aportando ese toque de humor y caos tan característico de la franquicia. Mientras tanto, el misterio que rodea al Profesor Leo, el paradero de Bowsy y la búsqueda del esquivo Guacamorfo sirven como hilo conductor de una aventura ligera y desenfadada que encaja perfectamente con el tono general del juego.
La historia nunca pretende ser más de lo que realmente es, pero tampoco lo necesita. Su sencillez juega a su favor y sirve como excusa ideal para introducir una de las ideas más originales que ha tenido la saga en años: convertir cada nivel en una pequeña expedición de descubrimiento donde observar, experimentar y aprender resulta tan importante como saltar o explorar.


Si habéis jugado anteriormente a cualquier entrega protagonizada por Yoshi, os sentiréis como en casa desde el primer minuto. El simpático dinosaurio conserva prácticamente todo su repertorio de movimientos clásico: puede correr, saltar, planear durante unos segundos en el aire, tragarse enemigos y objetos con su larga lengua, fabricar huevos para lanzarlos con precisión, realizar su característico culatazo o colarse por pequeños túneles reptando por el suelo. La diferencia es que esta vez todas esas habilidades tienen un propósito muy distinto al habitual.

Tras aceptar la propuesta del Profesor Leo, podremos escoger el color de nuestro Yoshi entre una amplia variedad disponible desde el principio. A partir de ahí, el libro irá desbloqueando sus distintos capítulos, que funcionan como los mundos principales de la aventura. Cada uno presenta una ambientación propia, con ecosistemas claramente diferenciados que van desde bosques y zonas costeras hasta montañas, cuevas o escenarios mucho más imaginativos que encajan perfectamente con el tono fantástico del juego.
Una vez dentro de cada capítulo, la dinámica cambia por completo respecto a lo que suele ofrecer la saga. Cada escenario funciona como una especie de hábitat vivo donde encontraremos numerosas criaturas que deberemos investigar. La lupa que nos acompaña durante la exploración se convierte en una herramienta fundamental para detectar elementos de interés y comenzar a registrar información para el bestiario del Profesor Leo.

Es precisamente aquí donde el juego encuentra su identidad. Cada criatura esconde decenas de comportamientos y reacciones distintas que debemos descubrir mediante la experimentación. Algunas responden de una forma concreta cuando les lanzamos un huevo, otras reaccionan al fuego, al agua o a determinados alimentos. También existen criaturas que modifican el entorno, interactúan entre sí o muestran comportamientos completamente distintos dependiendo del lugar donde se encuentren. La pregunta constante durante toda la aventura es siempre la misma: «¿qué ocurrirá si pruebo esto?».
Esa sensación de descubrimiento permanente funciona sorprendentemente bien porque el juego evita dirigirnos constantemente de la mano. Muchas investigaciones se completan de manera natural simplemente interactuando con el entorno y dejándonos llevar por la curiosidad. Sin embargo, también existen hallazgos mucho más complejos que exigen observación, lógica y una buena dosis de ensayo y error. Cuando alguno de estos descubrimientos se nos resiste, podemos recurrir a las runas, la moneda del juego, para adquirir pistas que nos orienten sin revelar directamente la solución.

Una de las novedades más interesantes es la posibilidad de cargar sobre el lomo a buena parte de las criaturas que encontramos. Al igual que ocurría con los bebés en otras entregas de la franquicia, cada una aporta habilidades únicas que transforman nuestra manera de explorar. Algunas permiten planear, otras facilitan la pesca, y muchas desbloquean rutas alternativas o interacciones completamente nuevas dentro de los escenarios. Este sistema multiplica las posibilidades de exploración y consigue que regresar a zonas ya visitadas tenga mucho sentido.
Además, el juego no limita cada criatura a un único escenario. Conforme avanzamos, algunas especies comienzan a aparecer en otros niveles, generando nuevas situaciones y permitiendo completar investigaciones que anteriormente parecían imposibles. Es un detalle sencillo, pero aumenta enormemente la sensación de que el mundo está conectado y contribuye a que el bestiario se convierta en una auténtica obsesión para quienes disfrutan completándolo todo.

Cada descubrimiento registrado en el libro genera una recompensa en forma de estrellas. Dependiendo de la importancia o dificultad del hallazgo, obtendremos entre una y tres. Estas estrellas funcionan como el principal sistema de progresión, ya que son necesarias para desbloquear nuevos capítulos. La idea resulta interesante porque premia directamente la exploración y la investigación, aunque también provoca una situación curiosa: los jugadores más dedicados pueden acumular tantas estrellas en los primeros compases que llegarán a desbloquear capítulos muy avanzados antes de haber visitado algunos intermedios.

La estructura general del juego gira alrededor de este sistema. Inicialmente encontramos seis capítulos principales, pero tras alcanzar los primeros créditos aparecen otros cuatro adicionales con nuevas criaturas, desafíos y secretos por descubrir. Además, existe contenido extra centrado en ampliar información sobre especies ya conocidas y en superar pruebas especiales que recompensan al jugador con detalles inéditos sobre la historia y los personajes. Todo ello contribuye a una sensación de progresión constante que va mucho más allá de la campaña principal.

A nivel de duración, completar la aventura sin profundizar demasiado puede llevar alrededor de cuatro o cinco horas. Sin embargo, esa cifra resulta bastante engañosa porque el juego está claramente diseñado para quienes disfrutan explorando cada rincón. Buscar todas las entradas del bestiario, completar investigaciones pendientes y desbloquear cada secreto multiplica fácilmente el tiempo total de juego.También conviene señalar que la dificultad se mantiene generalmente en niveles muy bajos. Durante buena parte de la aventura es prácticamente imposible fracasar, y Yoshi ni siquiera puede morir de forma convencional.

En conjunto, la jugabilidad de Yoshi and the Mysterious Book rompe con muchas de las expectativas habituales de la franquicia. No hay enemigos tradicionales, no existe una presión constante por llegar al final del nivel y el fracaso rara vez forma parte de la ecuación. Lo que encontramos es una aventura construida alrededor de la curiosidad, la observación y el descubrimiento. Un juego que premia experimentar sin miedo y que consigue transformar algo tan sencillo como preguntarse «¿qué pasa si hago esto?» en una mecánica capaz de sostener toda la experiencia de principio a fin.


Si hay algo que ha caracterizado a las aventuras protagonizadas por Yoshi durante los últimos años es su capacidad para reinventarse visualmente en cada nueva entrega. Lo vimos con el acabado de lana de Yoshi’s Woolly World, volvió a suceder con el universo construido a partir de cartón, papel y materiales reciclados de Yoshi’s Crafted World, y ahora Yoshi and the Mysterious Book vuelve a sorprender apostando por una dirección artística completamente diferente.

En esta ocasión, todo gira alrededor de la idea de un libro ilustrado que cobra vida. Desde el primer momento da la sensación de estar hojeando un cuento infantil interactivo, con escenarios que parecen dibujados sobre páginas repletas de color y personajes que encajan perfectamente dentro de esa fantasía visual. La elección artística no solo sirve para diferenciar esta entrega de sus predecesoras, sino que además encaja de forma natural con la propia temática de la aventura y con el papel que desempeña el Profesor Leo dentro de la historia.
La paleta de colores juega un papel fundamental en esa identidad visual. Los escenarios están repletos de tonos cálidos, suaves y agradables a la vista, transmitiendo constantemente una sensación de comodidad y cercanía. Cada bioma mantiene su propia personalidad, pero todos comparten esa apariencia acogedora que hace que recorrer el mundo resulte especialmente agradable. Ya sea explorando bosques llenos de vegetación, costas bañadas por la luz del sol o localizaciones mucho más imaginativas, el juego consigue que cada entorno tenga encanto propio sin romper la cohesión visual del conjunto.

Otro aspecto que llama rápidamente la atención es el tratamiento de las animaciones. Lejos de buscar el movimiento ultrafluido que solemos asociar a las grandes producciones actuales, los desarrolladores han optado por una presentación que recuerda deliberadamente a las películas de animación stop-motion. Los movimientos de personajes y criaturas poseen una cadencia muy particular que evoca producciones como Coraline o Kubo and the Two Strings, reforzando todavía más esa sensación de estar contemplando una fábula animada.

También merece una mención especial el enorme trabajo realizado en las transiciones y en la puesta en escena de los distintos escenarios. El paso entre zonas, los efectos que acompañan determinados descubrimientos y la forma en que las páginas del libro sirven para conectar unos espacios con otros ayudan a reforzar continuamente la ilusión de estar viajando por una enciclopedia fantástica viva. Son detalles que quizá pasan desapercibidos en una captura de pantalla, pero que aportan mucho carácter cuando se experimentan en movimiento.

Más allá del evidente atractivo artístico, el resultado técnico también está a la altura. Durante toda la aventura el rendimiento se mantiene estable, ofreciendo una experiencia muy fluida tanto en sobremesa como en portátil. Los 60 fotogramas por segundo contribuyen a que el control responda siempre con precisión y a que la exploración resulte especialmente agradable, algo importante en un juego donde la observación constante forma parte de la experiencia.


El apartado sonoro de Yoshi and the Mysterious Book apuesta en la mayor parte de los casos por melodías suaves, alegres y muy fáciles de escuchar durante largas sesiones de juego. Son temas que encajan perfectamente con el tono desenfadado de la propuesta y con el carácter amable de sus escenarios. Quizá no estemos ante una de esas composiciones que pasan automáticamente a formar parte de las grandes bandas sonoras históricas de Nintendo, pero sí ante un acompañamiento musical sólido que sabe estar presente cuando debe y desaparecer cuando la exploración requiere toda nuestra atención.

Sin embargo, donde el apartado musical demuestra una personalidad especial es en determinados niveles que integran directamente la música dentro de la propia jugabilidad. A lo largo de la aventura encontramos situaciones en las que nuestras acciones influyen en la construcción de las melodías que escuchamos, generando una relación muy interesante entre exploración y sonido.
Uno de los ejemplos más curiosos aparece en ciertas investigaciones donde debemos interactuar con criaturas especialmente sensibles a la música. En algunos casos tendremos que hacer cantar a determinados animales para completar secuencias musicales que poco a poco comienzan a resultarnos familiares. En otros, será necesario proporcionar objetos a ciertas criaturas para que los utilicen como instrumentos improvisados, participando así en pequeñas composiciones que se desarrollan de forma natural mientras jugamos.

Las voces siguen el estilo habitual que Nintendo lleva utilizando desde hace años en muchas de sus franquicias. Los personajes se comunican mediante expresiones, sonidos y pequeñas vocalizaciones en un idioma ficticio que evita el doblaje tradicional. Puede que no aporte una gran profundidad interpretativa, pero encaja perfectamente con el tono ligero y caricaturesco de la aventura. Además, el juego cuenta con textos completamente localizados al español, permitiendo seguir todas las conversaciones y explicaciones sin ningún tipo de problema.
Dentro de este apartado destaca especialmente la presencia constante del Profesor Leo, que acompaña buena parte de la aventura con comentarios relacionados con nuestros descubrimientos. Sus intervenciones aportan personalidad al bestiario y ayudan a que cada nueva entrada tenga algo más de contexto. Algunas observaciones resultan informativas, otras tienen un tono humorístico y muchas contribuyen a reforzar la sensación de estar participando en una auténtica investigación sobre las criaturas del libro. Además, cuando nos encontramos atascados, también puede ofrecernos pequeñas orientaciones para ayudarnos a seguir avanzando.

Por su parte, los efectos de sonido mantienen el nivel esperado en una producción de estas características. Cada criatura posee reacciones fácilmente identificables, las acciones de Yoshi cuentan con una respuesta sonora clara y los distintos elementos interactivos del escenario transmiten correctamente la información necesaria al jugador. Puede parecer un detalle menor, pero en una aventura tan centrada en experimentar con el entorno, contar con efectos sonoros reconocibles resulta fundamental para reforzar la sensación de descubrimiento.


Yoshi and the Mysterious Book demuestra que todavía hay espacio para que Nintendo experimente con sus franquicias más veteranas sin perder su esencia por el camino. Lejos de apostar por un plataformas convencional, esta nueva aventura transforma la curiosidad y la experimentación en el núcleo de toda la experiencia, ofreciendo una propuesta tan relajada como sorprendentemente profunda. Su original planteamiento basado en la investigación de criaturas, una dirección artística encantadora que parece sacada de un cuento ilustrado y una jugabilidad que premia constantemente el descubrimiento convierten al juego en una de las propuestas más singulares del catálogo inicial de Nintendo Switch 2.




Deja una respuesta