
Durante más de dos décadas, la saga Mario Tennis ha acompañado prácticamente a todas las consolas de Nintendo. Desde su debut en Nintendo 64, la franquicia se ha convertido en un buque insignia del deporte dentro de esta consola y somos muchos los jugadores que recordamos esas primeras partidas mientras descubríamos otra manera de reinterpretar este deporte como algo tremendamente divertido bajo el inconfundible filtro del Reino Champiñón.
Después llegarían entregas en GameCube, Nintendo 3DS, Wii U y Switch, con resultados desiguales, pero manteniendo esa esencia arcade tan reconocible. Ahora, con el estreno de Mario Tennis Fever en Nintendo Switch 2, la franquicia no solo regresa, sino que lo hace con una intención clara de reinventarse.
La nueva entrega, desarrollada por Camelot y publicada por Nintendo, recoge el legado de Mario Tennis Aces y lo reinterpreta con una ambición que se percibe desde el primer partido. Esto se materializa en la entrega que cuenta con el mayor número de personajes de la franquicia y con la introducción de las Raquetas Furor, lo que se postula como la gran novedad dentro de esta entrega.
Si algo deja claro Mario Tennis Fever desde el primer saque es la filosofía que propone Camelot: partidos rápidos, intensos y cargados de giros inesperados que convierten cada intercambio en un pequeño espectáculo. Pero antes de entrar en materia, nada más encender el juego se nos propone un tutorial donde se nos enseñan las nociones básicas de esta aventura y donde aprenderemos todo tipo de golpes.

Precisamente, esa jugabilidad hereda en parte lo visto en Mario Tennis Aces. Los golpes clásicos siguen presentes —plano, liftado, cortado, globo y dejada— y responden con precisión tanto con los Joy-Con 2 como con el mando Pro. La sensación en pista es ágil pero contenida: los personajes se desplazan con soltura, aunque sin exageraciones, lo que obliga a posicionarse bien y a interpretar correctamente cada jugada.

Sin embargo, como hemos indicado con anterioridad, la auténtica revolución jugable llega con las más de 30 Raquetas Furor. A diferencia de anteriores entregas, donde el poder especial dependía del personaje —como ocurría con el golpe maestro—, ahora la habilidad reside en la raqueta equipada. Cada jugador dispone de una barra de furor que se llena a medida que golpea la pelota y, al activarla, el impacto en el campo rival desata el efecto único del arma elegida.
Lo más interesante es cómo funciona cada una de ellas. Algunas generan charcos de hielo que congelan al oponente; otras dejan barro que ralentiza sus movimientos; también hay raquetas que invocan tornados capaces de alterar trayectorias, proyectan lava, colocan obstáculos en pista o incluso crean duplicados temporales que refuerzan la defensa. Pero el sistema introduce un matiz clave: si el rival devuelve la pelota antes de que toque su campo y consigue que bote en el tuyo, el efecto se vuelve en tu contra. Esto convierte cada golpe furor en un instante de máxima tensión.

En cuanto al plantel, los 38 personajes disponibles marcan un récord dentro de la saga. Mario, Luigi, Peach o Bowser representan perfiles equilibrados o de potencia clásica, mientras que incorporaciones como Pauline, Estela, Goomba, Caco Gazapo o el debutante Bebé Waluigi amplían el abanico con atributos diferenciados. Cada uno cuenta con estadísticas propias —velocidad, control, potencia— que influyen directamente en el rendimiento en pista.

Pero la gran apuesta estructural es el Modo Historia. Aquí controlamos a Bebé Mario, acompañado por otros personajes transformados en bebés debido a una maldición vinculada a una misteriosa isla y a la enfermedad que afecta a Daisy. La primera parte transcurre en la academia Toad, clara referencia a Mario Tennis: Power Tour de Game Boy Advance. Durante este tramo ascendemos de rango, participamos en minijuegos y mejoramos estadísticas básicas como velocidad o control. El problema es que esta sección inicial se siente excesivamente tutorializada.

No obstante, este modo historia nos mantendrá enganchados mientras disfrutamos, aprendemos y dominamos cada una de las opciones y habilidades del juego. Y, como adelantábamos, no nos vamos a encontrar únicamente partidos de tenis al uso, que también, sino que van a incidir diferentes elementos de otros géneros como la exploración o el RPG, que nos permitirán subir de nivel al personaje y aumentar sus características para hacer frente con mayor facilidad a nuestros rivales. Con todo ello, el modo historia nos proporcionará aproximadamente unas cuatro o cinco horas, una duración bastante ajustada para un modo que tiene como finalidad introducirnos en él a la vez que busca enseñarnos sus funciones clave.

Más allá de la campaña, el contenido es amplio. En primer lugar, tenemos que hablar del Modo Torneo, que incluye copas individuales y dobles con dificultad progresiva, desde desafíos accesibles hasta competiciones realmente exigentes. Más divertido nos ha resultado el modo Las Torres de los Retos. Aquí nos proponen desafíos encadenados con tres vidas disponibles y condiciones cambiantes que obligan a adaptarse constantemente.

El modo Popurrí concentra partidos especiales y minijuegos de habilidad, con pistas que alteran reglas o incorporan elementos inspirados en otros títulos del universo Super Mario. El Modo Libre permite configurar partidas personalizadas —número de sets, velocidad de bola, tipo de raqueta furor o superficie—, mientras que el Modo Realista vuelve a ofrecer la opción de jugar con control por movimiento.

Al hablar de los distintos modos de juego también tenemos que hablar de las recompensas y las diferentes opciones de desbloqueo de cada uno de ellos, que se integran de forma natural en los distintos modos. Los torneos permiten acceder a nuevos personajes, mientras que las Torres de los Retos y otros desafíos ofrecen recompensas adicionales. Las pistas especiales también se obtienen cumpliendo objetivos concretos en modos específicos como Popurrí.

Pero donde el juego realmente brilla es en el multijugador. En local admite hasta cuatro jugadores, tanto en individuales como en dobles, y la función GameShare facilita partidas compartiendo una sola copia del juego, algo especialmente práctico en reuniones. El modo online, por su parte, incluye partidas casuales y clasificatorias que potencian el componente competitivo.


Si algo define el apartado visual de Mario Tennis Fever, es su identidad. Pero, antes incluso de hablar de modelados o efectos, hay un detalle que marca la experiencia desde el primer minuto: la optimización.
En términos puramente técnicos, el juego se mueve a 60 imágenes por segundo completamente estables tanto en modo portátil como en modo sobremesa. No hay caídas perceptibles ni en los intercambios más caóticos ni cuando la pantalla se llena con los efectos especiales de las nuevas Raquetas Furor. La resolución en alta definición permite apreciar con claridad cada detalle, desde las texturas de las pistas hasta las expresiones faciales de los personajes.

La iluminación merece mención aparte. Los reflejos sobre superficies como el hielo o la madera aportan profundidad, y los efectos lumínicos asociados a habilidades especiales —fuego, hielo, tornados— se integran con limpieza en la acción sin saturar la imagen. Aunque, el único aspecto técnico que puede generar cierta irregularidad es el sistema de sombras. En algunos momentos se muestran definidas y coherentes con la iluminación general, pero en otros resultan más suaves o ligeramente pixeladas.
El salto visual se aprecia especialmente en el plantel de los 38 personajes disponibles. Mario, Luigi, Peach o Bowser mantienen su esencia clásica, pero ahora cuentan con animaciones más expresivas y gestos más marcados. Personajes como Pauline (alcaldesa de Nueva Donk), Estela —protagonista de Super Mario Galaxy—,Bebé Wario o el debutante Bebé Waluigi presentan modelados detallados y animaciones únicas que refuerzan su personalidad en pista.
En cuanto a escenarios, el juego ofrece 14 pistas diferentes que abarcan superficies clásicas como césped o tierra batida, pero también propuestas más originales como hielo, madera o entornos de corte fantástico. Visualmente son variadas y coloridas, fieles al tono desenfadado del universo Super Mario.


En Mario Tennis Fever las composiciones mantienen ese tono alegre y desenfadado tan asociado al universo Super Mario, y cada pista cuenta con su propio tema, lo cual aporta cierta variedad. No óbstate, en este título las melodías resultan más simples de lo habitual y, tras varios partidos, tienden a volverse repetitivas.
Donde el juego sí marca un punto claramente positivo es en el trabajo de voces y localización. El título llega completamente doblado al castellano, y ese esfuerzo se nota. La presencia de la Flor Parlante como comentarista de los torneos aporta un toque fresco y humorístico que encaja muy bien con el tono del juego. Sus intervenciones durante los partidos añaden dinamismo y personalidad a cada encuentro, aunque por suerte pueden desactivarse si preferimos una experiencia más limpia y centrada exclusivamente en el sonido ambiente.
En lo que respecta a efectos de sonido, el juego cumple con solvencia. El impacto de la pelota varía según el tipo de golpe, las distintas raquetas tienen matices auditivos diferenciados y el ambiente de las gradas aporta contexto sin resultar invasivo. Las habilidades especiales, como las Raquetas Furor, cuentan con efectos claros y reconocibles que ayudan a identificar visual y sonoramente cada situación de riesgo o ventaja.


Con todo lo que pone sobre la mesa, Mario Tennis Fever se consolida como la entrega más ambiciosa que ha tenido la saga hasta la fecha. El salto a Nintendo Switch 2 se nota en lo visual y en el rendimiento, con una experiencia fluida a 60 FPS que hace que cada partido se sienta dinámico y preciso. Pero donde realmente marca la diferencia es en su sistema de Raquetas Furor, una mecánica que transforma los intercambios clásicos en duelos estratégicos cargados de tensión, caos y momentos memorables, especialmente en multijugador. No todo es perfecto —la banda sonora está por debajo de lo esperado y el modo historia tarda demasiado en arrancar—, pero el conjunto ofrece una cantidad de contenido, personalidad y diversión que lo sitúan como un imprescindible para quienes disfrutan del tenis arcade y de las partidas compartidas en el universo de Nintendo.





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