
Tomba! 2: The Evil Swine forma parte de esos recuerdos borrosos de estanterías de videoclub y tardes interminables frente a la PlayStation, y que a día de hoy es una pequeña joya de coleccionistas que se encuentra en las casas de muchos afortunados. Fue Whoopee Camp, bajo la dirección de la leyenda Tokuro Fujiwara, quien dio forma a una de esas joyas que no vendieron lo que merecían, pero que dejaron huella en quienes las jugaron. Y aunque el estudio acabó cerrando, su legado sigue vivo gracias a relanzamientos como este, de la mano de Limited Run Games.
El problema es que Tomba! 2 siempre ha cargado con una reputación complicada. El original se convirtió en un clásico de culto gracias a su planteamiento en 2D, su estructura abierta y una jugabilidad tan encantadora como sólida. La secuela, en cambio, optó por un enfoque 2.5D más ambicioso, pero también más irregular.
Afortunadamente, esta Special Edition, que llega de la mano de Limited Run Games. mantiene la promesa implícita de redención, igual que ocurrió con la reedición del primer juego. No obstante, precisamente ese cambio de 2D a 3D pesa y en los títulos de PS1 han envejecido de forma desigual, y no basta con hacerlos compatibles con pantallas modernas para que vuelvan a brillar. Aquí es donde surge la gran pregunta: ¿es este relanzamiento una auténtica celebración de un clásico olvidado o una oportunidad desaprovechada para pulir sus aristas más evidentes? Porque, aunque sigue siendo perfectamente jugable y conserva parte de su encanto retro, cuesta no pensar que Tomba! 2: The Evil Swine Return Special Edition podría haber sido algo más que un simple regreso.

En Tomba! 2: The Evil Swine Return Special Edition los Cerdos Malvados han vuelto, el caos se extiende otra vez por el mundo y a Tomba no le queda más remedio que lanzarse de cabeza a arreglarlo todo. El problema es que, más allá de algún detalle puntual —un nuevo objeto clave, un conflicto algo turbio en un pueblo minero—, el planteamiento es prácticamente el mismo que el del primer juego, como si la secuela prefiriera ir sobre seguro antes que arriesgar con ideas nuevas.
No es que uno espere una historia profunda sobre un cavernícola hiperactivo que pelea con cerdos gigantes y devora todo lo que encuentra a su paso. Pero sí se echa en falta un poco más de imaginación. Tomba sigue siendo ese protagonista entrañable, poco hablador y no especialmente brillante, que compensa sus carencias con una agilidad y una fuerza fuera de lo común. Cuando descubre que su amiga Tabby ha sido secuestrada, sale disparado hacia el Pueblo Minero para rescatarla, dando inicio a una aventura que se siente demasiado familiar. Así, acompañado por su inseparable Zippo, Tomba viaja a una nueva isla para poner fin, una vez más, a las fechorías de los Cerdos Malvados. Por el camino conocerás a un buen puñado de PNJ, muchos de ellos con voces y diálogos que hoy suenan tan exagerados como encantadoramente noventeros.
La narrativa es ligera incluso para los estándares del género, con pocos personajes relevantes y una sucesión de eventos que sirven, sobre todo, como excusa para llevarte de misión en misión. Y, aun así, hay algo difícil de ignorar: el encanto. El mundo de Tomba! 2 es extraño, colorido y deliberadamente absurdo, poblado por criaturas fantásticas, sirenas, personajes imposibles y hasta figuras que parecen sacadas de un cuento navideño.


Tomba! 2: The Evil Swine Return Special Edition es, en esencia, un plataformas de acción y aventura en 2D que se mueve sobre escenarios con profundidad 3D, lo que permite al juego jugar constantemente con caminos alternativos, bifurcaciones y pequeños desvíos. Esa estructura hace que la isla se sienta más grande y compleja de lo que realmente es, invitando a explorar y a preguntarte qué habrá más allá del siguiente cruce.
La progresión gira en torno a un sistema de misiones que te obliga a hablar con PNJ, aceptar encargos y volver sobre tus pasos para desbloquear nuevas zonas. Aquí es donde el juego encuentra uno de sus mayores aciertos: el backtracking no se siente forzado, sino integrado de forma natural. Volver a áreas ya conocidas te permite entender mejor su diseño, descubrir secretos que antes pasaron desapercibidos y reforzar esa sensación de mundo cohesionado, más cercana a una gran caja de rompecabezas que a una simple sucesión de niveles. Esa densidad de eventos y objetivos recuerda la enorme cantidad de misiones que el original planteaba —llegando a superar con facilidad el centenar si quieres completarlo todo— y reafirma su espíritu de exploración semiabierta.

Dentro de esa estructura, uno de los pilares son los enfrentamientos contra los Cerdiablos, los grandes antagonistas del juego. Cada uno de estos jefes controla una zona concreta del mapa y altera sus reglas: cambian el entorno, introducen peligros específicos o bloquean el avance hasta que los derrotes. No son combates especialmente complejos a nivel mecánico, pero sí funcionan como puntos de inflexión en la aventura, ya que derrotarlos suele desbloquear nuevas áreas, devolver la normalidad al mundo o permitirte acceder a recompensas clave.
Tomba! 2 combina plataformas y combate de forma constante, aunque rara vez brillante. A lo largo de la aventura irás desbloqueando armas, objetos y trajes especiales que son clave para acceder a zonas antes inaccesibles y refuerzan la sensación de progreso gradual tan característica del género. Resolver misiones, encontrar el objeto adecuado y usarlo en el lugar correcto sigue siendo el núcleo de la diversión, y cuando todo encaja, el juego sabe recompensarte con ese pequeño subidón de satisfacción tan propio de los metroidvania clásicos.

En cuanto a las habilidades de Tomba, su crecimiento no se basa en subir estadísticas tradicionales, sino en ampliar sus posibilidades de movimiento y acción. A lo largo del juego irá aprendiendo a nadar, planear, trepar con mayor eficacia o interactuar con el entorno de nuevas formas, normalmente gracias a los trajes temáticos o a objetos clave. Cada nueva capacidad no solo abre caminos antes cerrados, sino que recontextualiza zonas ya visitadas, invitándote a regresar con una mirada distinta. Es una progresión sencilla, pero efectiva, que mantiene vivo el interés por explorar.
El arsenal también evoluciona poco a poco. Tomba puede usar diferentes armas cuerpo a cuerpo y a distancia, desde herramientas básicas hasta objetos más específicos que facilitan ciertos enfrentamientos o puzles. Sin embargo, el corazón del combate sigue siendo el mismo: aturdir a los enemigos, saltar sobre ellos y lanzarlos fuera del escenario.

Sin embargo, los controles y la respuesta del personaje han envejecido de forma bastante palpable. Tomba! 2 tiene un amplio repertorio de acciones —trepar, correr, saltar sobre enemigos, agarrarlos y lanzarlos—, pero encadenarlas con fluidez resulta inconsistente. El movimiento es pesado, el control aéreo poco agradecido y la precisión que exige el juego no siempre se corresponde con lo que el mando permite. Esta edición especial no corrige estos problemas de fondo, y la sensación de saltos rígidos o física “pesada” se hace especialmente evidente cuando el juego te pide encadenar plataformas con enemigos cerca.
En cuanto a esta Special Edition, conviene dejar claro qué es y qué no es. No estamos ante un remake ni una revisión profunda desde cero, sino ante una emulación mejorada que conserva intacta la jugabilidad original, con todos sus aciertos y defectos. Incluye extras como guardado en cualquier momento, rebobinado, un museo con ilustraciones, manuales y material promocional, y un selector de banda sonora.


Esta Special Edition no apuesta por un lavado de cara profundo, sino más bien por traer el juego clásico tal cual era, con su estética poligonal de finales de los 90 actualizada solo lo imprescindible para funcionar en hardware actual. Lo primero que salta a la vista es que los gráficos, siendo 3D, mantienen esa textura y sensación de la era de la PS1: modelos sencillos, animaciones rígidas y una resolución que en ocasiones se siente «faded» —como si un filtro ligero de CRT estuviera siempre encima—, algo que varios análisis señalan como parte del encanto y de la limitación de esta versión.
En Nintendo Switch, la analizada, esto quiere decir que la experiencia visual puede sentirse algo tosca en comparación con lo que uno ha visto en juegos contemporáneos, sobre todo en modo portátil. La paleta de colores sigue siendo alegre y los escenarios mantienen el diseño imaginativo del original, pero la presentación se mantiene fiel a su herencia técnica sin intentar esconderla bajo remasterizaciones superficiales.
En términos de rendimiento, la Special Edition opta por mantener los 30 fotogramas por segundo, algo que se nota especialmente cuando hay cámara en movimiento o muchas acciones juntas en pantalla. Otro punto interesante es la versatilidad de la Switch: ya sea en modo portátil o conectado al televisor, Tomba! 2 se ajusta sin grandes variaciones de rendimiento. No hay escalados complejos ni espacios que se queden atascados por la carga gráfica; el juego corre con la consistencia propia de una emulación bien implementada, aunque sin grandes alardes técnicos.


Tomba! 2: The Evil Swine Return Special Edition trae de vuelta la banda sonora y los efectos de la versión original, con ese carácter tan de finales de los 90: melodías simples, ritmos pegadizos y un tono general que acompaña perfectamente al mundo estrafalario de Tomba. Esa mezcla de temas que suenan un poco anticuados pero que te evocan inmediatamente recuerdos de la época es, para bien o para mal, parte del ADN del juego retro que estás empezando.
Uno de los grandes aciertos de esta versión es que incluye el doblaje en español de España, algo que no siempre es común en reediciones de juegos de PS1 lanzados originalmente en inglés o japonés. Este detalle ayuda mucho a que las conversaciones con los PNJ o las reacciones exageradas de los personajes no se pierdan en traducciones frías de subtítulos, sino que se vivan con un tono más ‘vivo’ al escuchar a los personajes hablar directamente.
La calidad del audio conserva parte de la textura cruda y saturada propia de los juegos de la era PS1: las voces pueden sonar comprimidas y los efectos no tienen la claridad ni la riqueza de los estándares actuales. Eso no quiere decir que todo sea un desastre—al contrario: hay un encanto curioso en ese estilo «retro» que, si has crecido con juegos de los 90, te puede resultar entrañable—pero sí es algo que está ahí, y que los jugadores más jóvenes podrían encontrar extraño o incluso chocante al principio.
La banda sonora, con sus loops simpáticos y enérgicos, acompaña bien los escenarios coloridos y los momentos de exploración. No es una orquestación épica ni tiene temas que alcancen un nivel cinematográfico, pero cumple con su función: acompañarte sin que se vuelva molesta, y muchas veces reforzar ese espíritu lúdico que define la aventura de Tomba.


Tomba! 2: The Evil Swine Return Special Edition es una experiencia marcada por la dualidad constante entre el cariño por una propuesta única y la frustración de un diseño que no ha envejecido bien. La reedición de Limited Run Games cumple con su función principal: preservar y hacer accesible un juego muy ligado a su época, con todo su encanto, su personalidad y también sus limitaciones intactas. Su estructura basada en misiones, la exploración con backtracking, el carisma de su mundo y la identidad tan particular de Tomba siguen funcionando hoy, especialmente para quienes ya lo conocieron en PlayStation. Sin embargo, los controles rígidos, la cámara problemática y la falta de mejoras jugables profundas hacen que esta Special Edition se sienta más como una oportunidad perdida.




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