
Han pasado más de veinte años desde aquel Kirby Air Ride de GameCube, una rareza deliciosa de Masahiro Sakurai que muchos guardamos como un tesoro personal. Nadie esperaba que volviera; de hecho, diría que la mayoría ya lo dábamos por imposible. Y, aun así, aquí estamos: estrenando Kirby Air Riders en Nintendo Switch 2, viendo cómo un experimento adelantado a su época regresa convertido en una de las propuestas más frescas del catálogo de la consola.
Lo curioso es que la historia de cómo hemos llegado hasta aquí también pesa lo suyo. Desde su debut en 1992 con Kirby’s Dream Land, la pequeña bola rosa ha demostrado que puede adaptarse a prácticamente cualquier género sin perder personalidad. Pero cuando en 2004 Sora Ltd. y Nintendo lanzaron Kirby Air Ride, el experimento no tuvo la acogida comercial que merecía. Un sistema de aceleración automática, carreras que se decidían más por intuición que por técnica pura, un multijugador caótico… Era una propuesta extraña, distinta, adelantada. Quizá demasiado para aquel momento.
Pero esta entrega no nace con la intención de replicar ese clásico de 2004, sino de reinterpretarlo desde una perspectiva actual. Es mitad secuela, mitad reconstrucción, y se nota desde el primer segundo. Sakurai retoma aquel concepto de control minimalista y esencia arcade —tan simple en apariencia como profundo en ejecución— y lo moldea con una escala que habría sido impensable en GameCube: más personajes, más máquinas, más modos y, sobre todo, una fluidez que encaja como anillo al dedo con la potencia de la nueva consola.
Y esto encaja perfectamente en el momento en el que se encuentra Nintendo Switch 2. Con su primera hornada de exclusivos marcando el tono de la generación, Kirby Air Riders llega justo para reclamar su propio espacio: no solo como “el Kirby de carreras”, sino como un recordatorio de que la diversión pura, la de jugar por jugar, sigue siendo el corazón de esta franquicia.

Aunque Kirby Air Riders pueda parecer a simple vista un juego de carreras, su historia añade un trasfondo sorprendentemente cuidado dentro del universo de Kirby. Todo comienza con la aparición de Zorah, una nave extraterrestre que queda atrapada en Popstar durante siglos. Su deseo de volver a correr es escuchado por la Fuente de los Deseos, que lo concede de manera literal, pero provocando un caos absoluto: naves Air Ride comienzan a aparecer por todo el universo, y los pilotos deben enfrentarse a diversos desafíos para ganarse el control de estas máquinas.
Este argumento, aunque sencillo, tiene un toque cósmico y misterioso muy en la línea de Super Smash Bros. Ultimate, con un tono clásico de Masahiro Sakurai: no es una historia profunda ni compleja, pero encaja perfectamente con la jugabilidad y el estilo del juego, aportando un contexto divertido y atractivo para los jugadores.

Pero entrando ya de lleno en la jugabilidad de Kirby Air Riders, lo primero que queda claro es que esto no es un simple “Mario Kart con Kirby”. El juego tiene su propia identidad, con una filosofía de diseño muy distinta a la del juego de carreras de Nintendo que todos conocemos. Desde los primeros minutos, a través de la Escuela de Pilotos, se nos enseña cómo funcionan los vehículos, la importancia de las habilidades de copia, y los fundamentos de los distintos modos de juego. Es un tutorial simple en apariencia, pero con la profundidad estratégica típica de Masahiro Sakurai: cada gesto, cada derrape y cada elección puede marcar la diferencia entre la victoria y la derrota.

El control es extremadamente accesible: solo necesitamos la palanca izquierda para movernos, y un par de botones para frenar, activar turbo, absorber enemigos y usar habilidades. Sin embargo, tras esta simplicidad aparente, se esconde un juego lleno de estrategia y caos controlado, donde cada segundo de carrera está cargado de decisiones importantes.
El juego cuenta con cuatro modos principales: tres rescatados del Kirby Air Ride de GameCube, y uno completamente nuevo que funciona como modo historia. Vamos a desgranarlos:
Air Ride es el modo clásico de carreras que vuelve en todo su esplendor. Aquí competimos por distintos circuitos, algunos nuevos y otros clásicos, desbloqueables al cumplir desafíos. El objetivo no es solo “llegar primero”: hay que dominar el uso de derrapes, potenciadores y ataques. Las naves avanzan automáticamente, así que nuestra principal tarea es elegir el mejor camino, derrapar correctamente y atacar a los rivales para ganar bonus de velocidad. Además, podemos personalizar la experiencia con Contrarreloj, para mejorar tiempos; Libre, para practicar técnicas y rutas; y Partida en línea, para competir contra jugadores de todo el mundo.

A vista de pájaro ofrece una perspectiva cenital, como si los personajes fueran figuras en miniatura sobre un tablero. La jugabilidad cambia: los circuitos son más cortos, las curvas más cerradas, y el enfoque se centra en trazados precisos y estrategia de ataque. Incluso hay dos formas de controlar la nave: moverla directamente con el joystick o hacer que gire sobre sí misma y avanzar en la dirección deseada soltando la palanca. Al igual que Air Ride, incluye Contrarreloj, Libre y partidas en línea.

Pruebas Urbanas es, probablemente, el modo más caótico y excitante del juego. Durante cinco minutos exploramos una enorme ciudad repleta de potenciadores, vehículos y secretos, donde los eventos aleatorios cambian cada partida: desde enfrentamientos contra jefes hasta efectos que alteran la conducción. Aquí, más que correr, hay que pelear, recoger potenciadores y construir un vehículo óptimo para la fase final, que determinará al ganador. Este modo es como un battle royale de naves, donde se premia tanto la habilidad como la estrategia y la adaptación al caos.

Escapada es exclusivo de esta entrega y funciona como modo historia. Combina los tres modos anteriores en una aventura estructurada: carreras, vista cenital y pruebas urbanas, A lo largo de estas fases, los jugadores se enfrentarán a jefes, rutas alternativas y desafíos especiales, acumulando potenciadores que aumentan las estadísticas de sus naves y desbloquean habilidades adicionales. La experiencia está diseñada para ser altamente rejugable, ya que cada ruta permite variar las elecciones de nave, los potenciadores y los retos finales, ofreciendo una sensación constante de descubrimiento y progresión.

Una de las grandes fortalezas de Kirby Air Riders es su nivel de personalización y el ecosistema de coleccionables que incentiva al jugador a explorar cada rincón del juego y a experimentar con distintas estrategias. Cada nave y piloto cuenta con estadísticas únicas: velocidad, maniobrabilidad, ataque y habilidades especiales. Sin embargo, el juego no se limita a esos atributos, sino que permite modificar y personalizar tus vehículos los colores y diseños personalizados, los efectos visuales y sonidos; y los componentes funcionales, con ciertas piezas permiten ajustar la aceleración, la estabilidad o el comportamiento de la nave durante las carreras.

El juego introduce dos tipos de coleccionables principales: las Millas, que es la moneda principal del juego, canjeable por accesorios para pilotos, música, elementos para la tarjeta de licencia y piezas de personalización de naves; y las Gominolas: objetos estéticos que no afectan directamente la jugabilidad, pero que desbloquean minijuegos dedicados para golpearlas, atraerlas o interactuar con ellas.

Finalmente hablaremos del multijugador es otro pilar fundamental del juego. Kirby Air Riders ofrece opciones para:
- Partidas locales: tanto en pantalla partida como en consolas separadas, con hasta 6 jugadores por carrera.
- Partidas online: se pueden disputar partidas casuales o competitivas en todos los modos principales, con un matchmaking que empareja jugadores de niveles similares.
- Aeródromo: un hub central donde pueden reunirse hasta 32 jugadores a la vez, organizar partidas y explorar el contenido juntos.
El multijugador aprovecha al máximo la profundidad del juego, ya que cada partida combina habilidades de los pilotos, estrategias de combate y el caos de los potenciadores y obstáculos. Aquí es donde la experiencia se siente más intensa y divertida, especialmente en Pruebas Urbanas, que funcionan casi como un mini-battle royale estratégico.


Nada más arrancar Kirby Air Riders en Nintendo Switch 2, es evidente que Sakurai ha buscado un equilibrio muy concreto entre velocidad, claridad visual y rendimiento. La primera impresión podría hacernos pensar en un salto gráfico monumental respecto a los juegos de Kirby de Switch, pero la realidad es algo distinta: el juego mantiene una resolución altísima y un fluido 60 FPS estable, y lo consigue gracias a un estilo visual más contenido y depurado, que prioriza la acción y la velocidad sobre un realismo o un detalle excesivo.
Visualmente, el juego es colorido, llamativo y lleno de encanto, pero sorprendentemente sencillo en ciertos acabados. Los efectos son directos y claros, sin complicaciones, pensados para que todo se entienda incluso cuando las partidas se vuelven frenéticas. Esta decisión no solo refuerza la jugabilidad, sino que genera una sensación de velocidad constante que recuerda a las entregas más rápidas de Sonic, donde todo parece moverse a toda pastilla y cada curva se siente emocionante.

Lo que más destaca es la influencia directa de Super Smash Bros. Ultimate en el diseño: desde menús y tipografías hasta los marcadores y efectos visuales, se nota el sello personal de Sakurai. Incluso la pantalla de título se siente muy familiar para quienes han jugado a Smash. Esto le da coherencia a la obra, pero al mismo tiempo puede hacer que el juego se perciba más como un “juego de Sakurai” que como un juego de Kirby, sobre todo considerando la gran cantidad de personajes que aparecen y que no siempre se relacionan directamente con la saga.
Los circuitos y escenarios son otro punto fuerte. Aunque mantienen la simplicidad visual característica del título, Sakurai y su equipo han integrado trucos visuales, efectos explosivos y detalles dinámicos que lucen de maravilla a toda velocidad. Los personajes también brillan por sí mismos, con animaciones adorables y fluidas, con la posibilidad de personalizar colores, objetos y efectos.


El apartado sonoro de Kirby Air Riders es una de esas sorpresas que hacen que el juego se sienta más vivo de lo que uno podría esperar a primera vista. La banda sonora combina con acierto temas nuevos con versiones rehechas de clásicos de Kirby, logrando un equilibrio entre lo familiar y lo fresco que encaja perfectamente con la identidad del título. Algunas composiciones incluso incluyen voz y letra, algo que Nintendo ha ido explorando en sus lanzamientos más importantes últimamente, y le da un toque sorprendente y moderno a la experiencia.

El tema principal, aunque quizá no alcance la memorabilidad de obras como Donkey Kong Banana o Super Mario Odyssey, cumple de sobra su función: refuerza el tono del juego y ayuda a identificar rápidamente cada modo o situación. Lo interesante es cómo la música se adapta a lo que ocurre en pantalla: durante las carreras más frenéticas, los temas aceleran el ritmo y la emoción, mientras que en momentos de exploración o de modo Escapada se vuelven más relajados y ambientales. Este dinamismo musical hace que cada partida se sienta única y refuerza el frenetismo y la acción que caracteriza al juego.
Por su parte, los efectos de sonido están cuidados al detalle y encajan de manera natural con la jugabilidad. Cada golpe, potenciador recogido, salto o colisión tiene un audio preciso y reconocible, manteniendo la esencia de Kirby y haciendo que el jugador se sumerja sin esfuerzo en la acción. Incluso cuando la velocidad es tan elevada que es fácil perderse visualmente, los efectos nos ayudan a comprender qué está ocurriendo en todo momento, reforzando tanto la respuesta del juego como la claridad durante las carreras.


Kirby Air Riders no es simplemente un juego de carreras, sino una experiencia que mezcla velocidad, estrategia y diversión en múltiples modos, cada uno con su propia personalidad. Desde las frenéticas carreras de Air Ride hasta el caos controlado de las Pruebas Urbanas y la narrativa ligera pero entretenida de Escapada, el juego logra mantener la esencia de Kirby mientras introduce mecánicas frescas y adictivas. La accesibilidad de sus controles combinada con la profundidad estratégica de sus habilidades y objetos convierte cada partida en un reto distinto, ya sea en solitario o en multijugador. Visualmente colorido y fluido, con un apartado sonoro que acompaña perfectamente la acción, Kirby Air Riders demuestra que Masahiro Sakurai sigue dominando la creación de experiencias únicas que mezclan diversión inmediata con detalles de diseño muy cuidados




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