
KinnikuNeko: SUPER MUSCLE CAT, es, posiblemente, uno de esos juegos que te recuerdan por qué este medio es tan especial. Y es que a veces no necesitas una epopeya de cien horas ni un mapa gigantesco para pasarlo en grande. Basta con un gato culturista que reparte puñetazos, cambia de forma y se enfrenta a alienígenas como si fuera el día más normal del calendario.
Detrás de esta aventura tan bizarra se encuentra Kamotachi — también como Charditronic— quien, para esta ocasión, con motivo de su lanzamiento en formato físico para PlayStation 5, se suma al publisher Mameshiba Games y al publisher físico en Europa Tesura Games, para traernos dos ediciones de esta disparatada obra. La Edición Estándar incluye el juego Físico incluyendo la actualización Burpees Edition y un manual de instrucciones Neko’s Healthl. Por su parte, la KinnikuNeko: SUPER MUSCLE CAT Purrrrfect Edition incluye:
- Caja Coleccionista – *No es una caja de arena
- Juego Físico incluyendo la actualización Burpees Edition (PS5 complete-on-cart)
- Manual de Instrucciones Neko’s Health
- Calzón KinnikuNeko OST
- Pin Neko *Nyaaan!*
- The Art of KinnikuNeko. Libro de Arte lleno de gatos musculosos.
- Llavero de Lemon. *Kawaiiiii* (◕‿◕✿)
- Hoja de pegatinas rellena de aliens y tus personajes favoritos.
- Set de Postales con Ilustraciones del juego y Keyart.


La historia de KinnikuNeko: SUPER MUSCLE CAT abraza sin pudor esa lógica absurda que tanto nos gusta del anime clásico. La Tierra ha caído en manos de una civilización alienígena y buena parte de la población está encerrada en centros de investigación… salvo tres fugitivos muy particulares: Keita, un niño que vive asustado de todo; Lemon, una chica tan tranquila que parece no enterarse del caos; y KinnikuNeko, un gatito adorable que oculta un secreto todavía más adorable. Solo necesita ponerse unos calzoncillos de culturista para transformarse en un héroe musculoso capaz de repartir puñetazos como si fuera su deporte favorito. Sí, suena loco, pero en cuanto el juego lo presenta entendemos que ese es precisamente su encanto.

Lo divertido es que no se conforma con la premisa. Cada secuencia entre niveles, cada cinemática totalmente animada y cada diálogo absurdo entre Keita, Lemon y el propio KinnikuNeko hacen que la aventura se sienta como una pequeña serie japonesa que vas descubriendo episodio a episodio. No hay giros complicados ni tramas enrevesadas: lo que hay es ritmo, humor y ese toque de exageración que convierte lo cotidiano en algo memorable.
La meta final es clara: enfrentarse a la Reina Madre y recuperar el planeta. Pero, siendo sinceros, la historia no está pensada para cargar con el peso del juego; lo que realmente impulsa la experiencia es cómo se cuenta. Las animaciones, los exagerados cambios de tono, los diálogos disparatados y ese constante guiño a la cultura pop japonesa componen un relato sencillo, pero tremendamente simpático. Lo sigues no porque necesites saber qué va a pasar, sino porque te apetece ver cuál será la próxima ocurrencia del trío protagonista.


KinnikuNeko: SUPER MUSCLE CAT no quiere reinventar el género, quiere que disfrutes, que sonrías y que cada nivel aporte una excusa más para seguir adelante. Su base es la del plataformas 2D clásico, pero con un giro tan absurdo como efectivo: alternar entre un gatito azul ágil como un rayo y su versión musculada, capaz de abrirse paso a golpes.
Como Neko puedes trepar paredes, deslizarte por postes, caminar por cuerdas o encadenar saltos largos que, cuando los clavas, dan una sensación de fluidez muy agradable. Pero basta con ponerse el icónico calzoncillo de culturista para que el juego cambie de tono: el gatito se planta, infla pecho y pasa a repartir mamporros con poses capaces de hacer sonreír incluso a quien no haya visto un anime en su vida. Esta alternancia entre agilidad y fuerza te obliga a estar cambiando de mentalidad constantemente:

Los niveles siguen una estructura sencilla, casi siempre lineal, pero sorprenden por lo variados que resultan. Hay fases puras de plataformas, otras donde toca huir sin mirar atrás, pasillos pensados para medir bien los tiempos y secciones en las que la pantalla se convierte en un pequeño caos lleno de trampas y enemigos. La dificultad también está bien medida: empieza suave, casi a modo de calentamiento, pero poco a poco se vuelve más exigente hasta llegar a un tramo final que te obliga a tomarte en serio lo que antes parecía un paseo. No es un juego largo —unas cuatro horas yendo tranquilo— pero sí uno que mantiene el interés de principio a fin.

El estudio Kamotachi tiene un acierto clarísimo: romper la rutina con minijuegos que aparecen justo cuando más falta les hace. Un momento estás trepando y esquivando, y al siguiente te encuentras machacando un botón en un gimnasio para subir tu nivel de fuerza, comiendo ramen para curarte, bailando en un mini–fase rítmica o librando un combate aéreo que parece sacado de una recreativa de los 90… pero sin nave, solo con un gato volador muy motivado.

Los jefes finales también tienen su propio encanto. No son especialmente complicados, pero sí lo bastante variados para que cada encuentro se sienta diferente. Solo el último rompe la dinámica: sube el listón lo justo para que tengas que concentrarte de verdad. Y cuando por fin lo dominas, la satisfacción es enorme, como si te estuviera diciendo: “¿ves? También puedo ponerme serio”.

No todo es perfecto, claro. Hay momentos en los que los enemigos no transmiten del todo bien cuándo van a atacar, algún patrón cuesta de leer y ciertas secciones pueden resultar algo caóticas. Pero incluso ahí, el humor y el ritmo mantienen la experiencia en el terreno de lo disfrutable. El diseño de niveles no pretende ser profundo ni laberíntico; su intención es acompañar a las mecánicas y sostener el tono ligero del juego.


Si hay un punto donde KinnikuNeko: SUPER MUSCLE CAT se gana el corazón del jugador desde el primer minuto, es en lo visual. El juego abraza un estilo que mezcla el anime noventero con un humor exagerado muy propio de las series que muchos veíamos antes del colegio. Cada personaje —desde Neko hasta los enemigos más secundarios— está dibujado con una intención clara: que puedas recordar su cara, su pose o su chiste visual incluso después de apagar la consola.
El trabajo de Kamotachi destaca especialmente en las animaciones. Todo está hecho a mano, con ese trazo ligero y expresivo tan típico de los 90, pero con una fluidez que funciona de maravilla en pantalla grande. El protagonista no solo corre o salta: trepa, posa, se arregla el pelaje cuando lo dejas quieto, marca músculos con una convicción hilarante… y cada uno de esos movimientos está cuidado con un cariño enorme. Lo mismo ocurre con los NPC y los enemigos, cuya exageración estética encaja perfectamente con el tono absurdo del juego.

Los escenarios acompañan muy bien esa estética. Cada mundo tiene su propio aire: ciudades llenas de color, bosques vibrantes, colegios caóticos, laboratorios repletos de detalles y fases espaciales que parecen una postal retro. Son entornos diseñados para que te entren ganas de pararte a mirar, buscando guiños, animaciones escondidas o detalles que quizá pasen desapercibidos en una partida rápida. Y como recompensa, las estrellas que vas acumulando permiten desbloquear galerías con arte y procesos, un acierto mayúsculo para quienes disfrutan viendo lo que hay detrás del desarrollo.
Es verdad que los escenarios, pese a su encanto, no alcanzan el mismo nivel de mimo que los personajes. A veces se nota algún plano que no encaja del todo o elementos que se superponen de manera un poco brusca. No rompe la experiencia, pero sí contrasta con la atención milimétrica que se aprecia en el diseño de personajes y en sus animaciones.
Lo que termina definiendo el apartado gráfico es su descaro. El juego no tiene miedo de ser ridículo, de exagerar, de abrazar clichés del anime clásico o de lanzar guiños visuales sin pudor. Y curiosamente, eso mismo es lo que le da coherencia: un estilo vibrante, expresivo y totalmente reconocible que convierte a KinnikuNeko: SUPER MUSCLE CAT en un título tan especial.


El apartado sonoro de KinnikuNeko: SUPER MUSCLE CAT te recibe con un opening tan pegadizo que parece hecho para colarse en la memoria y no salir en días. Tiene ese toque nostálgico que recuerda a las intros de anime de los 90: guitarras animadas, melodías luminosas y un ritmo que te mete en la aventura incluso antes de mover al personaje. Y lo mejor es que esa energía se mantiene durante toda la partida; cada tema está compuesto para acompañar la acción con un sentido del humor y una chispa que encajan como un guante con la estética del juego.
La banda sonora funciona porque entiende perfectamente qué clase de experiencia quiere transmitir: desenfadada, colorida y siempre en movimiento. Hay composiciones más rítmicas para las fases de acción, otras más juguetonas para las zonas de exploración y algunas que directamente parecen parodias cariñosas de los clichés musicales del anime clásico. El resultado es una colección de temas fáciles de tararear, alegres y tremendamente coherentes con el tono general.
Los efectos de sonido acompañan ese espíritu con la misma gracia. Cada puñetazo tiene un impacto exagerado, cada salto suena con un rebote cómico y cada transformación va acompañada de un estallido sonoro que subraya el humor del juego. Hay gruñidos caricaturescos, explosiones desmedidas y golpetazos que parecen sacados directamente de una serie de acción japonesa.
El título llega con voces en japonés, inglés y español, y lo cierto es que todas las opciones mantienen ese tono exagerado tan propio del género. En español, el trabajo está especialmente logrado: las actuaciones capturan muy bien la energía burlesca y el dramatismo desmedido de los personajes, lo que da a las escenas animadas un encanto propio. Se nota que hay intención y cariño detrás de la localización, algo que no siempre se encuentra en juegos de este tamaño.


Al final, KinnikuNeko: SUPER MUSCLE CAT es de esos juegos que te hacen sonreír desde el primer minuto y no te sueltan hasta que ves el “The End”. Es un plataformas 2D divertido, loco y con mucha personalidad: saltas, golpeas, cambias entre gatito ágil y culturista musculado, y encima te sorprenden con minijuegos que rompen la rutina. Todo está lleno de guiños a los animes de los 90, con animaciones dibujadas a mano y una música pegadiza que no se te va de la cabeza. No es un juego para complicarte la vida ni para reinventar el género, pero lo que hace, lo hace muy bien: risas, acción y esa sensación de estar jugando a algo diferente y con mucha gracia. Si te gusta el humor absurdo, los homenajes a la cultura japonesa y un gato con más músculos que sentido común, este es tu juego




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