
Los juegos de gestión y estrategia llevan unos años viviendo una segunda juventud. Ya no sorprende ver propuestas que nos invitan a levantar hospitales, universidades, zoos o museos, siempre con ese punto amable que tan bien le sienta al género. En esta ocasión, los barceloneses de Abylight Studios deciden mirar hacia otro territorio muy poco explorado con este tono ligero: lo militar. Y lo hacen con una propuesta que, lejos de la seriedad bélica tradicional, apuesta por el humor y la simpatía como bandera.
One Military Camp es un nombre que quizá os suene, sobre todo si lo visteis en su etapa de early access. Después de un tiempo de evolución y ajustes, aterriza por fin en consolas con su versión completa, dispuesto a ofrecer una experiencia accesible incluso para quienes nunca se han acercado a los títulos de estrategia.
La base jugable de One Military Camp bebe de clásicos como Theme Park, pero con su propia identidad. El juego se divide en tres modos principales:
Campaña, centrada en la conquista de territorios mediante misiones que exigen tropas con habilidades muy específicas.
Sandbox, que permite configurar condiciones iniciales, biomas o mecánicas opcionales para moldear la partida a nuestro gusto.
Multijugador competitivo, disponible como DLC, que añade cierto pique estratégico.

La trama, perteneciente al modo Campaña, nos sitúa bajo la amenaza del malvado Dragan, un dictador militar que, con la ayuda de sus fuerzas de élite, ha conseguido someter a la mayor parte del mundo. La resistencia ha caído casi por completo, pero queda un último foco de esperanza: un pequeño campamento militar que se niega a rendirse. Junto al sargento Hawkins y otros aliados, tomaremos las riendas de este improvisado ejército con la misión de recuperar territorio y plantar cara al régimen de Dragan.

Con una vista isométrica clara y limpia, lo primero que haremos será construir la infraestructura básica del campamento: barracones, comedores, zonas de ocio… A esto se suman los campos de entrenamiento, tanto para habilidades esenciales —fuerza, resistencia, inteligencia, puntería— como para especializaciones más complejas: francotiradores, espías, pilotos o artificieros. La parte de gestión se complementa con edificios administrativos, centros de investigación, generadores, defensas y oficinas de reclutamiento, dando forma a una base militar con todas sus capas internas.

Las tropas son el corazón del juego. Cuando nuevos reclutas llegan al campamento, debemos decidir qué camino seguirán. El entrenamiento mejora con el tiempo, pero algunas especialidades exigen que los soldados roten entre distintas áreas para obtener atributos equilibrados. Un artillero, por ejemplo, necesita fuerza; un piloto o un artificiero requieren un abanico más amplio de destrezas.

Cuando las unidades están listas, llega la hora de enviarlas a misiones. Cada operación exige tipos concretos de especialistas y, durante su desarrollo, tendremos que tomar pequeñas decisiones tácticas —avanzar en sigilo, atacar o ser más prudentes— que pueden inclinar la balanza del éxito o el fracaso. Ese toque, aunque sencillo, añade cierta vida a unas misiones que, por lo general, se reducen a enviarlos y esperar. También conviene recordar que estamos gestionando personas: las bajas, las lesiones y los accidentes pueden alterar nuestras prioridades.

El otro gran bloque es la administración del campamento: gestionar presupuestos, mantener infraestructuras, vigilar la moral, establecer turnos, asegurar descansos y cubrir necesidades básicas. Si descuidamos cualquiera de estos elementos, las consecuencias pueden ir desde una bajada de productividad hasta abandonos o problemas de salud.
El progreso se articula mediante el centro de investigación, desde el que desbloqueamos mejoras para entrenamientos, edificios y nuevas herramientas de gestión. Como en todo buen tycoon, avanzar se siente satisfactorio y siempre hay un nuevo edificio o una opción adicional que refina la experiencia.

La logística también juega un papel importante: munición, combustible, comida, medicamentos… todo se compra de forma periódica y debemos buscar proveedores adecuados para no hundir la economía del campamento. Si no controlamos los gastos, la bancarrota no tarda en acechar.
El control en consola, pese a resultar algo confuso en los primeros minutos, termina encajando bien y volviéndose fluido. Entre la campaña, que ronda las 100 misiones, y la variedad de modos, el juego ofrece un número considerable de horas.

Su punto débil se encuentra precisamente en esas misiones: el nivel de interacción es limitado y, tras un tiempo, pueden resultar demasiado rutinarias.

Desarrollado con Unity, One Military Camp apuesta por una estética cartoon muy colorida y desenfadada, que encaja a la perfección con su visión amable de la guerra. Las animaciones y los modelos desprenden mimo, y el conjunto transmite una personalidad visual que ayuda a distinguirse dentro del género.


Totalmente traducido al castellano, el juego presenta una banda sonora de corte militar pero con un tono alegre, casi humorístico, que recuerda a las comedias bélicas clásicas. No busca robar protagonismo, pero acompaña bien la partida. Los efectos de disparos, vehículos y maquinaria cumplen con solvencia.


One Military Camp es una propuesta fresca dentro de los juegos de construcción y gestión. Accesible, simpático y visualmente agradable, resulta ideal tanto para jugadores novatos como para quienes disfrutan de los tycoon más ligeros. Aunque las misiones podrían ofrecer más interacción, el conjunto termina siendo sólido, entretenido y con mucho contenido.






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