
Hoy nos adentramos en un pequeño universo de chispas y engranajes con la saga Teslagrad con motivo del lanzamiento de la Teslagrad Power Pack, una edición física que reúne Teslagrad Remastered y Teslagrad 2 en un solo cartucho o disco, ya sea en Nintendo Switch o en PlayStation 5.
Lo curioso es que, aunque conozcas la saga, este pack se siente como una puerta nueva: quizá porque Rain Games, el estudio noruego responsable de estas dos joyas del indie, siempre ha jugado a combinar plataformas, puzles y energía magnética con una personalidad muy suya. El primero nació allá por 2013, un experimento encantador que acabaría inspirando una remasterización por su décimo aniversario en 2023. Ese mismo año apareció la secuela, más dinámica y atrevida con sus mecánicas eléctricas, y ahora ambas vuelven juntas, pulidas y listas para redescubrirse en formato 2×1.
Y claro, Tesura no iba a conformarse con lo básico. Además de la edición estándar, existe una versión coleccionista la edición coleccionista de Teslagrad Power Pack para PlayStation 5 y Nintendo Switch incluye:
- Juego Físico (Teslagrad Remastered y Teslagrad 2) para PS5 y NSW (completo en cartucho)
- Caja Coleccionista con acabados de tinta metalizada
- Cuaderno Dorado
- Pin Magnético 3D
- Hoja de Pegatinas Exclusiva
- BSO (2 CDs)


Comenzaremos hablando de la primera parte y su manera de contarnos su historia. En Teslagrad no hay introducciones largas ni textos que te expliquen quién eres o por qué todo se ha torcido. Simplemente despiertas en medio de una noche agitada, con un niño abandonado a su suerte y una ciudad que parece estar siempre a punto de estallar. Y, casi sin darte cuenta, ya estás corriendo por los tejados mientras los guardias de un rey que no conoces te pisan los talones. Esa huida desesperada te lleva hasta la Torre Tesla, un lugar que parece dormido desde hace décadas y que guarda los secretos de aquellos Magos Magnéticos cuyo eco aún resuena entre engranajes y bobinas oxidadas. A medida que asciendes, vas recomponiendo un conflicto político, una invasión y una herencia que, aunque nadie te la cuente con palabras, pesa sobre cada sala iluminada por destellos eléctricos.

En Teslagrad 2, la historia respira otro aire, más frío y agreste. Aquí seguimos a Lumina, una joven heredera de ese mismo linaje de magos, que escapa de un ataque vikingo y acaba desplomándose en mitad de un valle rodeado de fiordos. La soledad del escenario contrasta con la sensación de movimiento constante, como si cada plataforma y cada corriente magnética la empujaran hacia un reencuentro que parece tan lejano como inevitable. Y mientras explora esa torre perdida entre montañas, sus habilidades se expanden del mismo modo que lo hace la historia: sin palabras, pero con una intención muy clara.

Lo bonito es que ambas aventuras funcionan casi como reflejos. Cada una en su tono, pero las dos siguiendo esa filosofía de contar sin hablar, confiando en que el jugador sabrá leer los gestos del entorno, los murales que narran guerras antiguas o las pequeñas representaciones teatrales escondidas en la arquitectura.


Si algo tiene la saga Teslagrad es que, cuando te pones a los mandos, no tarda ni un minuto en recordarte que aquí lo importante no es pelear, sino entender cómo se mueve el mundo. En el primer juego esa idea se siente con mucha claridad: empiezas con un simple guante capaz de alterar la polaridad de los objetos y, de repente, todo el escenario se convierte en una especie de rompecabezas vivo. Un puñetazo puede hacer que un bloque salga disparado hacia arriba, que una plataforma cambie su trayectoria o que un mecanismo se reactive. Es un poder sencillo en teoría, pero tremendamente delicado en ejecución, porque cualquier roce con una trampa te manda de vuelta al inicio de la sala. Por suerte, la aventura es generosa con los reinicios rápidos, y basta retroceder una habitación para resetear un puzle y volver a intentarlo sin agobios.

A ese guante se suman unas botas y una capa que cambian completamente el ritmo del juego. De pronto, caminar por las paredes, deslizarse a toda velocidad o surfear por corrientes magnéticas pasa a ser parte del día a día. No es solo movilidad; es una manera de leer la torre, de entender cómo se relacionan sus mecanismos y de encontrar rutas que antes parecían imposibles.

Teslagrad 2 parte del mismo esqueleto jugable, pero se nota que Rain Games quiso experimentar más. Mantienes el guante, las botas y la capa, sí, pero la protagonista tiene una soltura distinta, más acrobática, casi como si el movimiento fuera la verdadera habilidad. Hay imanes curvos que te permiten trazar líneas imposibles, cajas que puedes lanzar para abrir caminos o fulminar enemigos, y hasta la capacidad de nadar o deslizarte por cascadas como si fueran raíles líquidos. Es una entrega que apuesta claramente por el dinamismo, por el plataformeo preciso y por una exploración más abierta que en el primer juego.

Lo cierto es que, aunque Teslagrad pueda parecernos un metroidvania, no termina de encajar del todo. Sí, tiene mapas interconectados, habilidades que desbloquean nuevas rutas y zonas que puedes revisitar, pero su estructura es más guiada y lineal. Esta decisión tiene sus pros y sus contras —menos libertad, más cohesión—, pero funciona porque mantiene la aventura con una cadencia muy agradable, evitando que te pierdas o que la progresión se estanque.

La mecánica magnética es el corazón de todo. Manipular polaridades, atraer y repeler objetos, usar imanes para ganar altura, proyectarte hacia zonas inaccesibles… es un lenguaje jugable muy propio, que no se parece demasiado a lo que solemos ver en plataformas más tradicionales. Y cuando los juegos te piden combinar esas ideas a toda velocidad, surgen momentos memorables: persecuciones tensas, saltos que exigen precisión quirúrgica, o esas secciones en las que repites una y otra vez hasta que finalmente entendemos el truco y todo encaja como por arte de magia.
Quizá lo que más sorprenda es que la aventura, especialmente en su secuela, no es larga. Son juegos compactos, muy directos, que prefieren dejarte con ganas de un poco más a estirarse innecesariamente.


Teslagrad y Teslagrad 2 nos atrapa por esa manera tan particular que tienen de construir mundos que parecen salir directamente de un cuaderno ilustrado. En cuanto te adentras en sus escenarios —todos dibujados a mano— sientes que estás pisando un universo donde cada trazo quiere contar algo. En la primera entrega, el estilo es más grueso; mientras que, en la segunda, el trazo se vuelve más fino y detallado, pero sin perder ese aire artesanal que define a la serie.
Ambos juegos comparten ese enfoque 2.5D que permite avanzar y retroceder por estancias que parecen pequeños dioramas. Unity ha sido siempre la base sobre la que Rain Games ha levantado la saga, y se nota en lo bien que han podido adaptar los títulos a prácticamente cualquier plataforma desde su debut en 2013. La remasterización del primer juego, de hecho, saca partido al motor con nuevas texturas, animaciones más fluidas y un sistema de iluminación que realza aún más ese ambiente industrial y decadente inspirado en la Europa eléctrica de otra época.

Pero lo más llamativo es cómo los dos juegos trasladan en imágenes sus propias identidades: el frío metálico, casi opresivo, del primero; y la vibración verde y gélida del segundo, más viva. El uso de tonos pastel suaviza la dureza general y convierte ambos mundos en lugares que resultan acogedores. Pero si hay algo que une ambas aventuras son sus enfrentamientos contra jefes y su diseño artístico.
A nivel técnico, no he encontrado tropiezos que empañen la aventura. En las versiones de Nintendo Switch que he podido jugar no ha habido crasheos ni bugs que interrumpieron el ritmo, y las caídas de rendimiento han sido anecdóticas.


El sonido en la saga Teslagrad siempre ha funcionado como un hilo invisible que cose la atmósfera pieza a pieza, sin necesidad de grandes alardes. Desde los primeros pasos la música actúa como una compañía discreta, casi íntima, que sostiene el tono introspectivo de ambas aventuras.
Tanto la banda sonora del original (23 temas) como la del segundo juego (44 temas) corren a cargo de Bear & Cat Music Production. En el primer título, esa mezcla de cuerdas suaves con pulsos eléctricos construye un paisaje sonoro muy particular. Los temas, remasterizados para la nueva edición, mantienen ese carácter híbrido entre lo mecánico y lo melódico, como si la propia torre respirara al compás de engranajes y bobinas. El salto a Teslagrad 2 trae consigo un cambio de tono claro, y la música ya no se limita a acompañar: crece con melodías con aroma vikingo, percusiones que evocan rituales antiguos y un uso muy expresivo del folclore convierten su banda sonora en una pieza clave de la experiencia


Tras sumergirse en ambos títulos, queda claro que la saga Teslagrad sigue siendo un ejemplo de cómo los puzzles, el plataformeo y la narrativa visual pueden combinarse con elegancia y personalidad. La llegada del Teslagrad Power Pack de Tesura Games no solo facilita disfrutar de Teslagrad Remastered y Teslagrad 2 en un solo paquete físico, sino que da la oportunidad de redescubrir dos mundos cargados de ingenio, belleza visual y música envolvente, consolidando la saga como una propuesta indie imprescindible para quienes buscan un desafío envuelto en arte y magia eléctrica.

Teslagrad Power Pack ya se encuentra a la venta en formato digital y físico para Nintendo Switch.
Hemos realizado este análisis gracias a un código para Nintendo Switch proporcionado por Tesura Games..



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