
Leyendas Pokémon: Z-A no es solo una nueva entrega; es una declaración de intenciones. Game Freak ha querido dar un paso adelante sin romper del todo con lo que ya funcionó en Leyendas Pokémon: Arceus, y el resultado es un juego que se siente tanto familiar como nuevo. No llega a ser tan revolucionario como aquel, pero sí logra redefinir lo que entendemos por Pokémon, llevándonos de vuelta a un lugar muy especial: Ciudad Luminalia, esa urbe luminosa y elegante que conocimos en Pokémon X/Y, ahora transformada en una metrópolis más viva, vertical y ambiciosa que nunca.
Este nuevo RPG de acción, disponible en Nintendo Switch y Switch 2, apuesta por algo que pocos esperaban: un mundo abierto urbano. Una idea arriesgada, sobre todo en una saga tan acostumbrada a entornos naturales, pero que aquí cobra vida con fuerza gracias al salto técnico de la nueva consola. Todo se siente distinto: las calles rebosan energía, los combates tienen un nuevo ritmo y la sensación de estar dentro de una ciudad Pokémon real es más intensa que nunca.
Así, tras unas semanas recorriendo sus avenidas, podría decir que Leyendas Pokémon: Z-A es mucho más que una secuela. Es un experimento valiente que mezcla la exploración de Hisui con la emoción de una gran urbe moderna, donde cada rincón esconde historias, combates y desafíos. En definitiva, Leyendas Pokémon: Z-A no es solo un paso más en la saga: es una forma distinta de ser entrenador Pokémon, y quizás, el primer gran reflejo de cómo podría evolucionar la serie en el futuro.

La historia de Leyendas Pokémon Z-A empieza con algo tan sencillo como un viaje. Eres un turista más que llega a Ciudad Luminalia, buscando quizás un poco de aire nuevo, pero pronto te das cuenta de que la ciudad está lejos de ser un destino tranquilo. En pleno proceso de reforma urbanística, Quastelar S.A., una gran corporación, promete convertir el lugar en el modelo perfecto de convivencia entre humanos y Pokémon. Suena bonito sobre el papel, pero ya sabes cómo va esto: cuando algo parece demasiado ideal, algo raro suele esconder.

Y no tarda en torcerse. De repente, empiezan a aparecer Pokémon megaevolucionados fuera de control, desatando el caos por las calles. Lo que iba a ser un viaje turístico se convierte en una misión para frenar una amenaza que nadie entiende del todo. Por el camino, acabas participando en los Juegos Z-A, una competición que mezcla ambición, orgullo y deseos personales, mientras vas conociendo a nuevos personajes… y reencontrándote con algunos viejos conocidos. Ver a AZ y a su Floette, ahora al frente del Hotel Z, es uno de esos guiños que te arrancan una sonrisa si vienes de los tiempos de Pokémon X/Y.

La historia no intenta ser épica, pero tiene algo que te engancha. Ese misterio que envuelve a Luminalia —los cristales que alteran la energía de los Pokémon, los secretos de Quastelar, las megaevoluciones desbocadas— le da un toque más adulto y coherente de lo que solemos ver en la saga. No se trata solo de ganar combates o de subir en la clasificación: hay una sensación de estar descubriendo cómo una ciudad entera intenta mantener el equilibrio entre progreso y naturaleza, entre tecnología y tradición.
Y lo curioso es que todo pasa dentro de una única ciudad. Al principio choca, sobre todo si vienes de los amplios paisajes de Leyendas Pokémon: Arceus, pero Luminalia es tan grande, tan viva, que no echas tanto de menos los entornos rurales. La urbe está dividida en zonas, cada una con su propio carácter: desde barrios humildes donde los entrenadores improvisan combates en callejones, hasta avenidas futuristas llenas de luces y carteles. Es un cambio radical, sí, pero también refrescante.

Quizás lo más valiente de Leyendas Pokémon Z-A es que se atreve a hablar de temas que antes parecían fuera de su alcance: el abuso del progreso, la convivencia con los Pokémon y las consecuencias de intentar controlarlo todo. Sin dejar de ser un Pokémon, te hace pensar un poco más. Y eso, dentro de una saga que lleva décadas apostando por la misma fórmula, se siente como un soplo de aire nuevo.


Si Leyendas Pokémon: Arceus fue el gran experimento de exploración y mundo abierto en la saga, Leyendas Pokémon: Z-A es su respuesta más madura, la que decide mirar hacia otro frente: el combate. Aquí Game Freak no solo ha ajustado su sistema, sino que lo ha repensado desde dentro, creando algo que suena familiar, pero se juega de una forma completamente distinta.
Todo ocurre dentro de Ciudad Luminalia, y esa decisión lo cambia todo. Ya no hay vastas praderas ni rutas infinitas; hay calles, distritos y alturas que explorar, con un nivel de detalle que la saga no había tocado hasta ahora. Durante el día, puedes moverte libremente por la ciudad: capturar Pokémon, cumplir misiones secundarias o perderte en actividades cotidianas —desde subir a los tejados para conseguir objetos ocultos hasta cambiar de look en boutiques que, por primera vez, no limitan la ropa según el género del personaje—. Y cuando cae la noche, empieza el verdadero espectáculo: los Juegos Z-A.

Estos torneos clandestinos son el corazón del juego. Aquí los entrenadores compiten por ascender desde el rango Z hasta el A, escalando posiciones en combates cada vez más duros. La rutina diurna de exploración y desarrollo se transforma, con la puesta de sol, en una lucha por el prestigio. Puedes pasar el día entrenando, cumpliendo encargos o perfeccionando tus estrategias, y lanzarte a la arena nocturna cuando te sientas listo. Es una estructura sencilla, pero muy efectiva: te deja vivir el ritmo de la ciudad a tu manera, sin marcarte un camino fijo.
Lo curioso es que Z-A consigue hacer creíble la idea de un “mundo Pokémon urbano”. Luminalia se siente más viva y vertical que nunca: puedes recorrer sus azoteas, deslizarte por pasarelas o internarte en zonas salvajes integradas en el propio entramado urbano. Es un diseño que prioriza la densidad sobre la extensión; cada rincón tiene algo, ya sea un desafío, una misión o un secreto. Incluso las áreas “en construcción” sirven como límites naturales que se abren conforme avanza la historia. No es un mundo enorme, pero sí un escenario lleno de microdescubrimientos que mantienen el interés siempre activo.

El ciclo de día y noche refuerza esa dualidad: de día, misiones y exploración; de noche, combates y tensión. Cada jornada cambia la disposición de entrenadores, rutas y desafíos, y no es raro que, entre una pelea y otra, aparezca un evento inesperado: una megaevolución descontrolada, un entrenador que busca venganza o un encargo que desemboca en una cadena de misiones.
Y hablando de combates… aquí es donde Z-A marca un antes y un después. El sistema abandona definitivamente los turnos clásicos para apostar por la acción en tiempo real. Ya no se trata de elegir un movimiento y esperar: ahora das órdenes directas a tu Pokémon, gestionas enfriamientos, distancias y posicionamiento, mientras tú mismo te mueves por el área de combate. Es más parecido a una coreografía táctica que a un ajedrez de turnos. Esa sensación de estar “dentro” del enfrentamiento —esquivando ataques o buscando el momento justo para ordenar un golpe decisivo— es probablemente lo más fresco que ha hecho la serie en años.

El juego mantiene las clásicas fortalezas y debilidades elementales (agua vence a fuego, fuego a hierba, etc.), pero ahora todo sucede con una urgencia distinta. Cada ataque tiene su propio ritmo, y anticipar los movimientos rivales se vuelve clave. Ya no vale con conocer el tipo del enemigo: hay que leer el terreno, el espacio y el tiempo. Es un combate que, sin renunciar a la estrategia, te empuja a pensar rápido.
Además, vuelven las megaevoluciones, y no como simple guiño nostálgico. Aquí son el eje del combate y de la historia. Ya no son un único as bajo la manga, sino un recurso que se carga y descarga durante las batallas, lo que permite usarlo varias veces o incluso en diferentes Pokémon si la energía lo permite. Esto abre la puerta a estrategias más dinámicas y momentos visualmente espectaculares. Las megaevoluciones descontroladas —auténticos “jefes” que requieren moverse, esquivar y coordinar ataques— son algunos de los enfrentamientos más intensos que ha firmado Game Freak.

El modo multijugador también sorprende. Leyendas Pokémon: Arceus ya coqueteaba con la conectividad, pero Z-A la abraza por completo. Puedes combatir e intercambiar Pokémon, tanto de forma local como online, y participar en el Club de Batalla, un modo para cuatro jugadores donde todos luchan contra todos durante tres minutos frenéticos.

Durante mi partida, terminé los créditos tras unas 25 horas, y aun así sentí que quedaban muchos rincones por descubrir. Las misiones secundarias no se limitan a ser recados: algunas cuentan pequeñas historias sobre los habitantes y su relación con los Pokémon, reforzando esa idea de convivencia que atraviesa todo el juego. Y sí, hay mucho por hacer. Entre la captura de especies salvajes en bioesferas urbanas, la búsqueda de objetos ocultos y las misiones de investigación, Luminalia siempre tiene algo esperándote a la vuelta de la esquina.


Pocas veces un juego de la saga Pokémon había lucido tan bien en movimiento. Leyendas Pokémon: Z-A aprovecha de verdad la potencia de Nintendo Switch 2, logrando una tasa de 60 imágenes por segundo estables, incluso en modo portátil. Todo esto es posible gracias a una optimización muy cuidada: los modelos mantienen un nivel de detalle moderado, pero la resolución dinámica —que alcanza los 1080p— junto con el reescalado inteligente suaviza los contornos y evita los molestos dientes de sierra incluso en pantallas 4K. El resultado no es puntero en lo técnico, pero sí notablemente sólido y consistente.
Ciudad Luminalia es un entorno abierto que, aunque más contenido en variedad de biomas por su propio concepto urbano, se siente bien distribuido. Cada distrito, calle o azotea tiene un propósito, invitando a explorar a ritmo tranquilo mientras descubrimos nuevas especies o misiones. La ciudad, con sus luces, cafés y estructuras metálicas, funciona como un gran tablero urbano donde cada rincón cuenta algo.

Artísticamente, Leyendas Pokémon: Z-A brilla en su dirección más que en su músculo técnico. Los personajes adoptan un estilo visual inspirado en la serie de animación, algo que ya vimos en entregas anteriores y que aquí alcanza un equilibrio casi perfecto entre cartoon y realismo. Es un apartado artístico coherente con la saga, colorido, reconocible y con un encanto innegable. Aun así, el diseño urbano de Luminalia tiende a la repetición y carece de esa riqueza visual que uno esperaría de una metrópoli viva.
A pesar de esta falta de variedad escénica, el juego consigue que el entorno no se vuelva monótono. El ciclo día/noche y los efectos climáticos aportan dinamismo y ayudan a que la ciudad cambie ligeramente su tono con el paso del tiempo. Esa transición constante entre la calma diurna y la energía nocturna, además de ser coherente con la estructura jugable, da un toque de vida que se agradece.

El rediseño de la interfaz merece una mención aparte. Todo está planteado para no perder información: datos de los Pokémon, mini mapa, objetivos y mensajes emergentes que aparecen sin saturar la pantalla. Incluso puede pecar de mostrar más de la cuenta, con notificaciones constantes que informan de lo que sucede en los combates, pero sin entorpecer la acción.
Ahora bien, no todo brilla igual. A nivel técnico, Leyendas Pokémon: Z-A no representa el salto generacional que muchos esperaban. Las animaciones faciales son más expresivas y los modelos están mejor definidos, sí, pero los movimientos de los personajes siguen siendo toscos y muchas escenas continúan usando los clásicos recursos de cámara fija que evitan mostrar manos o gestos complejos. Los decorados de Luminalia pecan de planos, con pocos detalles ambientales, lo que acaba restando credibilidad al conjunto.

El famoso “popping” sigue presente, aunque aparece de forma puntual y nunca interfiere con la jugabilidad. Donde más se nota el contraste es en la vida urbana: Luminalia no es tan viva como parece. Las calles están pobladas de NPCs casi inmóviles o con rutinas limitadas, lo que genera esa sensación de ciudad decorado que rompe parte de la inmersión.
Por suerte, los Pokémon salvan la situación. Sus animaciones son más naturales, sus reacciones más expresivas y su comportamiento en combate transmite la energía y personalidad que siempre han sido el alma de la saga. Son ellos quienes verdaderamente insuflan vida a este mundo.


Si hay algo que Leyendas Pokémon: Z-A hace especialmente bien, es envolvernos con su sonido. La música acompaña cada paso por Ciudad Luminalia con un sentido del ritmo y del espacio que sorprende. Durante el día, mientras recorremos sus avenidas o conversamos con los habitantes, el piano marca una melodía serena, casi nostálgica, que transmite la calma de una gran ciudad en movimiento. Pero basta con que empiece un combate o un evento importante para que todo cambie: el tempo se acelera, los instrumentos se multiplican y la atmósfera se transforma en una explosión de energía. Lo mejor es que nunca rompe su coherencia musical; la base sigue ahí, reconvertida, como si la propia ciudad latiera al compás de lo que ocurre.
Entre los grandes aciertos está el regreso de temas clásicos de la saga, remasterizados con un gusto exquisito. Son pequeños guiños que los veteranos reconocerán al instante, piezas que conectan pasado y presente y que, por sí solas, justifican tomarse un momento para quedarse quieto en mitad de la calle solo para escuchar. Esa mezcla entre lo nuevo y lo familiar convierte la banda sonora en una de las más equilibradas que ha tenido Pokémon en años.

La traducción al castellano también merece su espacio. En esta ocasión se ha optado por un tono más natural y cercano, sacrificando el acento francés que tenía la versión inglesa para dar mayor fluidez al diálogo. Puede que se pierda algo del aire parisino que define a Luminalia, pero la localización funciona tan bien que apenas se echa de menos.
Donde sí se nota una carencia es en el doblaje de voces. A estas alturas, la ausencia de interpretación vocal empieza a sentirse como un paso atrás. Las escenas cinemáticas ganarían mucho más con actores de voz que dieran vida a los personajes, algo que Pokémon sigue posponiendo generación tras generación. No es que arruine la experiencia, pero deja claro que la saga necesita dar un paso más en su apartado audiovisual.


Después de pasar horas en Leyendas Pokémon: Z-A es fácil entender por qué esta entrega se siente como un nuevo punto de partida para la saga. No es una revolución total, pero sí un paso firme hacia algo diferente: un Pokémon más maduro, más consciente de su propio legado y más dispuesto a arriesgar. Ciudad Luminalia se convierte en el corazón de una experiencia que mezcla exploración, combate y narrativa con una naturalidad inédita en la serie, pese a sus carencias visuales y ciertos automatismos que delatan su herencia. Sus mejoras en rendimiento, la fluidez de los combates, la ambientación sonora y el mimo por los pequeños detalles hacen que siga brillando con luz propia. Puede que no sea el salto que muchos esperaban tras Arceus, pero sí es la confirmación de que Game Freak está aprendiendo a escuchar a su público y a redefinir lo que significa ser entrenador en un mundo que ya no necesita rutas ni gimnasios para hacernos sentir que estamos viviendo una auténtica aventura Pokémon.

Leyendas Pokémon: Z-A ya se encuentra a la venta en formato digital y físico para Nintendo Switch y Nintendo Switch 2.
Hemos realizado este análisis gracias a un código para Nintendo Switch 2 proporcionado por Nintendo España.



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