
What Comes After es una pequeña joya indie que se disfruta más por lo que transmite que por lo que desafía. En poco más de una hora, el juego consigue sumergirte en una historia íntima sobre la vida, la muerte y el amor propio, todo mientras te acompañan unos personajes y diálogos que hacen que quieras detenerte a pensar un momento en tu propio camino.
Detrás del proyecto está Fahmitsu, guionista y diseñador que ya nos había sorprendido con Coffee Talk, apoyado por los equipos locales de Rolling Glory Jam y Pikselnesia, que dieron forma a la parte artística y técnica del juego. La edición física para PlayStation 5, que incluye un póster para coleccionistas, llega gracias a Tesura Games y Dolores Entertainment, lo que permite disfrutar de esta experiencia más allá del formato digital.

En What Comes After nos ponemos en los zapatos de Vivi, una joven que lleva sus días casi en piloto automático, perdida entre rutinas y pensamientos negativos. Todo cambia una noche cuando, tras quedarse dormida en su tren habitual, despierta en un vagón que no es como los demás: está lleno de almas en tránsito. Lo que empieza como un simple susto pronto se convierte en un viaje único, donde cada pasajero tiene su propia historia que contar, desde personas hasta animales e incluso plantas, cada uno dejando atrás su vida con sus miedos, arrepentimientos y alegrías.
El juego se centra más en la experiencia y la reflexión que en la acción o las mecánicas complicadas. Mientras recorremos los vagones junto a Vivi, escuchamos conversaciones que nos invitan a pensar en la importancia de la vida y en cómo cada uno deja su huella en el mundo. No hay giros inesperados ni misterios por resolver; lo especial está en los momentos de calma, en esos instantes de escucha y empatía que te hacen detenerte y mirar hacia dentro.

Lo que más atrapa es la sensación de intimidad y serenidad que consigue transmitir. Cada encuentro con los pasajeros del tren es una pequeña lección sobre aceptar nuestra propia existencia, valorar lo que tenemos y entender la diversidad de experiencias que forman la vida. Al final, What Comes After no solo nos lleva a un viaje más allá de lo físico, sino también a un recorrido introspectivo que deja una impresión duradera mucho después de apagar la consola.


La jugabilidad de What Comes After es súper sencilla, casi minimalista, pero funciona perfecto para lo que busca el juego. Básicamente te mueves por los vagones del tren y escuchas o hablas con las almas que encuentras, sin combates, puzles ni decisiones que compliquen las cosas. Lo curioso es que, con un estilo visual tan colorido y casi infantil, te hace sentir como si estuvieras leyendo un cuento, mientras al mismo tiempo toca un tema tan profundo como la muerte. Esa mezcla es rara, pero de alguna manera funciona y le da un encanto especial.

No hay mucho más que hacer aparte de caminar y escuchar, y eso hace que todo sea breve: en menos de una hora puedes recorrer los dos viajes del tren. Cada conversación aporta algo, y aunque me encontré con algún detalle torpe —como un objeto que se puede atravesar o menús que responden un poco mal—, no arruina la experiencia. Al final, todo se trata de dejar que las historias de los pasajeros calen un poco en ti y disfrutar del ritmo pausado del juego.
Y si eres de los que también colecciona trofeos, hay un plus: en PlayStation tiene 12 trofeos y un platino que se saca sin esfuerzo en una o dos partidas. No hay desafíos escondidos ni requisitos locos, solo prestar atención y hablar con todos. Lo bonito de What Comes After es eso: no es un juego para “ganar”, sino para sentir, para detenerte un rato y reflexionar mientras avanzas tranquilamente por los vagones.


El estilo visual de What Comes After es 100% dibujado a mano y en 2D, con un aire sencillo pero muy cuidado. No hay efectos espectaculares ni fondos recargados, pero eso no importa: todo funciona perfecto para acompañar la historia de Vivi. Los personajes tienen trazos claros y definidos, los colores son suaves y los fondos transmiten calma y un poquito de melancolía, justo lo que necesitas para meterte en el viaje del juego.
Aunque solo hay dos escenarios principales, el tren de los vivos y el tren de los muertos, se nota mucho la diferencia entre ellos y ayuda un montón a sentir dónde estás. Las animaciones son simples y a veces un poco repetitivas, pero aun así los gestos y las posturas de los personajes logran transmitir emociones sin necesidad de palabras. Incluso los animales y las plantas que aparecen tienen su papel y hacen que todo el mundo del juego se sienta más vivo y conectado.


En cuanto al sonido, What Comes After juega mucho con el silencio al principio, mientras Vivi viaja en su tren cotidiano. Esa ausencia de música ayuda a transmitir la sensación de rutina y soledad que vive la protagonista. Más adelante, cuando todo cambia y el tren toma un rumbo distinto, la música aparece de manera suave y melódica, sin querer llamar la atención, pero logrando envolver al jugador en una atmósfera tranquila y a veces melancólica que encaja perfecto con la historia.


What Comes After no busca deslumbrar con mecánicas complicadas ni gráficos espectaculares, sino que se centra en crear una experiencia íntima y emocional. Cada vagón del tren, cada conversación y cada detalle son una invitación a detenerse, escuchar y reflexionar sobre la vida, la muerte y el valor de cada momento. Con un apartado visual sencillo pero expresivo, una música que acompaña sin imponerse y un ritmo pausado que deja espacio para sentir, el juego logra quedarse contigo mucho después de apagar la consola, demostrando que a veces lo más simple es lo más poderoso.

What Comes After ya se encuentra a la venta en formato digital y físico para PlayStation 5.
Hemos realizado este análisis gracias a un código para PlayStation 5 proporcionado por Tesura Games..



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