
Hablar de Raidou Remastered: The Mystery of the Soulless Army es sumergirse de lleno en una de esas rarezas deliciosas que solo un estudio como Atlus es capaz de concebir, y que con los años ha pasado de culto marginal a joya redescubierta. Este título no es un simple remake ni una operación nostálgica de baja intensidad: es una declaración de intenciones. Es el regreso, completamente revitalizado, de un spin-off que en su momento fue tan incomprendido como visionario.
Para situarnos: Raidou Remastered es una nueva versión del original lanzado en PlayStation 2 allá por 2006 bajo el nombre Shin Megami Tensei: Devil Summoner – Raidou Kuzunoha vs. The Soulless Army. Sí, lo has leído bien: pertenece al mismo universo caótico y profundamente filosófico de la saga Shin Megami Tensei, pero con un cambio de tono radical. Aquí no hay futuros postapocalípticos ni adolescentes jugando a ser dioses. Aquí lo que tenemos es una fusión entre novela negra, folclore japonés, mechas imposibles y detectives demoníacos. Y funciona, vaya si funciona.
El juego forma parte de la subserie Devil Summoner, una línea paralela dentro del universo SMT que ha ido explorando historias y mecánicas alternativas, alejándose del típico RPG por turnos. Pero Raidou Remastered, en concreto, representa un punto de quiebre: mezcla acción en tiempo real con mecánicas de captura y fusión de demonios, todo envuelto en una estética de Japón Taishō (años 20 del siglo XX) que no se ve todos los días.
El remaster, disponible en Nintendo Switch, PlayStation 5 y PC, no se limita a pulir los gráficos. Reconstruye el sistema de combate, mejora la calidad de vida del jugador, amplía la paleta sonora y adapta los textos y el ritmo narrativo a sensibilidades contemporáneas. Pero no pierde el alma, esa mezcla oscura y bizarra que hace de esta entrega algo irrepetible.

La historia de Raidou Remastered: The Mystery of the Soulless Army es, en pocas palabras, una novela pulp con tintes demoníacos, ambientada en un Japón alternativo donde los exorcistas trabajan como detectives y los emperadores ocultan secretos peores que los demonios. No es una trama al uso, ni lo pretende. Es un relato que se despliega como una madeja oscura, hilada con superstición, espionaje y ciencia prohibida. Y todo comienza con un caso aparentemente rutinario: una joven llamada Kaya Daidōji solicita ser protegida… y acto seguido desaparece misteriosamente.
A partir de ahí, lo que parecía un favor más para la agencia de detectives Narumi, donde trabaja el joven Raidou Kuzunoha XIV, se convierte en una pesadilla, y no en sentido figurado. Pronto, Raidou descubre que tras la desaparición hay una red secreta de experimentos gubernamentales, invocadores renegados y una fuerza de combate conocida como el Ejército sin Alma —autómatas controlados por tecnología demoníaca que amenazan con desatar el infierno en la Tierra (literalmente).

Pero el verdadero corazón de la historia no está solo en la amenaza externa. Está en el conflicto interno del protagonista, obligado a moverse entre el deber, la compasión y las reglas de una tradición milenaria. Como Raidou Kuzunoha XIV, eres el heredero de una estirpe de invocadores al servicio del equilibrio del mundo espiritual, pero también eres un joven enfrentándose a un mundo moderno que empieza a rechazar todo lo místico. Este choque entre modernidad y espiritualidad, entre lógica científica y magia antigua, es el verdadero conflicto narrativo.
El juego no tiene miedo de mezclar géneros: la investigación detectivesca se funde con el drama histórico, el thriller político y el terror sobrenatural. Hay momentos que parecen sacados de un film noir japonés, con lluvias eternas, farolas titilantes y diálogos afilados. Otros te arrojan a rituales ocultistas con una solemnidad escalofriante. Y otros, simplemente, te sueltan en medio de un campo de batalla contra soldados mecánicos poseídos por demonios. Y si todo eso suena a locura… lo es, pero una locura medida, calculada y narrativamente eficaz.

El ritmo de la historia es pausado al principio, como corresponde a una buena novela de detectives, pero no tarda en escalar hasta niveles épicos. Y, sin embargo, nunca pierde de vista a sus personajes. Los vínculos entre Raidou, Gouto-Dōji, Narumi, Tae Asakura y el resto del elenco no solo aportan humanidad a la trama: son el ancla emocional que hace que todo funcione.


La jugabilidad de Raidou Remastered: The Mystery of the Soulless Army es, ante todo, un territorio híbrido. Ni RPG por turnos tradicional ni action-RPG puro: aquí Atlus se atrevió, ya en su día, a romper los moldes más rígidos del género. Y en este remaster, esa osadía ha ganado enteros gracias a una serie de ajustes que hacen que la experiencia fluya mucho mejor sin perder un ápice de complejidad.
El combate se desarrolla en tiempo real, pero no esperes una acción desenfrenada y sin freno. Aquí cada movimiento cuenta: atacar con tu espada tiene peso, invocar demonios en el momento preciso puede ser la diferencia entre la vida y la muerte, y las habilidades consumen energía que no puedes desperdiciar alegremente. No estamos ante un juego de reflejos puros, sino ante un sistema que combina táctica y acción en equilibrio constante.

Durante los enfrentamientos, Raidou se lanza al campo con su katana y un conjunto de objetos y habilidades. Pero el verdadero corazón del combate son los demonios. Puedes invocar hasta dos demonios simultáneamente —una novedad que mejora mucho el sistema respecto a entregas anteriores—, cada uno con roles bien definidos: ofensivo, curativo, de apoyo, de debilitamiento, etc. Cada demonio posee resistencias, debilidades elementales, habilidades activas y pasivas, y sus propias personalidades, lo que afecta incluso a cómo reaccionan en ciertas situaciones. Algunos pueden desobedecerte si no los tienes lo bastante bien tratados, una mecánica que refuerza el vínculo emocional con tu equipo demoníaco.

En pleno combate, puedes dar órdenes directas a los demonios o dejar que actúen por sí solos. El remaster ha mejorado sustancialmente la IA de los aliados, que ya no se lanzan de cabeza al desastre ni malgastan habilidades curativas sin sentido. Además, se han incluido atajos rápidos para cambiar demonios, lanzar hechizos y usar objetos, lo que dinamiza la acción sin comprometer la estrategia.
Uno de los aspectos más ricos de la jugabilidad es el sistema de captura de demonios. Para reclutarlos, debes debilitarlos durante el combate y luego usar el tube COMP, una herramienta especial de los Kuzunoha. Pero no basta con reducir su vida: muchos demonios requieren que les hables, les ofrezcas objetos o respondas correctamente a sus preguntas, en una especie de negociación psicológica que recuerda al sistema tradicional de Shin Megami Tensei, pero con un sabor más ágil.

Una vez en tu equipo, los demonios pueden fusionarse entre sí para crear nuevas criaturas más poderosas. Este sistema de fusión es profundo, adictivo y lleno de ramificaciones. No solo se trata de mezclar números, sino de experimentar combinaciones para obtener habilidades concretas o demonios con habilidades raras. La fusión se convierte casi en un minijuego en sí misma, y dominarla marca la diferencia entre sobrevivir o ser aplastado por el Ejército sin Alma.
El mapa se divide en distintos distritos de la capital, cada uno con su estética particular, sus enemigos, sus misiones secundarias y secretos. Aquí es donde la dimensión de detective cobra fuerza: en vez de limitarte a explorar y combatir, también debes investigar casos secundarios, buscar pistas, interrogar a civiles y usar tus demonios fuera del combate para abrir caminos, encontrar objetos o descubrir pasajes ocultos. Cada demonio tiene una habilidad de campo, como leer mentes, volverse invisible, transformarse o interactuar con objetos específicos. Esto convierte la exploración en algo mucho más dinámico y participativo, donde no todo se resuelve a espadazos.

Otro acierto del remaster es la incorporación de mejoras de calidad de vida: opción para correr de forma predeterminada, ajustes en el ritmo de diálogo, acceso rápido al menú de fusión y compatibilidad con guardado rápido. Además, se han añadido niveles de dificultad ajustables, para que tanto novatos como veteranos puedan disfrutar del juego sin sentirse frustrados (o aburridos). Es una manera elegante de respetar la dificultad original sin alienar a nuevos jugadores.
También es importante mencionar la progresión de personaje. Raidou sube de nivel como cualquier protagonista de JRPG, mejorando estadísticas como fuerza, vitalidad o suerte, pero también puede mejorar su COMP para añadir más espacios de demonio, aumentar su capacidad de fusión o desbloquear funciones exclusivas en el combate. No solo se trata de hacer grinding, sino de tomar decisiones que modelan tu estilo de juego.

Por último, pero no menos importante: el sistema de misiones secundarias. A diferencia de otros títulos donde estas se limitan a recados irrelevantes, aquí muchas están narrativamente conectadas con la trama principal o expanden el trasfondo del mundo y sus habitantes. Algunas incluso permiten desbloquear demonios únicos o eventos ocultos que cambian partes del desarrollo. Si te sumerges en estas tareas opcionales, descubrirás que la ciudad de Tsukudo-cho está viva y llena de secretos, y que vale la pena perderse por sus callejones oscuros.
En cuanto a duración, Raidou Remastered ofrece una experiencia sorprendentemente densa. La historia principal puede completarse en unas 30-35 horas, si vas al grano. Pero si decides explorar todos los rincones, completar las misiones secundarias, experimentar con la fusión de demonios y enfrentarte a los jefes ocultos, fácilmente puedes alcanzar las 50 o incluso 60 horas de contenido.


Visualmente, Raidou Remastered: The Mystery of the Soulless Army no compite con superproducciones de nueva generación, y no lo necesita. Su ambición no está en los teraflops, sino en la atmósfera, en el estilo, en esa mezcla de lo retro con lo sobrenatural que se instala bajo la piel y no se va. Es un juego que apuesta por la estética antes que, por el músculo técnico, y ahí es donde gana todas las batallas que importa ganar.
El original de PlayStation 2 ya era una rareza visual en su tiempo, y este remaster disponible en Nintendo Switch, PlayStation 5 y PC respeta ese espíritu con fidelidad casi religiosa. Lo que ha hecho Atlus no ha sido rehacerlo todo desde cero, sino aplicar una capa de cuidado y actualización que mantiene el encanto de lo viejo mientras elimina sus asperezas. El resultado: una dirección artística que respira con más claridad, sin perder ni un gramo de personalidad.

La ambientación nos sitúa en una versión alternativa del Japón de la era Taishō, una época que ya de por sí fue una intersección fascinante entre lo antiguo y lo moderno. El juego lo lleva aún más lejos: mezcla calles empedradas con rascacielos art déco, oficinas de detectives al más puro estilo noir con laboratorios secretos, templos sintoístas con tecnología demoníaca. Y todo ello con una paleta de colores contenida, ligeramente sepia, que parece sacada de un grabado antiguo con manchas de tinta negra y sangre seca. Es como si estuvieras dentro de una novela ilustrada de misterio sobrenatural.
Cada distrito del mapa tiene su propio carácter visual: desde las zonas residenciales más tradicionales, con farolillos colgando y arquitectura de madera, hasta instalaciones militares secretas llenas de acero y vapor. El juego no recurre a escenarios genéricos: hay intención, diseño y narrativa visual en cada rincón. Los detalles cuentan. Los carteles, los interiores, los uniformes de los soldados, los gestos de los personajes. Todo habla del mundo en el que se desarrolla esta historia.

El rediseño de personajes también merece mención aparte. Raidou Kuzunoha XIV mantiene su estética icónica —uniforme escolar negro modificado, sombrero de ala corta, katana al cinto—, pero ahora se ve más nítido, más definido, sin perder ese aire clásico. Su compañero, Gouto-Dōji, el gato parlante, ha sido suavemente reanimado con expresiones faciales sutiles que lo hacen aún más carismático (y cínico). Los personajes secundarios, como Shohei Narumi, Tae Asakura o Kaya Daidōji, conservan su diseño original, pero se benefician del trabajo de limpieza y mejora visual, sobre todo en sus retratos durante los diálogos.
Y qué decir de los enemigos y demonios. Aquí es donde Atlus siempre saca su carta más fuerte. Cada criatura que aparece —desde los más conocidos como Jack Frost, hasta demonios oscuros del folclore japonés como Oni, Kudlak o Arahabaki— tiene un diseño distintivo, muchas veces inquietante, que va más allá del “enemigo con cara de malo”. Los demonios no solo lucen diferentes: tienen identidad visual. Se nota el trabajo artesanal en cada línea, en cada textura, en cada sombra.

Además, en esta edición remasterizada, se han añadido efectos de iluminación dinámicos, mayor resolución de texturas y mejores animaciones, especialmente en los combates. Las habilidades mágicas ahora tienen más impacto visual —llamas que ondulan como tinta, rayos que chispean como ilustraciones vivas, nieblas que te hacen dudar si estás despierto o soñando—. Nada de esto es pirotecnia vacía: cada efecto visual refuerza la atmósfera de un mundo donde lo real y lo oculto se confunden a cada paso.
El único punto discutible, si uno quiere ponerse purista, es que los modelados 3D siguen mostrando su edad. Hay rigidez en las animaciones faciales, y ciertos escenarios no han recibido tanto mimo como otros. Pero es un detalle menor frente al conjunto, porque el juego no intenta engañar a nadie: no quiere parecer moderno. Quiere ser fiel a sí mismo. Y lo consigue.


El sonido en Raidou Remastered: The Mystery of the Soulless Army no es un simple acompañamiento: es parte activa del embrujo. Desde el primer paso por las calles empedradas de Tsukudo-cho, sabes que estás en un mundo donde la música no suena… se manifiesta. No es solo fondo: es atmósfera, identidad, contexto, y por momentos, amenaza.
La banda sonora ha sido completamente remasterizada, no rehecha. Y eso es clave. Porque lo que Atlus ha querido conservar aquí no es solo el contenido original, sino su espíritu. Compuesta por el inconfundible Shoji Meguro, junto a miembros del Atlus Sound Team como Toshiki Konishi, Takehiro Kogawa y Kenichi Tsuchiya, esta selección musical es un cóctel tan improbable como delicioso: jazz noir, swing taishō, percusión industrial y disonancias rituales.
Mientras exploras, el juego te envuelve con melodías propias de una película de detectives de los años 30: saxofones tristes, arpegios de piano con eco, contrabajos que caminan con sigilo, y silencios cargados de intención. Es el tipo de música que no te interrumpe, pero tampoco desaparece. Se incrusta suavemente bajo la piel. Y cuando menos lo esperas, ya estás dentro de ese mundo en sepia, esperando que alguien salga corriendo de un callejón a gritar que ha visto un demonio.

Y entonces llegan los combates, y todo cambia. Las guitarras se retuercen, los sintetizadores chirrían, los ritmos se aceleran. Es música que aprieta. Que pulsa con urgencia. Que convierte cada pelea en una escena digna de una película de acción esotérica. Hay un cambio emocional inmediato, y ese efecto está calculado con precisión quirúrgica. No todas las pistas son memorables por sí solas, como han señalado algunas críticas, pero todas hacen exactamente lo que deben hacer: sostener la narrativa emocional del momento sin robarle protagonismo.
Uno de los grandes añadidos del remaster es el doblaje completo, en inglés y japonés, algo inédito en el título original de PlayStation 2. Ahora Raidou, Narumi, Gouto-Dōji y compañía tienen voz, y esto cambia por completo la forma en que se viven los diálogos. El trabajo vocal principal es sólido, con interpretaciones que, si bien no siempre son sobresalientes, consiguen dotar de cuerpo y alma a los personajes. Algunos NPC secundarios tienen interpretaciones más irregulares, pero nada que rompa la experiencia. De hecho, escuchar a Gouto-Dōji en todo su cinismo felino es uno de los placeres culpables del juego.

En cuanto al diseño sonoro, el salto técnico respecto al original es claro. Se han pulido efectos ambientales, se ha mejorado la profundidad del campo sonoro, y ahora detalles como el clic metálico del COMP al invocar un demonio o el crujido de una puerta que no deberías haber abierto tienen peso, presencia, dimensión. Los entornos urbanos están vivos, con ecos de conversaciones lejanas, pasos ajenos, motores, susurros del viento o cantos rituales apenas perceptibles.


Raidou Remastered: The Mystery of the Soulless Army es una de esas obras que, lejos de buscar la aprobación del gran público, se mantiene fiel a sí misma: extraña, densa, estilizada y profundamente inmersiva. Este remaster no solo rescata un título olvidado del catálogo de Atlus, sino que lo actualiza con respeto y precisión, permitiendo que una nueva generación de jugadores descubra su particular alquimia de acción, investigación y folclore oscuro. No es un juego para todo el mundo, pero para quien conecte con su propuesta, se convertirá en una experiencia inolvidable, rica en atmósfera y en matices que siguen creciendo mucho después de los créditos finales.

Raidou Remastered: The Mystery of the Soulless Army ya se encuentra a la venta en formato físico y digital para PlayStation, Series X/S, Nintendo Switch y PC.
Hemos realizado este análisis gracias a un código para PlayStation 5 proporcionado por Cosmocover.



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