
El factor nostalgia es algo que vende, algo demostrado en todos los ámbitos, desde libros, series, cine y, como no puede ser de otra forma, en el mundo de los videojuegos. Una de las cosas que más nos puede chocar es que, cuando pensamos en juegos de nuestra infancia, hablamos de títulos de PSX, Nintendo 64 o incluso SNES, pero tenemos que hablar de que el juego del que vamos a analizar hoy, The Elder Scrolls IV: Oblivion, tiene ya 20 años y, por lo tanto, entra en esta categoría. La cuarta entrega de la famosa saga de rol fue un antes y un después en el género, siendo uno de los juegos más vendidos en su generación y un título que se recuerda con especial cariño.
A la espera de noticias de la sexta parte de esta saga, Bethesda junto a Virtuous ha decidido traer de nuevo esta entrega, pero con un apartado gráfico totalmente renovado a Unreal Engine 5.

Nuestra historia comienza en una celda, concretamente en las mazmorras imperiales. Durante nuestra estancia recibimos la visita del emperador Uriel Septim VII junto a sus guardaespaldas, quienes acuden a nuestra celda, que esconde una ruta de escape. Todo esto no sirve para mucho, pues el monarca sabe que sus días están contados y, ya sea por casualidad o por destino, nuestro personaje tiene un papel que jugar en la salvación del mundo. De esta forma, nos vamos a embarcar en un viaje que nos llevará a recorrer las tierras de Cyrodiil para evitar que las fuerzas de Oblivion se apoderen de este mundo.
A medida que avanzamos en la trama, descubrimos que el asesinato del emperador ha dejado al Imperio sin heredero legítimo, lo que debilita la barrera mágica que mantenía cerrados los portales hacia Oblivion, una dimensión infernal poblada por los daedra. Estos portales comienzan a abrirse por todo el continente, desatando el caos. Nuestro papel será localizar al heredero perdido del trono, Martin Septim, y guiarlo a través de una serie de desafíos tanto personales como políticos para restaurar la paz y el orden. La historia combina elementos de fantasía épica, drama político y religión, ya que Martin, además de ser el heredero, es un sacerdote de Akatosh, el dios dragón del tiempo, cuya figura se vuelve clave en los acontecimientos finales.

Lo más destacable del argumento principal es cómo el juego permite que avancemos en él a nuestro ritmo. Aunque la amenaza de Oblivion siempre está presente, el título no nos obliga a seguir una línea argumental rígida. Podemos explorar libremente, completar misiones secundarias e incluso ignorar durante horas la misión principal sin que ello suponga un castigo narrativo. Este enfoque no solo refuerza la sensación de libertad, sino que también potencia la inmersión: sentimos que realmente somos un habitante más de Cyrodiil, y no simplemente un héroe predestinado. Los sucesos que rodean el final de la historia, con el sacrificio de Martin y la intervención divina de Akatosh, cierran con fuerza una aventura que equilibra lo mítico con lo humano.


Muchos de los jugadores ya conocerán cómo son estos juegos, especialmente en este caso, pero para los que no lo jugaron en su momento vamos a analizar este apartado. En primer lugar, tenemos que decir que la jugabilidad se mantiene, para bien o para mal, igual que el juego original. Si bien es cierto que se han añadido alguna que otra mecánica que ayuda a que todo sea más rápido y fluido —es decir, mejoras de calidad de vida—, el resto del conjunto sigue siendo el mismo que el que ya disfrutamos hace 20 años.
Estamos ante un juego de rol y acción en mundo abierto. Una de las novedades que se incluyó en su momento fue que tanto enemigos como objetos siguen una progresión igual a la nuestra. Si nuestro personaje sube de nivel, los enemigos harán lo propio. Esto supone que no podamos ir muy de sobrado a lo largo de la aventura. Este sistema de evolución se basa en el desarrollo de habilidades específicas, pero, a diferencia de otros juegos, aquí el hábito hace al monje. Esto quiere decir que para subir algunas habilidades no nos bastará con eliminar enemigos para conseguir experiencia.

Aquí tenemos que hacer uso de estas habilidades; por tanto, si hemos elegido una build basada en el sigilo, deberemos hacer mucho uso de este, ya sea a través de ataques furtivos o escondiéndose en las sombras. Esta mecánica es una hoja de doble filo, pues si nuestra creación o construcción de personaje no está bien diseñada, podemos encontrarnos en desventaja frente a enemigos que sí han sabido volverse más poderosos en sus puntos fuertes.
Debemos comentar que en esta nueva versión se ha intentado atajar este problema y se ha dado importancia a la hora de subir de nivel tanto las habilidades principales como las secundarias. Así que, además de las distintas habilidades que podemos subir por nuestro uso, también dispondremos de puntos de virtud para poder subir aquellas habilidades que no usemos tanto y nos permita tener un personaje más equilibrado.

Lo divertido de este título no es su trama principal, sino la exploración y las secundarias. Mucho se ha hablado de la calidad de las misiones de Oblivion y cómo, pese a ser una entrega anterior a Skyrim, las misiones secundarias de este último eran de peor calidad. Tenemos que destacar todas las misiones de los diferentes gremios, como el gremio de luchadores o de ladrones. También destacar las muy elogiadas misiones de la Hermandad Oscura, que posiblemente sean de las mejores del juego, ya sea por su temática y, sobre todo, por la originalidad que presentaban en su momento y que aún a día de hoy siguen estando muy inspiradas.
Por supuesto, la exploración es capital en este juego. Lo más normal del mundo es desviarse en el camino constantemente para explorar una cueva, entrar en una casa o ver algún evento que esté ocurriendo. Esto convierte a Oblivion en un comedero de horas en las que perderse durante largo tiempo. Debemos recalcar que en esta remasterización se han incluido las expansiones del juego original, como Shivering Isles y Knights of the Nine.

Lógicamente, tenemos que hablar de los aspectos malos de la jugabilidad. Si bien en su momento su jugabilidad rígida era algo que se pasaba por alto, aquí es algo que puede lastrar la experiencia. Si eres de los que jugaste al original, sabes lo que te vas a encontrar: un combate tosco y algo mecánico que falla en su fluidez. Este aspecto puede ser un poco polémico de cara a esta nueva versión, pues muchos buscarán la experiencia que tuvieron en su momento, pero también es verdad que a muchos jugadores nos puede producir rechazo el hecho de tener un control tan poco pulido, que quizás sea algo que debería haberse revisado en esta edición.

Ojo, no todo se ha quedado tal cual. Ya comentamos que tenemos algunas novedades que hacen del juego algo mucho más amigable con el jugador. Empezamos con la capacidad de correr; esto permite que moverse por el mundo sea algo mucho más fácil y no tan aburrido. También se ha renovado la interfaz, cambiando fuente de letra y siendo todo mucho más agradable a la vista. Se han añadido nuevas animaciones al combate, la posibilidad de cambiar armas y hechizos sin tener que entrar en los distintos menús. También se han añadido mejoras en mapas y HUD.

Respecto a la duración, nada que achacarle. Es posible irnos no a las decenas, sino a cientos de horas para explorar todo su contenido, y sin duda es muy divertido no solo de cara a los veteranos en Oblivion, sino también para los nuevos jugadores.
Por último, debemos hablar de la optimización y rendimiento del juego. Este es un punto negativo. Es verdad que el apartado gráfico supone una mayor carga; también es cierto que nos encontramos con un título mal optimizado, con tiempos de carga de una duración considerable y que más de una vez sufre de caídas de frames.


Esto es por lo que se ha hecho este remaster. Todo se ve como si fuera un juego de nueva generación a nivel visual. El juego se ha rehecho a partir del mismo código fuente del original, por lo que lo que se ve es todo lo que estaba en su versión de hace 20 años, pero mucho mejor.
Las mejoras más importantes son los entornos naturales, que se han visto remodelados con texturas de alta resolución, una iluminación muy cuidada y una mayor vegetación que ayuda a crear un mundo más dinámico. Tenemos que puntualizar la iluminación especialmente, pues es increíble cómo se ve tanto en interiores como en exteriores. Las luces de las antorchas, los cambios durante el día y la noche, los diferentes eventos climatológicos, etc.
Los modelados de los personajes se han visto muy mejorados. Los rostros presentan diferentes expresiones, animaciones mejoradas, diferentes emociones y demás. Las razas ahora están mucho más detalladas, como son las texturas más ásperas de los orcos o argonianos o los detalles en el pelo de los khajiitas. Se ha mejorado la sincronización labial durante los diálogos, haciendo que todo tenga un comportamiento mucho más humano.
Detallar, por último, la cantidad de partículas que se han añadido. Podemos ver esto tanto en los diferentes hechizos que lanzamos, como los conjuros de fuego y la luz que proyectan, o los ataques eléctricos y las diferentes chispas que saltan en distintas direcciones.


El título se ha visto beneficiado en este apartado. En primer lugar, se han añadido nuevas voces y, sobre todo, nuevas entonaciones. Esto choca frontalmente con el escaso repertorio del original. Esta variabilidad también se ve en las diferentes razas, dando mayor énfasis a la personalidad o características de cada tipo de personaje. Como hemos comentado en el apartado estético, se ha trabajado en la sincronización labial y en los audios, haciendo que las conversaciones se sientan mucho más fluidas.
Los efectos sonoros se han adaptado a las diferentes localizaciones. De esta forma, podemos escuchar sonidos propios de cada zona. En los bosques se puede escuchar el crujido de las ramas, el viento. En cuevas, los ecos de los sonidos aumentan para dar una atmósfera más tensa y realista. Conversaciones de fondo, campanas de los templos o simplemente el martillo del herrero aportan un ambiente mucho más rico y definido a las ciudades. En estas mejoras se añaden los sonidos de armas, los conjuros, aullidos y gritos.
Por último, pero no menos importante, tenemos que la banda sonora original compuesta por Jeremy Soule ha sido remasterizada, dotándola de mayor calidad. Se ha ganado en nitidez y claridad. Se han añadido nuevas composiciones siguiendo la tónica general del juego original, con el fin de tener mayor variabilidad en las composiciones, pero que ello no suponga un choque muy grande entre las nuevas piezas y las originales.
La traducción sigue siendo correcta, pero es verdad que se siente un poco cojo el detalle de no incluir un doblaje al español. Es cierto que el original tampoco contaba con ello, pero ha sido una oportunidad perdida en ese aspecto.


Sin duda, se puede ver cómo esta nueva versión de The Elder Scrolls IV: Oblivion ha decidido llevar la etiqueta de remastered y no remake. Vemos cómo todo el aspecto gráfico ha sido remodelado y rehecho en otro motor gráfico, dándonos una estética propia de un juego de la generación actual. Sin embargo, vemos cómo al código fuente apenas se le han tocado aspectos y nos han dado exactamente el mismo título, tanto en lo que gusta como en lo que no. Es una buena oportunidad para aquellos que empezaron en Skyrim y quieran ir más atrás en la saga, pero cuyo aspecto gráfico les echaba para atrás, y también un regalo para los más nostálgicos que quieren sentir la misma experiencia que tienen en su memoria, pero todo ello con el mejor aspecto posible.

The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered ya se encuentra a la venta para PlayStation 5, Xbox Series y PC.
Hemos realizado este análisis gracias a un código para PlayStation 5 proporcionado por Ziran.



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