
Llegar a lanzar siete entregas de una saga no es fácil. Es cierto que hemos visto grandes historias de los videojuegos que han llegado a ese número e incluso lo han superado, pero, en general, hablamos de títulos más conocidos y con un sector mucho más amplio. En cambio, la estrategia, si bien tiene un público muy fiel y hambriento de poder jugar a casi cualquier título del género, también es menor en cantidad. Esto evidencia el éxito del juego que vamos a analizar, Sid Meier’s Civilization VII, la última entrega lanzada por Firaxis, que trae consigo muchos cambios.
Nos encontramos ante un juego de estrategia por turnos basado en casillas, en el que tendremos que jugar en varios enfoques: económico, militar, cultural y científico. Para empezar, debemos elegir un líder para nuestra civilización. Tenemos personajes conocidos y representantes de cada civilización, como Napoleón, Maquiavelo, Isabel la Católica o Carlomagno.

En este momento es donde encontramos uno de los principales cambios introducidos en esta séptima entrega y que ha dividido a la comunidad: la elección de la civilización. Normalmente, en esta saga el líder que eligiéramos estaba atado a su civilización en la historia real. Si jugábamos como Augusto, tendríamos que utilizar al Imperio Romano durante toda la partida. En cambio, ahora tenemos la opción de combinar líder y civilización, lo que nos permite conseguir combinaciones tan estrafalarias como el líder persa Jerjes en la civilización maya.

Este cambio ha generado mucha polémica entre los jugadores, ya que muchos no lo consideran históricamente correcto. No obstante, tenemos la opción de elegir cada líder con su civilización correspondiente para los más puristas o bien combinar líder y civilización de la forma que más nos interese.

La partida puede ganarse de varias formas distintas según nuestra manera de jugar: victoria militar, económica, cultural o científica. Según vayamos completando una serie de objetivos, iremos consiguiendo hitos que nos darán puntos para alcanzar la victoria en cada apartado. Una vez comenzada la partida y fundada nuestra civilización, tendremos que ir investigando distintas tecnologías para desbloquear mejores unidades e infraestructuras, así como maravillas únicas que otorgarán ventajas al jugador que las construya primero. A su vez, deberemos ir completando principios que nos darán acceso a distintas acciones diplomáticas.

Otro de los aspectos característicos de la saga es el paso del tiempo: podíamos ir desde los inicios de la humanidad hasta la carrera espacial. En Civilization 7, vemos un nuevo sistema de eras en el que cada partida se divide en tres períodos. Una vez que finaliza un período, la partida sufre una especie de reinicio. Continuaremos con nuestras ciudades y nuestro líder, pero cambiaremos de unidades, edificios y, lo más importante de todo, de cultura. Este es otro de los aspectos que más ha disgustado a los jugadores veteranos, quienes disfrutaban usando una civilización de principio a fin.

Cada era se adapta a una manera de jugar: la Antigüedad, donde debemos asentarnos y expandirnos; la era de los Descubrimientos, en la que se nos incentiva a explorar el mundo y fomentar rutas comerciales; y la Edad Moderna, la última, enfocada en la diplomacia compleja y los grandes avances tecnológicos.

La opinión sobre este nuevo sistema está dividida. Si fuera una opción de partida, sería un añadido positivo al introducir un nuevo modo de juego que nos obliga a reinventarnos en cada era. El problema principal es que no hay una opción para jugar a la vieja usanza, algo que no ha gustado a los jugadores más antiguos, que disfrutan jugando con su civilización favorita de inicio a fin.

Sabemos que este tipo de juego no solo requiere un gran número de horas por su jugabilidad intrínseca, sino también por el tiempo y la experimentación necesarios para comprender sus mecánicas. En esta ocasión, Firaxis ha optado por simplificar el título y atraer a más jugadores. Esto se refleja en aspectos como el comercio, la diplomacia o el combate, al que se ha añadido la figura del general, permitiendo la unión de varias unidades de combate bajo su mando y su movimiento conjunto.
A pesar de esta simplificación, sigue siendo un juego que requiere dedicación, paciencia y varias partidas para entender cómo funciona todo. Para ello, el juego cuenta con su propia wiki, aunque se echa en falta un tutorial más extenso y no solo una serie de pequeños consejos sobre cómo jugar.

Si seguimos hablando de novedades jugables, hay que mencionar las Rutas del Legado, caminos que ofrecen distintos objetivos para alcanzar la victoria. Este sistema es útil para los jugadores novatos, ya que les brinda una guía a seguir para progresar. Las antiguas tribus bárbaras y ciudades-estado han sido reemplazadas por potencias independientes, con las que podremos realizar diversas acciones diplomáticas o eliminarlas si nos resultan molestas.
Antes de cambiar de era, pasaremos por un período de crisis, momentos clave de la partida en los que nos veremos obligados a sacrificar distintos aspectos para poder salir adelante.

Cada partida puede durar muchas horas, incluso teniendo en cuenta que la jugabilidad se ha agilizado para ofrecer un ritmo más dinámico. Además, hay una progresión tras cada partida: no solo conseguiremos experiencia para nuestro perfil, sino también para cada líder, lo que nos permitirá desbloquear los Recuerdos, unas bonificaciones utilizables en partidas futuras. Con todo esto, la duración del juego se extiende desde cientos hasta miles de horas, según el jugador. Como siempre en esta saga, diremos «un turno más y lo dejo», pero un nuevo descubrimiento, una investigación completada o el inicio de una guerra nos impedirá dejar la partida, llevándonos a decir de nuevo: «un turno más y lo dejo».

Estéticamente, sigue siendo muy vistoso, con un apartado artístico cuidado y personajes con aspecto de película de animación. Todo ello sin descuidar un apartado gráfico bastante sólido, con efectos logrados en el agua, los acontecimientos medioambientales y la estética de las ciudades.
A nivel de rendimiento, es donde encontramos más problemas. Si bien al inicio de las partidas, con pocas unidades en el mapa, el juego se comporta de manera fluida, la situación cambia cuando debe calcular los movimientos de todas las unidades de cada facción. En estos momentos, experimentamos ralentizaciones e incluso congelamientos de pantalla durante unos segundos hasta que se completan los cálculos.

La banda sonora es de gran calidad, como es habitual en la saga. Contamos con una colección de piezas orquestadas de distintos países: desde música clásica para las potencias occidentales hasta cantos étnicos para los países árabes y ritmos con flautas características de Asia. Es un apartado muy cuidado, aunque se queda algo por detrás de su predecesor. En Sid Meier’s Civilization VI, cada civilización contaba con una canción propia de su folclore, algo que nos hubiera gustado ver de nuevo en esta entrega con piezas inéditas.
El juego está totalmente doblado al español, salvo, obviamente, los diferentes líderes, que hablan en su idioma correspondiente. La traducción es de gran calidad y se nota el esfuerzo realizado, dado el gran volumen de textos.

La nueva entrega de Sid Meier’s Civilization tiene sus pros y sus contras. Para los nuevos jugadores, el título se ha simplificado para que la curva de aprendizaje no sea tan pronunciada. Sin embargo, se han tomado decisiones jugables que no han gustado al público veterano, como el cambio de eras. Esto podría haberse solucionado incluyendo ambos modos de juego para dar mayor variedad. Habrá que ver cómo evoluciona el título con las futuras actualizaciones y si logra convertirse en una entrega tan robusta como su predecesora.

Sid Meier’s Civilization VII ya se encuentra a la venta en formato digital y físico para PlayStation, Xbox, Nintendo Switch y PC.
Hemos realizado este análisis gracias a un código para PlayStation 5 proporcionado por 2K.







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