
El equipo argentino de Indiesruption fueron los encargados de la divertida aventura gráfica Nine Witches: Family Disruption, una auténtica sorpresa, pues se trataba de una historia de misterio que no se tomaba en serio a sí misma, llena de chistes y chascarrillos y que traía de vuelta a nuestra memoria las viejas aventuras gráficas.
Con este precedente seguro que despertó el interés de muchos jugadores y hemos estado muy atentos a una segunda parte o a cualquier juego que desarrollasen. Han pasado algunos años sí, pero desde hace unas semanas ya podemos disfrutar de su último juego, Vlad Circus: Descend into Madness, un título que deja ese tono desenfadado y busca ser algo mucho más terrorífico y visceral que su juego anterior.

Durante el siglo pasado, el circo era una de las atracciones más importantes del mundo, especialmente en lugares como Estados Unidos y Europa. Estos lugares albergaban todo tipo de artistas y eran el escaparate para mostrar animales traídos de lugares exóticos.
Poco a poco estos lugares fueron perdiendo popularidad y tuvieron que recurrir cada vez más a espectáculos más morbosos. De esta manera, estos sitios que antes atraían a todo tipo de visitantes se volvieron la casa de los llamados “Freaks”, donde daban cabida a todas las personas que habían nacido de forma diferente a los demás, ya fuera con trastornos del desarrollo con una altura gigantesca o minúscula, hasta aquellos que padecían enfermedades inusuales que eran vistos por la sociedad como monstruos.

Este es el lugar de partida para Vlad Circus: Descend into Madness. La historia nos narra cómo en este lugar hubo un devastador incendio donde murieron muchas personas, tanto espectadores como trabajadores. Tiempo después, nuestro protagonista Oliver, el payaso, recibe una carta de Vlad, el hermano del anterior dueño del circo, Josef. Se trata de una invitación a su mansión, junto con los viejos trabajadores del circo y que tiene como fin restablecer el parque de diversiones.
Emocionado Oliver acude al lugar, con la esperanza de volver a sus viejos amigos, de volver a realizar su trabajo añorado y sobre todo para poder dejar los fantasmas del pasado atrás. Todo este reencuentro no acabará siendo tan idílico como el buen payaso pensaba, pues se dará cuenta que el tiempo ha pasado para todos y que las cosas son mucho más oscuras de lo que parecen.

Sin duda es una premisa increíblemente tentadora con un potencial increíble que nos mantiene impacientes sobre que va a ser lo siguiente que pase. Todo se empieza a cocinar a fuego lento y nos sigue engullendo más y más. Pero, todo lo bueno tiene un final, es quizá en esto donde más falla Vlad Circus, en su final que se nos antoja algo abrupto y predecible. Se le suma una mayor falta de interacción con los personajes secundarios, que nos dan la sensación que no aportan mucho a la trama. En aspectos generales nos ha dado la sensación de quedarnos a medias, que podría haber sido mucho más de lo que ha sido.


Jugablemente nos encontramos con el típico juego point and click, mezclado con algo de acción. Tenemos un inventario en el que Oliver irá escribiendo sus sensaciones, las experiencias y las cosas que va descubriendo. De igual forma también anotará pistas y teorías sobre los acontecimientos que están ocurriendo en la mansión de Vlad.

Importante será un crucifijo que porta y que nos servirá para curarnos; esta mecánica se basa en la cordura de Oliver que irá disminuyendo a medida que es atacado o ve imágenes que pueden perturbarlo. Para ello, nuestro payaso acudirá a su fé y le servirá de refugio en momentos angustiosos.

El inventario es limitado, lo cual nos obliga a intentar gestionarlo de forma eficiente, forzados a jugar con lo que podemos llevar encima y lo que necesitemos, por lo que, en algunas ocasiones, deberemos dejar objetos en el suelo y volver a por ellos cuando sean necesarios. Este inventario podrá ser aumentando con distintas bolsas a lo largo de la aventura, pero siempre debemos tener en cuenta que tenemos ese límite.
El sistema de combate es tremendamente limitado y sencillo. Se trata de atacar con un botón a unos enemigos que tienen una variedad muy escasa, pero esto que debería ser un reto se convierte más en una molestia a la hora de jugar, pues es muy repetitivo y poco desafiante.

El escenario comprende la mansión y sus exteriores, siendo bastante escaso y dividido en pantallas. Los puzzles se basan en llevar una cosa a un lugar concreto y usarla; por ejemplo, hay una parte en la que tenemos que preparar un estofado, para ello necesitamos carne, y la carne es demasiado grande para llevarla, y para ello necesitamos un cuchillo para cortar una parte, el problema es que el cuchillo está sin afilar y deberemos ir al cobertizo donde está la piedra de amolar, y así continuamente. En general es una sucesión de consigo esto, para poder realizar esto, y después hago esto para poder completar la idea principal que estaba llegando a cabo.

Es lo básico de todos los juegos de este estilo y no por ello es algo malo, pero sí que hemos notado ciertos detalles que están para añadir más duración. Como en un determinado momento tenemos que usar una ganzúa que se encuentra en una zona en concreta, pues bien, está ganzúa tiene una durabilidad y si la rompemos durante el desarrollo del puzle nos harán recorrer todo el camino de vuelta para recoger otra ganzúa y volver a intentar resolverlo.
En lo que respecta a su duración, juego puede completarse en cinco horas o incluso menos, algo ajustado si tenemos en cuenta lo ya comentado.


Siguiendo la línea de su anterior juego, tenemos una aventura pixel art vistosa y unas buenas animaciones. La ambientación y el diseño de los personajes están muy cuidadas y son muy representativos de la época, como el forzudo, la mujer barbuda, etc. Sin duda nos han faltado más diseños de enemigos que se limitan a un puñado de ellos.
En otros apartados estéticos tiene bastante acierto, por ejemplo cuando Oliver está recordando su vida en el circo, todo se muestra como en un cortometraje antiguo con los marcos de la pantalla ensombrecidos y el resto de colores sepia.


El juego viene totalmente traducido al español y sin ningún tipo de errores, aunque sin doblaje de ningún tipo. La banda sonora podemos calificarla de cumplidora, sabe cuándo sonar, cómo transmitir tensión y especialmente en los momentos de silencio, en los que nos mantiene tensos ante un posible peligro.


En líneas generales nos da la sensación de ser un juego que se desarrolla de forma abrupta. Estamos viendo como la mayor parte de la aventura se va preparando lentamente para darnos un cuadro general de los personajes, sus relaciones y demás, pero todo queda truncado con una recta final demasiado abrupta. Un juego que es divertido, pero que se nos antoja menos cuidado si lo comparamos con su título anterior al que vimos un conjunto más completo y especialmente por una premisa que es increíblemente atrayente, pero que se queda a medio camino.

Vlad Circus: Descend into Madness ya se encuentra a la venta en formato digital para PlayStation 5, PlayStation 4, Xbox Series X|S, Xbox One, Nintendo Switch y PC.
Hemos realizado este análisis gracias a un código para PlayStation 5 proporcionado por Stridepr



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