
Santa Mónica Studios siempre fue uno de mis favoritos, eso no lo voy a negar y con las entregas numeradas de God of War para PlayStation me hicieron vivir algo único, en una de las mitologías que, para muchos, entre los que me incluyo, es una de las más atractivas existentes.
La historia de Kratos era realmente atractiva; con sus sucesivas entregas se nos presentó a un guerrero violento, que representaba a la perfección esa disciplina espartana del combate y la formación militar y que terminó convirtiéndose en el dios de un panteón al cual tuvo que hacer frente en sucesivas ocasiones. Con sus sucesivas entregas y spin-off, la leyenda del Fantasma de Esparta se fue consolidando, cada vez conocíamos más sobre su pasado y sobre su presente, y, en cada juego hacía gala de una mayor violencia, asentado sobre unas bases muy sólidas de los hack & slash.
Pero los tiempos cambian y una saga tan longeva como esta tenía que adaptarse a un nuevo mercado y buscar una nueva forma de contar su historia y eso lo hizo en el 2018 de la mano de Cory Barlog. God of War supuso un soplo de aire fresco para la franquicia, una reinvención total en la que se cambió la mitología griega por la nórdica. Pero este cambio de paisaje también trajo consigo una evolución en el personaje de Kratos; lejos quedaba el personaje despiadado, vengativo, cruel que no dudaba en desmembrar a todos los que se ponían en su camino y, si bien en algunos momentos del título se podían ver atisbos de ese fantasma, en esa entrega su evolución se vio en un ser más reflexivo, taimado y contenido en sus expresiones. Era un Kratos más humano y sabio y parte de la culpa de esa evolución la tuvo su hijo, Atreus.
Con el título del 2018, God of War suponía un viaje, no solo por el hecho de lo que narrativamente suponía para los personajes, sino que anticipa el principio de los que estaría por venir en Ragnarok, esta segunda entrega que desde hace unas semanas ya se encuentra a la venta para PlayStation 4 y PlayStation 5.
Con el viaje de Kratos y Atreus descubrimos parte del pasado del espartano, tampoco demasiado, y de cómo acabó en las lejanas tierras nórdicas. Las mecánicas de combates cambiaron, pero también se ganó en profundidad narrativa; la presencia de Atreus fue todo un acierto para presentarnos otra faceta de Kratos, una que ya no luchaba por sí mismo, sino para proteger a alguien y ese fue uno de los puntos de inflexión del juego y de su mitología. Pero hay ciertos elementos en la historia de ese título que son precisos tratar antes de entrar en profundidad en el análisis de la continuación, (AVISO DE SPOILERS), como es el descubrimiento de la verdadera identidad de Atreus, quien era llamado por los gigantes como Loki, y la propia profecía del Ragnarok, que comenzaría a fraguarse tras al final de este juego, tras la muerte de Balder.
Esos dos condicionantes son los que propician los acontecimientos que van a acontecer en Ragnarok, pero en esta ocasión no es Cory Balrog quien ha llevado la voz cantante; a él le debemos la genial fórmula narrativa que nos sorprendió a todos hace ya cuatro años, pero en esta ocasión se ha hecho a un lado y ha sido Eric Williams quien ha tomado el relevo, continuando con las bases de la anterior entrega, y lo ha hecho de una manera magistral, entregándonos una verdadera obra de arte. God of War Ragnarok se ha hecho más grande, más dinámico y con una narrativa genialmente estructurada que nos ha hecho disfrutar durante las más de 40 horas de juego que hemos tardado en completar su historia y las geniales misiones secundarias.

En primer lugar queremos advertir que en el análisis de la historia vamos a tocar algunos puntos iniciales de su argumento, así como sus desencadenantes más directos que se producen al final del God of War de 2018, por lo que aconsejamos, todos aquellos que no quieran estropearse una sorpresa (aunque no daremos demasiados detalles más allá de su inicio) se salten esta parte del análisis.
AVISO DE SPOILERS
Como hemos avanzado, God of War de 2018 vivimos un desenlace realmente gráfico y revelador. Por un lado vemos el enfrentamiento final entre Kratos y Atreus contra Balder, hijo de Freya, y prácticamente inmortal. El fantasma de Esparta y su hijo resultan vencedores y, con el objetivo de salvar a la reina Valquiria, Kratos mata a Balder rompiéndole el cuello después de que este haya sido alcanzado por una flecha de muérdago lanzada por Atreus.
Por un lado tenemos acontecimiento tan trágico, por por el otro vemos cómo, a llegar a la montaña más alta del reino y, después de arrojar las cenizas de Fey, madre de Atreus, contemplan un mural que deja entre ver varios acontecimientos que pasarán en el futuro, revelando que Atreus es nombrado por la tribu de los gigantes como Loki, el advenimiento del Ragnarok y, una hipotética muerte de Kratos.

Desde ese momento han pasado tres años y, con la caída de Baldur se ha iniciado el Fimbulvetr, tal y como advertían las profecías. Este es un momento de cambios y de gran inestabilidad, donde la muerte y la desesperanza acechan a los habitantes de los nueve reinos; las condiciones climáticas se han vuelto adversas y una sombra de guerra se alza de forma inminente.

Precisamente el comienzo es realmente vertiginoso, con un personaje presente en la primera entrega y de vital importancia atacando a Atreus y a Kratos mientras se dirigen a su hogar seguro. Y nada más llegar, se torna en un momento crucial que se pudo ver como anticipo al final de la primera entrega; Thor llegando al hogar de los dos protagonistas con un imponente aspecto y con el martillo en su mano.
A partir de ese momento comenzará un apasionante viaje donde Atreus y Kratos tendrán un objetivo en mente, evitar el Ragnarok y acabar con el Fimbulvetr. En esa misión de nuevo nos volveremos a encontrar con algunos entrañables personajes ya conocidos y otros nuevos, y juntos conformarán una historia sobresaliente, de esas que enganchan de principio a fin y no quieres que se acaben nunca.

FIN DE SPOILERS
Y hasta aquí queremos adentrarnos en el argumento de God of War Ragnarok, no queremos contar nada más pues la narrativa es uno de sus puntos fuertes. Williams ha sido capaz de captar a la perfección ese camino marcado por Barlog en la primera entrega para entregarnos un título prácticamente perfecto.
Pero,si bien la narrativa de Ragnarok se siente continuista respecto a su entrega anterior, hay espacio para la innovación y es que nos aportan diferentes formas de contarnos muchos detalles a lo largo de nuestro viaje; algunos de ellos inclusos rememorar los tiempos de Kratos en grecia y nos han sacado más de una lágrima dado el sentido emocional de algunas secuencias cinematográficas y la evolución de los propios personajes de la historia.

No obstante hay que ser sinceros y también indicar que algunos aspectos narrativos se sienten algo apresurados. El que la saga nórdica se limite a dos entregas puede dejar muchas cosas en el tintero. Con los dos títulos hemos descubierto mucho sobre lo asombrosa y atractiva que es la mitología del norte de Europa y sobre los reinos en los que habitan diferentes seres y como estos se rigen por sus propias normas. También nos hubiera gustado conocer más sobre algunos personajes que se incorporan como novedades en esta nueva entrega y el papel que estos tienen en el propio Ragnarok, así como su actuación anterior a este acontecimiento.
No obstante, Ragnarok es inmenso, sólo con su historia principal ya hemos descubierto como su argumento se ha abierto, su mundo es enorme y eso ayuda a la narrativa. Durante los desplazamientos, ya sea andando, en barca o en trineo, los personajes mantendrán conversaciones en las que conoceremos mucho más sobre este rico folclore, sobre ellos mismos y sobre su pasado. Pero también recomendamos que os entretengais y exploréis su mundo, realizando todas y cada una de las misiones secundarias ya que están aportan mucha información y son realmente únicas y muy divertidas.

En definitiva, y para no alargarnos mucho más con este apartado, podemos concluir diciendo que la narrativa en Ragnarok ha ganado profundidad y es de esas historias que merecen ser vividas por uno mismo pues las sensaciones que nos dejan con el mando en las manos y ver como van evolucionando cada uno de los personajes implicados en esta epopeya,e s algo único y tenemos que dar las gracias a Santa Mónica Studios por una obra que ha sabido culminar de una forma tan sobresaliente una aventura que nos sorprendió hace ya cuatro años.


God of War revolucionó su franquicia en el 2018, pasando de un título hack slash a un título de acción en tercera persona donde la cámara se situaba más cercana al jugador y su combate, aunque seguía siendo frenético, se volvió algo más lento, pero realista.
En Ragnarok las mecánicas jugables se muestran continuistas en este aspecto. Los combates serán una de las piezas angulares de la aventura y, en este sentido, dos viejas amigas de la entrega anterior estarán presentes desde el principio. Por un lado tenemos las Espadas del Caos, las clásicas espadas con cadenas del fantasma de esparta nos permitirán realizar combos a corta y larga distancia, son rápidas y con una gran versatilidad. Por otro lado, el hacha Leviatán volverá a estar muy presente; con ese arma de Fey que Kratos heredó y que apareció por primera vez podremos ejecutar ataques más fuertes y contendientes, aparte de poder arrojarla para hacer mella en nuestros enemigos a distancia. Pero no penséis que en Ragnarok estas serán las únicas armas, a lo largo del juego hay otra, que no diremos cual, que se incorporará a nuestro arsenal, propiciando un estilo más rápido de juego y con algunas mecánicas nuevas que dará una mayor variedad al combate.

Acabando con nuestros enemigos recibiremos puntos de experiencia y de habilidad, también abriendo algunos cofres y elementos. Con estos podremos aprender y adquirir nuevos movimientos para nuestras armas, haciendo crecer así el número de combos disponibles para el espartano. Las tres armas que tenemos a nuestra disposición tendrán tres ramas cada una, una cuerpo a cuerpo, otra a distancia y otra de técnica, y, hemos de ser sinceros, teniendo todas estas en nuestro poder el combate gana mucho en profundidad y se vuelve muy placentero.

La sensación del combate ha mejorado y con la variedad de armas que tenemos en esta entrega se muestra mucho más sólida y con más posibilidades. Cada arma tendrá una forma de atacar muy características y unas habilidades propias que podremos ejecutar utilizando los distintos gatillos, aunque estas tienen un tiempo de carga. También hay que señalar que cambiar de arma será tan sencillo como pulsar uno de los botones de dirección del DualSense, por lo que podremos rápidamente alternar entre una y otras, y combatir así las debilidades que presentan cada enemigos.
Esto útlimo es muy importante ya que nos encontraremos enemigos que tendrán unas resistencias especificas alas armas y que se representarán con una barra de color roja, azul o amarilla en su vitalidad. Lógicamente esto hace referencia a la resistencia elemental del fuego, hielo o la nueva arma sorpresa que aparece en el juego y deberemos emplear así el arma necesaria para romper esa defensa y restarle así vida.

La fuerza ofensiva de Kratos se combinará con otros movimientos defensivos o de esquive. Una mercancía que hereda de la primera entrega es el escudo el cual tendrá dos funciones: una de bloquear el ataque de los enemigos para que no resten nuestra salud, o bien podremos desviar el ataque para ejecutar de esta manera un contraataque o quedar stuneado durante unos instante a nuestros rivales y aprovechar esos segundos para atacarlos sin cuartel. Eso sí, no podemos confiar todas nuestras estrategias defensivas al escudo puesto que el ataque continuado de los enemigos pueden romper nuestra postura y hacernos rápidamente daño.
Otro de los elementos a tener en cuenta en el combate de Ragnarok es la forma de atacar de nuestros enemigos. Hemos mencionado el escudo como un elemento defensivo, pero no todos los ataques podrán ser repelidos con esta herramienta y en muchas ocasiones tendremos que esquivar sus evites. Para saber cuales podrán ser esquivados y cuales bloqueados bastará con fijarnos en el color del destello que emiten los golpes, siendo los rojos los que deberemos esquivar.

Y, como pasaba en la anterior entrega, Kratos no estará solo en el combate ya que contará con la ayuda de Atreus y sus habilidades con el arco. Pulsando el botón cuadrado podremos darle órdenes a nuestro acompañante y podrá ejecutar diferentes movimientos ofensivos. Y, tal y como pasa con Kratos, interviniendo puntos de habilidad podremos desbloquear nuevos movimientos especiales y forma de atacar, muchas de ellas ya conocidas por estar presente en la primera parte. Eso sí, sin desvelar posibles sorpresas, diremos que Atreus no será el único acompañante de Kratos durante nuestra aventura y que en determinados momentos serán otros los que vayan con el espartano en su viaje.
Pero hablando de Atreus, hay que señalar que en esta entrega gana protagonismo y profundidad. En determinadas partes del juego tomaremos el control del joven y cambiará sustancialmente las mecánicas de combate. Atreus es más rápido que Kratos en sus ataques cuerpo a cuerpo, pero también es más débil, por lo que deberemos aprovechar sus fortalezas y su arco para acabar con los rivales.

Precisamente, sobre esos rivales, enemigos y adversarios tenemos que también que hablar a continuación. Durante nuestros viajes por los nueve reinos tendremos que hacer frente a diferentes seres, algunos conocidos y otros por descubrir. El abanico de seres a los que dar caza es mayor y más variado que en la entrega anterior, como elfos oscuros o luminoso, orcos, trolls, cazadores y una decena más de ellos intentarán acabar con la misión de Kratos y de Atreus de impedir el Ragnarok.
Junto a estos seres llegamos al punto más controvertido de la primera entrega, sus jefes finales. Es cierto que en la anterior aventura su número no era demasiado y la variedad de estos está más bien escasa, limitándose en su mayoría a gigantescos trolls de diferentes colores, pero esto es algo que no sucede en Ragnarok. A decir verdad en esta segunda entrega tendremos una variedad de bosses bastante alta y que reflejan a muchos seres de la mitología nórdica. Pero lo más interesante de estos es que los enfrentamientos contra estos no se basará únicamente en ir de cabeza y atacar con todo nuestro arsenal, sino que deberemos elaborar una estrategia, atacar y esquivar con el arma adecuada para hacernos con la victoria.

Con todo ello diremos que los combates en God of War Ragnarok son realmente satisfactorios y divertidos, pero también desafiantes, sobre todo en los niveles altos y esto es algo muji recompensado para aquellos que buscan un auténtico desafío pues, en las dificultades más exigentes lo van a encontrar..
Para hacer frente a estos desafíos tendremos, junto a las armas, diferentes sets de armaduras que podrán mejorarse y aumentar su nivel. Para esto deberemos visitar a los dos simpáticos seres que en la primera entrega se encargaban de nuestro equipo y que aquí volverán a ejercer esa labor. Una vez que tengamos en nuestro inventario las diferentes piezas de equipo, algunas se conseguirán durante nuestra aventura pero otras se podrán comprar, podremos emplear los objetos y recursos necesarios para que están suban de nivel y aumenten sus características básicas, tales como ataque, defensa, rúnico, etc, lo mismo que sucede con las tres armas de Kratos o las de Atreus que podrán aumentar su nivel y hacerse así más poderosas.

Fuera de los combates hay que hablar de la exploración y, en Ragnarok, esta ha ganado profundidad. Ciertamente hay que señalar que nos encontramos con un juego muy guiado, tal y como pasaba en la entrega anterior, con un desarrollo lineal que consistirá, básicamente, en ir completando diferentes misiones principales para avanzar en la trama, pero se ha abierto mucho más, dando como resultando un mundo bastante amplio que invita a perdernos en sus parajes buscando una inmensidad de secretos, cofres y desafíos para aumentar los atributos de Kratos.

Explorar es una auténtica delicia y un deleite visual. Cada mundo tendrá una característica propia que ha sido alterada por el Fimbulvetr; por ejemplo, Midgar, ese mundo en el que habitan Kratos y Atreus se ha convertido en un auténtico paraje nevado donde la vida es prácticamente imposible y muchos han abandonado sus lugares de residencia; también encontraremos pequeñas ciudades habitadas por enanos con asombrosas construcciones, minas repletas de peligros o místicos desiertos donde apenas quedan reductos de los elfos que habitaban en ellos.
Sobre estos mundos tenemos que señalar varias cosas. Una de ellas es que no todos los caminos estarán abiertos desde el principio y necesitaremos de alguna habilidad o arma especial para poder acceder a caminos ocultos; y la otra es que dispondremos de diferentes vehículos en algunas ocasiones para desplazarnos, sobre todo en esos lugares que abren su mundo, como son las ya señaladas canoas o el trineo.

Los diversos escenarios juegan un papel importante en los combates, pudiendo interactuar con algunos de sus elementos para que nos sean favorables contra algunos enemigos, pero también estarán presentes algunos obstáculos que han de superarse, escalando o saltando algunos obstáculos, eso sí,esto último se hará de forma automática ya que, al igual que la entrega anterior, Kratos no cuenta con ningún botón asignado para la acción de salto.
Y vamos con el último elemento del que se componen las mecánicas básicas de God of War Ragnarok: los puzzles. Estos son bastante interesantes y siguen un poco la tónica general de la entrega anterior, es decir,deberemos observar muy bien nuestro entorno y utilizar las armas de una forma adecuada para poder solucionarlos. A decir verdad son bastante creativos, sobre todo algunos, y su dificultad no es demasiado elevada, además, si alguno se nos queda atascado, nuestro acompañante nos dará algunas pequeñas pistas para solucionarlos.

God of War Ragnarok es un juego inmenso y no solo por su historia principal, la cual perfectamente puede llevarnos 20 horas superar, sino también por sus misiones secundarias, llamadas aquí favores, y lo bien que están integradas en la trama. Hemos de aplaudir lo bien diseñadas que están y cómo nos incitan en todo momento a realizarlas, no solo por la recompensa, sino que, al igual que pasaba con las de The Witcher 3, son realmente mini fragmentos de historia que nos desvelan más detalles de este asombroso mundo que el estudio californiano a creado.

Por último hay que hablar dos dos aspectos más, uno es el DualSense y de cómo este está integrado en la aventura. Hemos de decir que Santa Monica ha hecho un gran trabajo en este sentido con el mando de la última consola de Sony, con un uso de la vibración realmente contundente y con los gatillos, los cuales muestran diferentes resistencias según el arma que estamos empleando. Y el otro son las gran cantidad de opciones de accesibilidad que se incluyen en la aventura, siendo uno de los títulos que más opciones de este tipo incluye para que todos los jugadores puedan disfrutar de esta aventura única.
En definitiva, si sumamos su historia principal, los favores, los retos, y otros extras y secretos del juego, como clásico cofres para aumentar los atributos de Kratos, el acabar con todos los cuervos verdes de Odin que se encuentran repartidos en los nueve reinos, y completar los desafíos de batalla, tendremos entre 40 y 50 horas de juego, lo que quiere decir que estamos ante un juego inmenso, muy bien estructurado e ideado que en ningún momento nos da una sensación de monotonía, sino todo lo contrario pues, a cada paso que damos nos sorprende más y más.


Artísticamente tenemos que señalar que God of War Ragnarok es uno de los juegos más bonitos que hemos visto de lo que llevamos de nueva generación. En nuestro caso hemos disfrutado del juego en PlayStation 5 y su mundo nos ha quedado sin palabras.
Santa Monica Studio ha creado un mundo bello y cruel a la vez, donde todo lo que aparece por pantalla se muestra de una forma muy orgánica y sorprendente. Es cierto que con la anterior entrega el nivel gráfico que alcanzó la franquicia fue realmente alto, pero en esta entrega se muestra ciertamente superior, no tanto a nivel técnico, sino por lo variado de sus escenarios.

De lo anterior tiene culpa la posibilidad de visitar diferentes reinos y en cada uno de ellos tiene una personalidad y unas características propias. Midgard es un reino que actualmente se encuentra totalmente nevado y esos ríos y mares que se en la primera entrega eran transitables con una barca, se encuentran totalmente congelados; Svartalfheim, el reino de los elfos oscuros cuentan con una arquitectura muy marcada y llena de contrastes entre luces y sombras, además cuenta con una gran zona abierta que podremos explorar; Muspelheim es el reino de fuego, lugar que ya visitamos en la anterior entrega para hacer frente en sus desafíos pero que en esta ocasión podremos explorarlo de una forma más profunda, Helheim, el reino de los muertos que de nuevo vuelve en esta segunda entrega dejándonos visitar zonas nuevas, Jötunheim, el reino de los gigantes, un lugar bastante vistoso y llamativo que deja una bella estampa otoñal, Vanheim, un lugar fértil y con una gran presencia de enanos; Alfheim, hogar de los seres de la luz, con una gran belleza visual; Niflheim, el mundo de la oscuridad; y por último está el propio Asgard.

El diseño de los mundos es sencillamente asombroso, pero también lo es el de los enemigos y seres que se encuentran en él. Como hemos dicho anteriormente, en la primera entrega el diseño de estos era bastante limitado y, en muchas ocasiones, sobre todo a nivel de bosses, se utilizaba el mismo diseño pero en otro color y algún que otro añadido. En esta ocasión nos encontramos ante una variedad mayor. En este sentido vemos como Santa Monica ha puesto toda la carne en el asador y han diseñado un gran elenco de enemigos a los que enfrentarnos y que, sobre todo, destaca en esas espeluznantes criaturas a las que tendremos que hacer frente sacadas de la mitología nórdica.
El diseño de los personajes es también asombroso y nos ha gustado como con pequeños retoques, han hecho madurar a personajes como Kratos o Atreus. Sobre estos dos, tenemos que decir que Kratos se presenta como alguien más experimentado con en la primera entrega, se nota que han pasado los años y que viven en un constante estado de guerra y eso ha hecho mella en su físico, dejando ver fácilmente a un personaje más cansado y algo más mayor. Por su parte Atreus ha crecido y nos encontramos ya con un pequeño guerrero más dispuesto a todos y a ir contra quien sea para llevar a cabo su misión.

Junto a estos personajes principales nos encontramos otros encontramos con otros secundarios que terminan de completar el elenco y que se han diseñado perfectamente, algunos que destacan son Freya, que sigue con un diseño similar a la primera parte, o algunos nuevos como Odin,Thor, cuyo diseño nos parece brutal o alguna que otra sorpresa que no queremos desvelar. Pero, ya sean principales o secundarios, algo que sobresale en todos ellos son sus movimientos y animaciones faciales, sencillamente asombrosas, y donde se puede incluso observar la psicología de cada uno de esos personajes.
Por último tenemos que hacer mención a algunos aspectos técnicos. God of War Ragnarok incluye una amplia gama de opciones, lo que nos permite jugar en 4K a 30 fps o 60 fps, o incluso aumentar el rendimiento a 120 Hz más fluidos, eso sí, si nuestro televisor lo permite. Por último hablar de los tiempos de carga y decir que esto son prácticamente inexistentes, eso sí, la mayoría se encuentran encubiertos ya con los clásicos viajes entre mundos donde tienen conversaciones los personajes, o en grietas y lugares estrechos que hemos de pasar.


Y si su apartado gráfico es sobresaliente, el sonoro no se queda atrás. Tenemos que señalar su banda sonora y señalar el gran trabajo que ha realizado Bear McCreary; con él a la batuta de este apartado, hemos podido disfrutar de temas realmente variados, interesantes y con una composición asombrosa. Sin duda es un deleite para nuestros oídos volver escuchar algunos temas clásicos de la franquicia, pero también otros nuevos que se presentan en los momentos clave. La banda sonora y los temas musicales en Ragnarok consiguen crear una atmósfera única, que sabe ser más épica en los momentos idóneos, pero también dramática en esos otros momentos más emocionales o sentimentales.

Donde tenemos que volver a alabar el trabajo de Sony y de sus superproducciones es en su localización. En Ragnarok nos encontramos ante un trabajo de doblaje sencillamente espectacular; Rafael Azcárraga y Ramón de Arana vuelven a repetir como Kratos y Atreus respectivamente, y realizan un trabajo sencillamente asombroso, dotando a estos dos personajes de una personalidad única, reflejando en todo momento la personalidad y la psicología de ambos.
Pero junto a estos dos protagonistas nos encontramos con unos personajes recurrentes y secundarios que también ayudan, con la interpretación de los actores de doblaje, a crear una aventura mucho más creíble y sólida. Algunos como Freya que representa ese dolor por la muerte de Baldur durante los primeros compases de la aventura, o la presencia de algunos nuevos como Odin o Thor, quienes tienen una forma de parecer y de ser realmente asombrosas. Aunque a decir verdad, de estos dos últimos nos quedamos con Thor, cuya personalidad y forma de ser nos ha encantado.


God of War Ragnarok es un título que sabe hacer evolucionar todo eso que se vio en su anterior entrega y lo lleva al límite. Santa Monica Studios no solo nos ha otorgado un título que se siente fresco, con un sistema de combate sólido, una banda sonora sobrecogedora y unos escenarios realmente bellos y muy bien representados, sino que ha culminado un arco narrativo de una forma soberbia, pero que a la vez nos hace querer más y desear que llegue el próximo juego de la franquicia.

God of War Ragnarok ya se encuentra a la venta en formato físico y digital para PlayStation 4 y PlayStation 5.
Hemos realizado este análisis gracias a un código para PlayStation 5 proporcionado por PlayStation España.



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