
El mercado indie es uno de los que más está apostando en los últimos años por la híbrida de Nintendo. Poco a poco Switch va añadiendo a su catálogo grandes joyas que hasta ahora solo podíamos disfrutar en PC, o que incluso pasaban desapercibidas por muchos usuarios. En ese constante diálogo entre ambos mundos, hemos podido ver como títulos como The Binding of Isaac, Celeste, Hollow Knight o Stardew Valley, entre muchos otros títulos sobresalientes, que han terminado por desembocar en consola para que los jugadores puedan disfrutarlos cómo y dónde quieran gracias a las posibilidades portátiles de Nintendo Switch.
Hoy os traemos en análisis de otro de esos juegos: Horace, un título desarrollado por Paul Helman que llega a Nintendo Switch tiempo después de su estreno en PC, y cuyo viaje busca conmover al jugador.

Paul Helman, principal artífice de esta aventura, presenta con Horace una historia emotiva llena de esos momentos dramáticos y nostálgicos que se marcarán en la memoria de los jugadores. La historia está pensada para conmover y trasmitir diversas emociones mientras conocemos a este simpático robot y su mundo.
Hablando de Horace, tenemos que decir que es un pequeño robot que cuenta con una inteligencia artificial fuera de lo normal. Nada más comenzar la aventura se nos muestra cómo llega a casa de una familia acomodada y se ve arropado por prácticamente todos los que allí habitan. Pronto iremos conociendo como este simpático ser metálico entabla amistad con su los habitantes humanos, y a su vez va aprendiendo de ellos acerca del sentido de la vida. Con el tiempo, Horace se convierte en un miembro por pleno derecho de esa gran familia, pero pronto su mundo se desmorona debido a una serie de sucesos que hará que se replantee su propia existencia.

No queremos ahondar mucho en su historia puesto que es uno de sus platos fuertes; es un viaje que cada jugador o jugadora debe descubrir por sí mismo ya que más pronto que tarde empanizará con Horace y con sus vivencias. Lo que sí que podemos decir que es, sobre todo al comienzo, nos recuerda con gran acierto a la película de El hombre bicentenario que Robin Williams protagonizó a finales de los años noventa.


Horace se desarrollará a través de 20 capítulos donde nuestro objetivo principal será bastante peculiar: tendremos que recolectar un millón de piezas de basura que se encuentran repartidas por los diferentes escenarios del juego. Realmente esto no será necesario para completar el juego, pero si es un aliciente bastante interesante si queremos completar el juego totalmente y desbloquear un pequeño extra.

Pero lo verdaderamente interesante de Horace es su jugabilidad. El título de Paul Helman nos presenta unas mecánicas propias de los scroll lateral en 2D, pero poco a poco iremos adquiriendo diversas habilidades que nos permitirán incluso desafiar a la gravedad, por lo que podremos recorrer todas las estancias del juego, lo que incluye andar por el techo o por las paredes de las distintas estancias que componen sus pantallas.
El sistema de adquirir estas nuevas habilidades, o aptitudes, se realiza por medio de adquirir una serie de objetos (como zapatillas, guantes, etc…) que nos permitirán realizar nuevas acciones, tales como andar por diferentes superficies, saltar más alto o trasportar objetos de gran tamaño. En este sentido, vemos como se presentan algunas mecánicas propias de lo metroidvania, pues en ocasiones tendremos que volver sobre nuestros pasos para sortear algún obstáculo que no podremos solventar sin tener alguna habilidad en concreto.

Pese a que la mayoría de las acciones de juego que vamos a desarrollar están basadas en las mecánicas propias de los scroll lateral o metroidvania, también habrá otras diferentes que se materializarán por medio a homenajes a otros videojuegos. A lo largo de la aventura de Horace podremos acceder a diversas máquinas recreativas y domésticas donde podremos jugar a algunos títulos que rinden homenajes a juegos como Out Run, Final Fantasy o Tetris, y cuyas mecánicas también están muy presentas. Son aventuras cortas, de apenas unos segundos, pero seguramente será algo que a los más nostálgicos les saca más de una sonrisa.

Con estos ingredientes, y algunos más que sorprendan a los jugadores que se acerquen a él, se dispone la aventura de Horace; un emotivo viaje cuya duración oscila en torno a las 15 horas, en las que conoceremos el mundo a través de los ojos de ese simpático robot.


Con una estética pixel art muy cuidada, Horace presenta un estilo artístico que funciona realmente bien. Todo en el juego está pensado para que tenga algún uso conforme avancemos en la historia y consigamos nuevas habilidades. El diseño de los diferentes personajes se materializa por medio de unos pixeles bastante grandes pero que conforman un aspecto final bastante definido y atractivo. Horace es el protagonista supremo y al que veremos prácticamente siempre en pantalla. Su diseño es bastante acertado, si bien es cierto que al principio no es llamativo, el vestir a este pequeño robot con ropa y bombín como si fuera una persona hace que gane personalidad.
Por su parte el diseño de los escenarios está bastante bien ideado. Son diferentes los entornos que recorreremos en nuestra aventura y donde estarán presentes desde mansiones hasta alcantarilla. Pero lo interesante es eso mismo que hemos dicho con anterioridad, poder recorrerlos todos prácticamente a nuestro gusto.


En cuanto a su apartado sonoro tenemos que destacar la amplia gama de temas clásicos remasterizados que encontramos a lo largo de la aventura. Piezas históricas de la talla de Moonlight Sonata de Beethoven, Unfinished Symphony No.8 de Franz Schubert, o el Réquiem de Mozart, se combinan con temas musicales propios del juego y otros que rememoran a videojuegos clásicos. El rico apartado musical culmina con un más que notable doblaje al inglés y unos subtítulos al castellano, entre otros idiomas.


Horace es más que un videojuego, es toda una experiencia que recomendamos sin lugar a dudas. La obra de Paul Helman tiene una propuesta única y trasgresora donde se combinan diferentes mecánicas, puzles y minijuegos, en un alarde de genialidad. Todo esto se remata con un sobresaliente estilo artístico y con una banda sonora que logra trasmitir y hacer que el jugador empátice con ese emotivo viaje que el pequeño Horace llevará a cabo.



Deja una respuesta