Para que tener amigos si puedes fabricarlos
El sector “indie” de los videojuegos nos ha dado grandes sorpresas con títulos muy variados, unos centrados en su historia, otros en una jugabilidad adictiva y otros muchos con sus aparatados técnicos y visuales. Edmund McMillen no es un desconocido en estos mares y con su último lanzamiento con Tyler Glaiel nos demuestra una vez más que estos juegos siguen cada vez más en alza.

Tras un apocalipsis que ha derruido el mundo y aniquilado toda la vida, nuestro protagonista Ash, tras perder su último videojuego debido a un fallo y ser incapaz de arreglarlo soplando dentro del cartucho decide emprender una empresa un tanto bizarra: fabricarse un amigo. De esta manera abandonamos nuestra casa y salimos en busca de tumores y pedazos de carne para confeccionar a nuestro futuro amigo.
Historia macabra y divertida como ya estamos acostumbrados en los juegos de Edmund. Un juego con varios finales que dependerá de nuestra manera de jugar, si vamos directamente obtendremos uno y si somos más persistentes y recogemos todos los tumores conseguiremos otro distinto.

Todo comienza porque a Ash se le rompe su juego

Nos encontramos ante un título de plataformas en 2D en el que deberemos pasar en diferentes niveles llegando desde el punto A al B. Quizá una de las primeras impresiones al ver algún tráiler sea que es un título similar a “Super Meat Boy”, si bien es cierto que tiene ciertas semejanzas, el título en si tiene sus propias mecánicas.
A diferencia del anterior plataformas de Edmund basado en diferentes niveles y mundos en los que podíamos elegir cual completar, aquí nos encontramos con un desarrollo más lineal en la que debemos ir avanzando de una fase a otra. Podremos y debemos volver en ocasiones atrás pues algunas de estas fases están conectadas unas con otras y debemos volver hacia una anterior para recoger algún tumor. Estas fases son de muy corta duración, quizá de unos cuantos segundos, eso si eres capaz de completarlas a la primera cosa que es casi imposible en la primera vez.

Nervios de acero, eso es lo que necesitaremos en algunas zonas del juego
Otro aspecto diferenciador con respecto a “Super Meat Boy” es que en a diferencia de este que era plataformas puro y duro, en “The End is Nigh” existe un componente más de rompecabezas en el que deberemos jugar con el entorno para completar las fases. Por ejemplo determinadas plataformas se hundirán según las pisamos y debemos jugar con las diferentes alturas que tienen, Ash no puede impulsarse sobre las paredes por lo que deberemos utilizar salientes para subir a determinados lugares.
A una simplicidad de movimientos y mecánicas que son fáciles de conocer se suma un control increíblemente preciso. Moriremos muchas veces pero siempre dará la sensación de que es debido a la falta de habilidad pues si bien es juego es difícil no es injusto. Este control es tremendamente necesario pues como hemos comentado si bien sus mecánicas son sencillas, estamos ante un título muy difícil no solo para terminar sino para completar.

La dificultad de The End Is NIgh será justa, nuestra habilidad marcará la diferencia
A lo largo de más de 600 niveles nos encontraremos con una gran variedad de situaciones que nos harán afrontar los niveles pues desde el segundo uno debemos pensar cómo utilizar los distintos elementos de cada fase. Además de esta cantidad ingente de zonas tenemos extras, coleccionables, fases secretas que alargarán le duración ya casi infinita del juego.
Básicamente en The End is Nigh nos encontramos con un título difícil pero no injusto, en el que la repetición es parte del aprendizaje. Pero que pese a su dificultad, su control y los rápidos tiempos de carga entre muerte y muerte nos mantendrá durante horas jugando.

¿Conseguirá Ash construirse un amigo?

Estética muy minimalista con predominancia del color negro, destacando el escenario por donde nos movemos y nuestro personaje. En segundo plano encontramos escenarios simples devastados tras el apocalipsis. Una paleta de colores muy simple con grises, diferentes tonalidades de negro y colores sencillos y básicos para el fondo del escenario.
El diseño de niveles está realizado impecablemente, siendo necesario calcular casi al milímetro cada salto o movimiento y obligándonos a plantear una serie de saltos planeados previamente. En cuanto a la estética recuerda mucho a los anteriores juegos de Edmund como el ya mencionado “Super Meat Boy” o “The Binding of Isaac”.

La simpleza visual y los tonos negros son la pieza angular de lo último de Edmund

Nada se puede criticar a los grandes clásicos de la música como Liszt, Tchaikovski, Brahms, básicamente compositores del siglo XIX llevados a nuestro tiempo. Un gran acierto realizar remix de estos temas clásicos donde predomina la guitarra eléctrica, batería y bajo pero sin olvidar instrumentos clásicos como el piano o el violín. Con unos referentes como los ya citados y un trabajo de interpretación tan cuidado es difícil no dar un visto bueno a la banda sonora de “The End is Nigh”.
Por su parte los sonidos ambientales son correctos y si bien el doblaje es muy escaso en diálogos y solo en inglés, da grandes muestras de personalidad donde prima el sentido del humor y los chistes.

Clásicos atemporales de la música forman parte de la excelente banda sonora




Deja una respuesta